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EL NAZARENO

Me pregunto qué haríamos si supiéramos cuál iba a ser nuestro futuro. A corto, a medio, a largo plazo… No el que pretendemos o por el que luchamos, sino la concreción del mismo, aún con nuestra intervención, o aún a pesar de ella.

En esto es en lo que pensaba yo el lunes, cuando caminaba tras el paso de Jesús Nazareno por el barrio de Las Cortes, en el centro de Bilbao.

Era el Cristo de Medinaceli.

Procesionaba junto con una imagen de La Magdalena, y como una Magdalena más procesionábamos tras Él aquellos que de algún modo comprendíamos que su futuro estaba unido al nuestro futuro.

Aplaudimos cuando levantaron las andas y comenzó la procesión, y yo me coloqué al final de ella, para hacer con Jesús su mismo trayecto.

El recorrido pasaba por una zona muy deprimida. Un lugar en el que existe prostitución, droga, marginación…

… como si de una realidad distinta a nuestra propia realidad se tratara, pero que no era tal sino que compartida...

De repente, me dí cuenta de hasta qué punto esa realidad era mi propia realidad, y de hasta qué punto también, ambas formaban parte de la realidad del Nazareno. Fue entonces cuando recordé una reflexión de Chiara Lubich, y tomé la decisión de compartirla con todos vosotros en cuanto llegara a casa.

Era una meditación sobre el Viernes Santo -“La heroica lección de amor” se llamaba-, y decía así:

“Lo había dado todo: una vida al lado de María, en medio de las incomodidades y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor.

Tres horas en la cruz, desde la cual perdona a sus verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos da a su Madre y, finalmente, su Cuerpo y su Sangre después de habérnoslos dados místicamente, en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad.

Su unión con el Padre, la dulcísima e inefable unión con Él, que lo había hecho tan potente en la tierra, como Hijo de Dios, y aún en la cruz mostraba su realeza, este sentimiento de la presencia de Dios, debía ir desapareciendo en el fondo de su alma, hasta no sentirlo más; separarlo de algún modo de Aquel del que dijo que era una sola cosa con Él “El Padre y yo somos una sola cosa” (Jn 10,30). En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada; la sabiduría callaba.

Se hacía nada, entonces, para hacernos partícipes del Todo; gusano de la tierra (Salmo 22,7), para hacernos hijos de Dios. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios para que nosotros nunca más nos sintiéramos abandonados. Él había enseñado que nadie tiene mayor caridad que quien da la vida por los amigos. Él, la Vida, daba todo de sí. Era el punto culminante, la expresión más bella del amor.

Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él.

Sí, porque Jesús que grita el abandono es la figura del mundo: ya no sabe hablar.

Es la figura del ciego: no ve; del sordo: no oye.

Es el cansado que se queja.

Roza la desesperación.

Es el hambriento de unión con Dios.

Es la figura del desilusionado, del traicionado, parece haber fracasado.

Es miedoso, tímido, desorientado.

Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él.

Jesús abandonado es la tiniebla, la melancolía, el contraste, la figura de todo lo que es raro, indefinible, que parece monstruoso, porque es un Dios que pide ayuda. Es el solitario, el desamparado. Parece inútil, un descartado, trastornado. Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Acercándonos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado.

A los que se descubren semejantes a Él y aceptan compartir su suerte, Él se convierte, para el mudo, en la palabra; para quien no sabe, en la respuesta; para el ciego, en la luz; para el sordo, en la voz; para el cansado, en el descanso; para el desesperado, en esperanza; para el separado, en la unidad; para el inquieto, en la paz. Con él las personas se transforman y lo absurdo del dolor adquiere sentido.

El había gritado el por qué, al que nadie había dado respuesta, para que tuviéramos la respuesta a cada por qué.

El problema de la vida humana es el dolor. Cualquier tipo de dolor, por más terrible que sea, sabemos que Jesús lo ha hecho suyo y transforma, con una alquimia divina, el dolor en amor.

Por experiencia puedo decir que apenas nos alegramos de un dolor, para ser como Él y luego seguir amando haciendo la voluntad de Dios, el dolor, si es espiritual, desaparece, y si es físico se convierte en yugo suave.

Nuestro amor puro en contacto con el dolor, lo transforma en amor; en cierto modo lo diviniza, casi continuando en nosotros –si así podemos decir- la divinización que Jesús hizo del dolor.

Y después de cada encuentro con Jesús abandonado, amado, encuentro a Dios de un modo nuevo, más cara a cara, más evidente, en una unidad más plena.

La luz y la alegría vuelven y, con la alegría, la paz que es fruto del Espíritu.

La luz, la alegría y la paz que nacen del dolor amado, impactan y conquistan a las personas más difíciles. Clavados en la cruz se es madre y padre de almas. La máxima fecundidad es el efecto.

Como describe Olivier Clément, “”el abismo, que por un instante abrió aquel grito, se ve colmado por el gran soplo de la resurrección””.

Se anula cualquier tipo de desunión, la separación y las rupturas son sanadas, resplandece la fraternidad universal, da lugar a milagros de resurrección, nace una nueva primavera en la Iglesia y en la humanidad”.

Al final, el decidirse a hacerse uno con el Nazareno es una opción,

... ¿pero cómo ignorar la realidad que expone Chiara Lubich en su reflexión?...

Aunque no estemos pasando ahora mismo por esos momentos, y aunque los evitemos,

... ¿cómo no esperarlos o cómo negarse a la posibilidad de compartir nuestro destino con el del Nazareno compartiendo con la Suya nuestra propia resurrección?...

Chiara Lubich nos ha dado un testimonio clarísimo de cómo aceptar por Amor y con Amor el sufrimiento y de saber morir a uno mismo por Amor, un Amor que se convierte así en fecundo y que hace de nosotros y de nuestro entorno un amoroso hogar (focolar, en italiano) para los demás.

Ella fue la fundadora de la Obra de María (los focolares), y sus exequias se celebraron el pasado día 18.

El Papa le ha proclamado “profeta de la unidad”.

Sus palabras, su experiencia del dolor y del Amor son para nosotros de gran ayuda.

Descanse en paz, y que gozando ya de la Vida eterna, siga velando por la unidad de la Iglesia por toda la eternidad.

Que así sea. 

CINE RECOMENDADO

Porque éstos son unos días proclives al recogimiento, y porque pese a ello hay momentos de descanso que también se pueden aprovechar, os incluyo la lista de las 10 películas seleccionadas como las mejores de 2007 por el Arzobispado de Barcelona. Son películas para adultos, y la mayoría ya las tenéis en DVD, así que para esas tardes en las que el tiempo al parecer no acompañe...

El ranking lo encabezan “La vida de los otros”, “Luces al atardecer”, “Disparando a perros” y “Después de la boda”. “La vida de los otros”, del director alemán de 32 años Florian Henckel von Donnersmarck se llevó el Oscar a la mejor película extranjera de 2007, pero vamos a incluir ahora una breve sinopsis de cada una de ellas:

  1. La Vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck. El capitán Gerd Wiesler, magistralmente interpretado por el recientemente fallecido Ulrich Mühe como oficial destacadamente eficaz de la Stasi –la policía secreta de la antigua República Democrática Alemana, es el encargado de espiar a la pareja formada por el prestigioso dramaturgo y director Georg Dreyman (Sebastian Koch) y su novia, la actriz Chirsta-María Seieland (Martina Gedeck)Las actividades opositoras del intelectual serán descubiertas por una vigilancia que vulnera toda intimidad, pero que al mismo tiempo mostrará al espía el verdadero rostro de sus víctima
  2. Luces al atardecer, de Aki Kaurismaki. Aki Kaurismaki nos tiene acostumbrados a un cine que permite una lectura trascendente de acontecimientos simples y de personajes menores, como si lo más grande y mejor se transparentase en lo más insignificante.La posibilidad de una lectura espiritual del espectador indica hasta qué punto el director, con su cine, es capaz de comunicar incluso más allá de su voluntad deliberada de expresión, algo que sin duda ha de ser reconocido –en legítimo sentido- como arte.
  3. Disparando a perros, de Michael Caton-Jones. La denuncia que dio origen a la película, filmada ya en el reconocido Hotel Rwanda de Terry George, invita a superar la indiferencia sobre África y a asumir la responsabilidad que Occidente contrajo con el genocidio, y también con su antes y su después.Para romper este silencio informativo y ético, se nos presenta el sufrimiento y el valor de la entrega de aquellos que permanecieron solidarios en la hora del desastre.
  4. Después de la boda, de Susanne Bier. Esta película danesa realizada casi desde los postulados Dogma –lo que sigue demostrando el interés de esta propuesta nórdica- nos ofrece una trama dramática compleja y sorprendente.
  5. El buen nombre, de Mira Fair. Centrada en el personaje del joven Gogol, nos muestra a sus padres, Ashoke Ganguli –un hombre honesto y generoso- y Ashima, una cantante de música tradicional, que al casarse se trasladan a vivir a Nueva York.El esfuerzo de fidelidad a las tradiciones indias y de integración de los progenitores contrastará con el estilo más individualista, consumista y vacío espiritual del protagonista, que decide renunciar a su primer nombre como señal de autonomía y plena inserción occidental.
  6. Once, de John Carney. Una sencilla historia de amor más allá del simplismo rosa y que se difundió gracias al boca-oreja en los Estados Unidos, hasta conseguir alcanzar el éxito.
  7. Sin destino, de Lajos Koltai. Primer largometraje realizado por este director de fotografía húngaro, basado en la obra del premio Nóbel de Literatura Imre Kertész “Sin destino”. Con una mezcla de autorreferencia y distancia irónica se nos presenta la historia de año y medio de la vida de un adolescente en los campos de exterminio nazis.
  8. El final del espíritu, de Jim Hanon. Nuevamente, otra película en clave de testimonio. En este caso basada en el asesinato de cinco misioneros en plena selva ecuatoriana en 1956 y el proceso de reconciliación de su familia con la tribu Huaorani.Es un film con una factura sencilla, sin medios espectaculares y a pesar de tener un guión demasiado previsible, no cae nunca en el simple maniqueísmo.
  9. La boda de Tuya, de Wang Quan’an. Una película menor, pero llena de belleza y bondad, que recibió el Oso de Oro del último Festival de Berlín. Narra la fortaleza serena de Tuya, una joven que vive en los desiertos de Mongolia interior, cuyo esposo se ha quedado imposibilitado y que tiene a su cargo a dos hijos pequeños. Sus esfuerzos de supervivencia, sobre todo cuando un médico le indica que su espalda no resiste trabajar tan duro, parecen abocados al fracaso. Pero su marido le convence para que se divorcie de él y se pueda volver a casar.
  10.  Cuatro minutos, de Chris Kraus. Jenny es una joven presidiaria violenta pero inteligente que toca prodigiosamente el piano. Una anciana profesora pronto la tutela desde una severidad que cuadra bien con el carácter de la joven y que servirá para el acercamiento mutuo.La confianza en los dones de Dios y en el poder redentor de la belleza a través de la música plantea un proceso de reconstrucción de las diferentes historias que se ven conducidas hacia la liberación. Hay una confianza básica en que, por destrozado que esté un ser humano, siempre es posible la rehabilitación.

A mí la selección temática me ha gustado.

Únicamente he visto “La vida de los otros”, y os diré que es un auténtico peliculón.

Espero que todos disfrutemos con esta sugerencia, y si alguno se anima, ya comentaréis.

 

LA DOBLE PREGUNTA DE JOAQUIM

Ignoro por qué, pero el sistema no me deja incluir un comentario en respuesta a la intervención de Joaquim en el artículo EL TECHO DE CRISTAL. Lo que él se cuestionaba era lo siguiente:

"¿No crees que afirmar que es necesario un grado de ‘evolución’ para conocer a Dios, que supongo es lo mismo que decir que hay que tener un grado de cultura o conocimiento de lo revelado, es en parte contrario a la enseñanza Jesús, cuyos destinatarios eran precisamente aquellos que carecían de ese grado de ‘evolución’ a quienes oponía frente a los ‘evolucionados’?

Ya puestos, otra cosa ¿Por qué la posesión del Espíritu no tiene los mismos efectos ahora que en Pentecostés? No será que el Espíritu también ha evolucionado, o que ha ido evolucionando la concepción que del mismo tenemos."

Y mi respuesta sería ésta:

 

Mira, querido Joaquim:

 

Lo que quiere decir el “supuesto que ésta haya alcanzado un grado de evolución suficiente” sobre el que te preguntas, no es una evolución teórica, sino práctica: cuando el alma del amador sea lo suficientemente amante (es decir, que haya evolucionado lo suficientemente amando).

 

En cuanto a que la posesión del Espíritu no tenga los mismo efectos ahora que en Pentecostés, si lo que quieres decir es que los apóstoles del siglo XXI no vamos por ahí haciendo milagros o detentando el don de lenguas, piensa que Dios actúa en cada momento del modo conveniente, y que –como os decía en alguna otra ocasión- también hay pequeños o grandes  milagros en nuestros días.

 

Lo que es el Poder del Espíritu de Dios tampoco depende de cómo lo concibamos.

 

Digamos que siempre nos sorprende, en primer lugar observando sus efectos sobre nosotros mismos.

 

Luego –ya sabes, por aquello de los efectos de nuestros actos- nos damos cuenta de su efecto también sobre los demás.

 

Es lo realmente “milagroso”.

 

Tu intervención, como siempre, excelente.

 

Espero que el problema no subsista, y que vosotros podáis en este artículo intervenir si lo deseáis.

PODEMOS HACER ALGO POR EL JESÚS QUE AGONIZA HOY

De nuevo las palabras del P. Cantalamessa relativas al Domingo de Ramos. Las lecturas son las siguientes: Isaías 50, 4-7; Filipenses 2, 6-11; Mateo 26, 14-27,66. Dice así:  

 “El Domingo de Ramos es la única ocasión, aparte del Viernes Santo, en que se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo en el curso de todo el año litúrgico. Como no es posible comentar el largo relato por completo, detengámonos en dos de sus momentos: Getsemaní y el Calvario.  

De Jesús en el huerto de los olivos está escrito: «Comenzó a sentir tristeza y angustia. Les dijo: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo"». ¡Un Jesús irreconocible! Él, que daba órdenes a los vientos y a los mares y le obedecían, que decía a todos que no tuvieran miedo, ahora es presa de la tristeza y la angustia.  

¿Cuál es la causa? Se contiene toda en una palabra, el cáliz. «¡Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz!». El cáliz indica toda la mole de sufrimiento que está apunto de caer sobre Él. Pero no sólo. Indica sobre todo la medida de la justicia divina que los hombres han colmado con sus pecados y transgresiones. Es «el pecado del mundo» que Él tomó sobre sí y que pesa sobre su corazón como una piedra.  

El filósofo Pascal dijo: «Cristo está en agonía, en el huerto de los olivos, hasta el fin del mundo. No hay que dejarle solo en todo este tiempo». Agoniza allí donde haya un ser humano que lucha con la tristeza, el pavor, la angustia, en una situación sin salida como Él aquel día.  

No podemos hacer nada por el Jesús agonizante de entonces, pero podemos hacer algo por el Jesús que agoniza hoy. Oímos a diario tragedias que se consuman, a veces en nuestro propio vecindario, en la puerta de enfrente, sin que nadie se percate de nada. ¡Cuántos huertos de los olivos, cuántos Getsemaní en el corazón de nuestras ciudades! No dejemos solos a los que están dentro.  

Trasladémonos ahora al Calvario. «Clamó Jesús con fuerte voz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Dando un fuerte grito, expiró». Estoy a punto de decir ahora casi una blasfemia, pero me explicaré enseguida. Jesús en la cruz pasó a ser ateo, el «sin Dios».  

Hay dos formas de ateísmo. El ateísmo activo, o voluntario, de quien rechaza a Dios, y el ateismo pasivo, o padecido, de quien es rechazado (o se siente rechazado) por Dios. En uno y en otro existen los «sin Dios». El primero es un ateísmo de culpa, el segundo un ateísmo de pena y de expiación. A esta última categoría pertenece el «ateísmo» de la Madre Teresa de Calcuta, de quien tanto se ha hablado con ocasión de la publicación de sus escritos personales.  

En la cruz Jesús expió anticipadamente todo el ateísmo que existe en el mundo. No sólo el de los ateos declarados, sino también el de los ateos prácticos, aquellos que viven «como si Dios no existiera», relegándole al último lugar en la propia vida. «Nuestro» ateísmo, porque, en este sentido, todos somos -quien más, quien menos- ateos, «indiferentes» de Dios. Dios es también hoy un «marginado», marginado de la vida de la mayoría de los hombres.  

Igualmente aquí hay que decir: «Jesús está en la cruz hasta el fin del mundo». Lo está en todos los inocentes que sufren. Está clavado a la cruz en los enfermos graves. Los clavos que le tienen aún cosido a la cruz son las injusticias que se cometen con los pobres. En un campo de concentración nazi se colgó a un hombre. Alguien, señalando a la víctima, preguntó ira cundo a un creyente que tenía al lado: «¿Dónde está ahora tu Dios?». «¿No lo ves? -le respondió-. Está ahí, en la horca». 

En todas las «deposiciones de la cruz» sobresale la figura de José de Arimatea. Representan a cuantos también hoy desafían el régimen o la opinión pública para acercarse a los condenados, a los excluidos, a los enfermos de Sida, y se empeñan en ayudar a alguno de ellos a descender de la cruz. Para alguno de estos «crucificados» de hoy, el «José de Arimatea» designado y esperado bien podría ser yo, o podrías ser tú.” 

No les neguemos nuestra ayuda.

RELATIVISMO Y CREENCIA

Supongo que todos hemos leído los artículos sobre la TEORÍA DEL CONOCIMIENTO I, II y III, y el de la DEFENSA NECESARIA ANTE LAS IDEOLOGÍAS Y EL RELATIVISMO que colocábamos como prolegómenos al artículo que hoy presentamos.

Pues bien.

En relación a ellos, comenzaremos hoy diciendo, que

  • ante la infinitud de lo cognoscible,
  • existen infinita diversidad e infinitas combinaciones en la formulación de aquello que conocemos,
  • dando como resultado que, a base de compartir concepciones individuales,
  • como sociedad vamos evolucionando en nuestras opciones y a través de ellas.

Esto es así porque a los seres humanos nos es necesario conocer para optar (o, dicho de otro modo, conocer para amar), pero eso es así también porque la sociedad no es propiamente un ente, sino una entidad.

Quiere esto decir,

  • que la sociedad no es algo en sí misma, sino la suma del “algo” que son cada uno de sus componentes,
  • y que no es ella la que realiza sus propios actos, sino que los mismos son también el resultado de los que realizan individualmente cada uno de sus miembros.

La cuestión es, que sobre los actos tanto individuales como colectivos de los seres humanos cabe una valoración moral, y que “algo así” es lo que subyace en la causa de la evolución de una sociedad.

En el artículo de Frei Betto que también colgábamos en este blog, recordaréis que se nos daba su opinión sobre los efectos que los distintos movimientos sociales han tenido para la sociedad a lo largo de nuestra historia reciente. Recordaréis también que el mismo terminaba con la consideración de que otro estado de cosas “habrá de ser posible”, se deducía, “por cuanto que necesario” para la sociedad.

Pero dicho cambio no será posible sin nuestra participación, y lo que sucede es que,

  • a título individual,
  • quien no vive conforme a lo que cree,
  •  cree conforme a lo que vive.

Me temo que eso precisamente es lo que subyace en el planteamiento de nuestro artículo de hoy.

En realidad, en la misma terminología está la diferencia, porque

  • mientras que el relativismo –como todo los “ismos”- supone una reducción
  • lo que la creencia supone, es una aceptación.

Pero veamos ahora qué es lo que se acepta, o que es lo que se reduce en uno u otro caso.

Cuando hablábamos de la valoración moral que nos merecen nuestros actos, nos quedó decir que la misma no consiste sino en el juicio que nos merece su adecuación o no a la plena realización del ser humano.

Pues bien.

Cuando tal hacemos, es evidente que presuponemos algo con lo que comparar.

Este “objeto de comparación” no es otro que la propia razón que se comparte en base a los dictámenes de la Ley Natural,

  • una razón contenida implícitamente en ella
  • y que hace que ante sus dictámenes instintivamente y por una razón de bien todos reaccionemos
    • puesto que en cuanto que su contenido está ordenado a nuestra propia conveniencia
    • todos la llevamos grabada -de un modo u otro según las distintas naturalezas- en nuestra respectiva condición.

Lo que esto supone, es una previa ordenación, y así,

  • aunque los respectivos teóricos de una u otra época hayan o hayamos pensado que tal Ley Natural no existe, o partamos de que su formulación sea algo puramente teórico,
  • lo cierto es que los resultados tanto de nuestras concepciones, como de nuestros análisis y de nuestra actuación nos remiten constantemente a ella,
    • por lo que se nos hace evidente su existencia,
      • como modo de transmisión de una Razón preexistente a nosotros,
      • y que es precisamente la que la Ley Natural trata en nosotros de estructurar.

Para que me entendáis mejor, os diré ahora que la razón en una relación, es algo que se transmite a través de ella, pero que es exterior a la misma. Por ejemplo, en una relación paterno-filial, aunque cabe considerarse sus dos extremos (padre e hijo), la razón que propiamente se transmite a través de ella es algo que a ambos les transciende, y que no es otra que la propia paternidad.

Pues bien.Lo que la creencia supone, es la aceptación de esta realidad.

Puesto que la misma es “en relación”, le decía el otro día a JML que los creyentes –me refería lógicamente a los cristianos- también somos relativistas,

  • juzgándonos “relativamente” participantes de tal relación puesto que lo hacemos en función de nuestras convicciones,
  • pero conscientes en todo caso de que tal relación existe,
  • y de que está debidamente ordenada de acuerdo con la Ley Natural hacia su Razón Última –que no es otra, por supuesto, que la Razón subsistente de Dios-.

Sin embargo, hay otras maneras de concebir -también “relativas”- a nuestro modo de concepción, lo que sucede es que las mismas se demuestran coyunturales y, en tanto que se apartan de una realidad subsistente, generadoras de situaciones más o menos perjudiciales para nuestra realidad.

Esta es la reflexión a la que yo llego a través de las lecturas que nos proponíamos.

Menos mal que, como decía MLS y el propio Frei Betto, otra realidad nos es concebible, nos es apreciable, y nos es además conseguible.

Lucharemos por ella.

Lo que sucede es que en el modo de compartir nuestra verdad como creyentes, una cosa es nuestra creencia, y otra cosa es querer imponerla.

Las cosas son como os digo, no sólo a la luz de la fe o porque así se nos haya manifestado a través de la Revelación, sino porque tienen en sí mismas una razón de bondad y en tanto a tal nos son –individual y colectivamente- más o menos convenientes.

No es que no sean “relativas” a nosotr@s, puesto que si no las considerásemos así, ni las conoceríamos ni podrían serían “algo” “para nosotros”,

  • pero las cosas son lo que son,
  • son buenas en tanto que ordenadas,
  • están ordenadas conforme a su razón de bien,
  • y están ordenadas para nuestro propio bien,
    • no porque nosotros así las consideremos,
    • sino porque participan de la Razón de Bien que todos compartimos y que constituye el sustrato de la realidad.

Es éste un planteamiento que nos permite analizar y asumir lo bueno de cualquier teoría sin ningún género de violencia, y debería de ser también el que nos librase de todo dogmatismo, aunque comprendo que en ocasiones no es así,

  • de un dogmatismo que, por todo lo que hemos dicho, tampoco lo considero razonable por cuanto que nos aparta de una Razón que no es en modo alguno manipulable,
  •  y que –como otros “ismos” que pudieran considerarse- debería ser objeto de revisión.

Bueno.

Hasta aquí hemos llegado.

Espero que de los artículos presentados anteriormente hayáis obtenido material para sacar vuestras propias conclusiones, y que de éste de ahora también se derive -aunque sea mínimamente- un poco de luz para que lleguéis a considerar un planteamiento serio y realista, que no es otro que el que se deriva del contenido de la Revelación.

Que así sea.

LA GLOBALIZACIÓN

Espero que no os parezca mal que introduzcamos un poquito de humor. Es un correo que me ha llegado esta mañana a mi puesto de trabajo, y lo he encontrado muy adecuado para seguir hablando de lo que ahora mismo nos traemos entre manos.

Dice así:

Pregunta: ¿Cual es la auténtica definición de Globalización? 

Respuesta: La muerte de la princesa Diana de Gales.

Pregunta: ¿Y eso por qué?

Respuesta: Una princesa inglesa,

  • con novio egipcio, 
  • se estrella en un túnel francés,
  • conduciendo un coche alemán
  • con motor holandés,
  • conducido por un belga
  • que estaba borracho de whisky escocés,
  • seguidos de cerca por Paparazzis italianos,
  • en motos japonesas;
  • tratados por un doctor americano
  • que usaba medicinas brasileñas.
  • Esto, ha sido enviado por un canadiense,
  • usando tecnología de Bill Gates,
  • y probablemente usted lo esté leyendo en su ordenador, que usa chips de Taiwan,
  • y un monitor coreano,
  • montado por trabajadores de Bangladesh
  • en una planta de Singapur,
  • transportado por camioneros indios,
  • contratados por indonesios,
  • y descargado por estibadores sicilianos,
  • y que ha sido trasladado hasta usted por marroquíes ilegales.

¡Eso, amig@ mí@, es la G lo b a l i z a c i ó n! 

 

10ª PREGUNTA REALIZADA

Nos encontramos en esta ocasión con una pregunta de Adela. Para leerla y poder opinar, tendríais que pinchar en comentarios

TROPIEZOS DEL CABALLO

 Hemos hablado mucho sobre distintos modos de teorizar sobre el conocimiento de la realidad, así que ahora y mediante este artículo de Frei Betto -escritor y fraile dominico autor entre otros textos de La Mosca Azul, un estudio sobre el poder- no pretendo sino dar un toque de realismo con la consideración de lo que, a través de la aplicación de unas u otras concepciones, podríamos haber llegado.  

Dice así:

“Se habla mucho del neoliberalismo para definir el nuevo carácter del capitalismo. Pero ¿qué significa? La esencia del capitalismo es la acumulación progresiva de capital en manos privadas. Los bienes ya no tienen valor de uso; tienen valor de cambio. No son para vivir; son para ser vendidos. En el capitalismo el dinero -esa abstracción que representa valor- está por encima de los derechos y de las necesidades de las personas.

Como observa Houtart, después de la Segunda Guerra Mundial tres factores manejaron las riendas del caballo de carreras llamado capitalismo: el fortalecimiento del movimiento obrero y el miedo a la expansión del comunismo, que hicieron que los Estados burgueses regularan los derechos laborales; la implantación del socialismo en el Este de Europa; y el proyecto de desarrollo nacional en países pobres como el Brasil (conferencia de Bandung, Indonesia, 1955).

Esos tres factores eran la piedra en el casco del sistema capitalista que, por causa de ellos, se vio obligado a reducir su nivel de acumulación y su libertad de apropiarse de todo lo que podía generar riqueza.

El caballo reaccionó. Dio una coz a la regulación del trabajo, lesionando los derechos de los obreros bajo el eufemismo de flexibilización, tercerización, etc., desmovilizando el movimiento sindical y aumentando considerablemente el índice de trabajadores informales y el desempleo, agravados por la creciente informatización de la economía.

La segunda coz fue al socialismo, con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, acrecentada con la cooptación de China. La tercera fue la globocolonización, la internacionalización de la economía y la imposición al planeta de un único modelo de sociedad, el anglosajón, que predomina en la zona rica del planeta.

He ahí el neoliberalismo: libre de riendas y frenos, el caballo corría desbocado por la pista de la acumulación.

Pero sucede que la vida está hecha de imprevistos. El sistema acarrea dentro de sí sus propias contradicciones. Como ya señaló Marx, él es su propio sepulturero. Y ahora el caballo se ve obligado a desacelerar su carrera por culpa de la crisis ecológica (el calentamiento global), de la crisis de superproducción (hay más oferta que demanda de productos) y de la actual crisis financiera que vacía los bancos de los EE.UU., hace que más de un millón de personas vieran evaporarse su sueño de tener casa propia, y provoca, en un mes, el desempleo de más de 35 mil operarios bancarios norteamericanos.

Los gobiernos de los países capitalistas viven quejándose de que el déficit público es alto y de que ellos no tienen dinero para lo esencial: alimentación, salud, educación, etc. Sin embargo, en el momento en que el caballo tropieza aparece inmediatamente el dinero para socorrerlo. Bush liberó US$ 145 mil millones para tratar de evitar la recesión usamericana, y los Bancos Centrales del mundo rico intentan tener disponibles sus balones de oxígeno financiero para los bancos asfixiados por la crisis o en agonía ante un mercado que falla.

¿Pero es que no vivían clamando que el mercado es el mejor regulador de la economía? ¿No vivían pregonando "menos Estado y más mercado"? ¿Por qué ahora todos corren a los brazos acogedores del Estado de bienestar financiero? ¿Y de dónde vino toda esa fortuna antes negada a los derechos sociales, al socorro de África, al cumplimiento de las metas del Milenio?

La reciente reunión de Davos, club que aglutina a los dueños del dinero, fue como un cónclave de cardenales que, de pronto, descubren que Dios no existe. Ahí quedó estremecida la fe en el mercado. Si él trajo tantas bendiciones a los elegidos de la fortuna, ahora amenaza con maldiciones.

Lo curioso es que el origen del problema no es mundial. Es local, en los Estados Unidos. Como toda la economía mundial se enganchó a la hegemonía unipolar de Wall Street, si éste tose, el mundo se constipa. Queda esperar a ver si la gripe es pasajera, curable con un analgésico, o llevará al paciente a la cama, atacado por fiebres e infecciones. Lo que nadie pone en duda, mientras tanto, es que, una vez más, la cuenta de tantos tropiezos del caballo será pagada por los pobres. Así funciona el sistema que promete -libertad, prosperidad y paz para todos- y no cumple. Hay que buscar otro mundo posible.”

 El artículo está sacado de una página sindical. Estamos de acuerdo en que éste no es nuestro campo, pero además de que nos servirá para contextualizar el artículo que tenemos pendiente sobre RELATIVISMO Y CREENCIA, quizá también sobre ésto vosotros tengáis algo que opinar.