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RELATIVISMO Y CREENCIA

Supongo que todos hemos leído los artículos sobre la TEORÍA DEL CONOCIMIENTO I, II y III, y el de la DEFENSA NECESARIA ANTE LAS IDEOLOGÍAS Y EL RELATIVISMO que colocábamos como prolegómenos al artículo que hoy presentamos.

Pues bien.

En relación a ellos, comenzaremos hoy diciendo, que

  • ante la infinitud de lo cognoscible,
  • existen infinita diversidad e infinitas combinaciones en la formulación de aquello que conocemos,
  • dando como resultado que, a base de compartir concepciones individuales,
  • como sociedad vamos evolucionando en nuestras opciones y a través de ellas.

Esto es así porque a los seres humanos nos es necesario conocer para optar (o, dicho de otro modo, conocer para amar), pero eso es así también porque la sociedad no es propiamente un ente, sino una entidad.

Quiere esto decir,

  • que la sociedad no es algo en sí misma, sino la suma del “algo” que son cada uno de sus componentes,
  • y que no es ella la que realiza sus propios actos, sino que los mismos son también el resultado de los que realizan individualmente cada uno de sus miembros.

La cuestión es, que sobre los actos tanto individuales como colectivos de los seres humanos cabe una valoración moral, y que “algo así” es lo que subyace en la causa de la evolución de una sociedad.

En el artículo de Frei Betto que también colgábamos en este blog, recordaréis que se nos daba su opinión sobre los efectos que los distintos movimientos sociales han tenido para la sociedad a lo largo de nuestra historia reciente. Recordaréis también que el mismo terminaba con la consideración de que otro estado de cosas “habrá de ser posible”, se deducía, “por cuanto que necesario” para la sociedad.

Pero dicho cambio no será posible sin nuestra participación, y lo que sucede es que,

  • a título individual,
  • quien no vive conforme a lo que cree,
  •  cree conforme a lo que vive.

Me temo que eso precisamente es lo que subyace en el planteamiento de nuestro artículo de hoy.

En realidad, en la misma terminología está la diferencia, porque

  • mientras que el relativismo –como todo los “ismos”- supone una reducción
  • lo que la creencia supone, es una aceptación.

Pero veamos ahora qué es lo que se acepta, o que es lo que se reduce en uno u otro caso.

Cuando hablábamos de la valoración moral que nos merecen nuestros actos, nos quedó decir que la misma no consiste sino en el juicio que nos merece su adecuación o no a la plena realización del ser humano.

Pues bien.

Cuando tal hacemos, es evidente que presuponemos algo con lo que comparar.

Este “objeto de comparación” no es otro que la propia razón que se comparte en base a los dictámenes de la Ley Natural,

  • una razón contenida implícitamente en ella
  • y que hace que ante sus dictámenes instintivamente y por una razón de bien todos reaccionemos
    • puesto que en cuanto que su contenido está ordenado a nuestra propia conveniencia
    • todos la llevamos grabada -de un modo u otro según las distintas naturalezas- en nuestra respectiva condición.

Lo que esto supone, es una previa ordenación, y así,

  • aunque los respectivos teóricos de una u otra época hayan o hayamos pensado que tal Ley Natural no existe, o partamos de que su formulación sea algo puramente teórico,
  • lo cierto es que los resultados tanto de nuestras concepciones, como de nuestros análisis y de nuestra actuación nos remiten constantemente a ella,
    • por lo que se nos hace evidente su existencia,
      • como modo de transmisión de una Razón preexistente a nosotros,
      • y que es precisamente la que la Ley Natural trata en nosotros de estructurar.

Para que me entendáis mejor, os diré ahora que la razón en una relación, es algo que se transmite a través de ella, pero que es exterior a la misma. Por ejemplo, en una relación paterno-filial, aunque cabe considerarse sus dos extremos (padre e hijo), la razón que propiamente se transmite a través de ella es algo que a ambos les transciende, y que no es otra que la propia paternidad.

Pues bien.Lo que la creencia supone, es la aceptación de esta realidad.

Puesto que la misma es “en relación”, le decía el otro día a JML que los creyentes –me refería lógicamente a los cristianos- también somos relativistas,

  • juzgándonos “relativamente” participantes de tal relación puesto que lo hacemos en función de nuestras convicciones,
  • pero conscientes en todo caso de que tal relación existe,
  • y de que está debidamente ordenada de acuerdo con la Ley Natural hacia su Razón Última –que no es otra, por supuesto, que la Razón subsistente de Dios-.

Sin embargo, hay otras maneras de concebir -también “relativas”- a nuestro modo de concepción, lo que sucede es que las mismas se demuestran coyunturales y, en tanto que se apartan de una realidad subsistente, generadoras de situaciones más o menos perjudiciales para nuestra realidad.

Esta es la reflexión a la que yo llego a través de las lecturas que nos proponíamos.

Menos mal que, como decía MLS y el propio Frei Betto, otra realidad nos es concebible, nos es apreciable, y nos es además conseguible.

Lucharemos por ella.

Lo que sucede es que en el modo de compartir nuestra verdad como creyentes, una cosa es nuestra creencia, y otra cosa es querer imponerla.

Las cosas son como os digo, no sólo a la luz de la fe o porque así se nos haya manifestado a través de la Revelación, sino porque tienen en sí mismas una razón de bondad y en tanto a tal nos son –individual y colectivamente- más o menos convenientes.

No es que no sean “relativas” a nosotr@s, puesto que si no las considerásemos así, ni las conoceríamos ni podrían serían “algo” “para nosotros”,

  • pero las cosas son lo que son,
  • son buenas en tanto que ordenadas,
  • están ordenadas conforme a su razón de bien,
  • y están ordenadas para nuestro propio bien,
    • no porque nosotros así las consideremos,
    • sino porque participan de la Razón de Bien que todos compartimos y que constituye el sustrato de la realidad.

Es éste un planteamiento que nos permite analizar y asumir lo bueno de cualquier teoría sin ningún género de violencia, y debería de ser también el que nos librase de todo dogmatismo, aunque comprendo que en ocasiones no es así,

  • de un dogmatismo que, por todo lo que hemos dicho, tampoco lo considero razonable por cuanto que nos aparta de una Razón que no es en modo alguno manipulable,
  •  y que –como otros “ismos” que pudieran considerarse- debería ser objeto de revisión.

Bueno.

Hasta aquí hemos llegado.

Espero que de los artículos presentados anteriormente hayáis obtenido material para sacar vuestras propias conclusiones, y que de éste de ahora también se derive -aunque sea mínimamente- un poco de luz para que lleguéis a considerar un planteamiento serio y realista, que no es otro que el que se deriva del contenido de la Revelación.

Que así sea.

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2 comentarios

Leandro -

Interesantísimo, diría yo. Muy meditado y tremendamente original. Me gusta.

Alfredo -

Me gustaría hacer un crítica a tu artículo, pero lo único que puedo decir es que me parece muy coherente.
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