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::: Dorotatxu :::

TODOS TENEMOS UN COMIENZO

En palabras de S. Juan, os diré que en nuestra vida aún no se ha manifestado lo que seremos, puesto que –esto lo añado yo- la vida no se nos da por lo que somos, sino para que seamos, y para que seamos –concretamente- viviendo y vividos por Dios.

Porque la Vida vive en nosotros, nosotros vivimos y estamos vivos.

Somos seres abiertos además a la transcendencia, lo cual presupone –si no lo impedimos- la posibilidad de que Dios habite en nuestra alma, y la posibilidad de actuar nuestras capacidades, siendo por ende actuados por Dios.

Pero aunque es éste el motivo fundamental de nuestra argumentación, no es de esto de lo que vamos a hablar hoy, sino de la interrupción voluntaria mediada nuestra intervención, de la acción de la Vida sobre un ser llamado a ser, lo cual no es otra cosa que la práctica de un aborto.

La cuestión no es cuándo nosotros decidimos que un embrión o un feto es un ser humano, ni si lo es o no lo es porque nosotros lo convengamos: la cuestión es que desde el momento de la concepción esa criatura es ya un ser vivo, con todas sus potencialidades y debidamente actuado por una Vida que le transciende, que sobre él inhiere, y que es y procede únicamente de Dios.

Hay un libro muy interesante de la Dra. Natalia López Moratalla, Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada, Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Navarra, y Catedrática de Bioquímica desde 1981 en esta Facultad. Se llama “Los quince primeros días de una vida humana” y constituye un relato de lo que se sabe científicamente sobre la historia de los primeros momentos de la vida de un embrión humano en marcha y en diálogo molecular con la madre. Nos descubre cómo el cigoto se convierte en embrión: un conjunto perfectamente ordenado de células que crecen, se diferencian y transmiten unas a otras informaciones precisas.

Yo entresacaré algunos párrafos de este texto, para intentar expresar hasta qué punto nuestra vida es un proceso que tuvo un origen, en el transcurso del cual nos realizamos y perpetuamos nuestra especie, y que tendrá también una transformación final.

Dice la Dra. López Moratalla lo siguiente:

“Desde los más antiguos tiempos los hombres se han planteado cuestiones nucleares acerca de los seres vivos: ¿cómo surgen?, ¿por qué hasta el más insignificante viviente es capaz de engendrar otro igual a él, mientras que el más maravilloso de los diamantes jamás hará que los átomos de carbono se combinen para dar su réplica?, ¿cómo consigue llegar a ser planta o animal una semilla o un huevo fecundado? ¿por qué todo lo que tiene vida muere?. En la segunda mitad del siglo XIX la ciencia biológica comenzó a comprender la lógica de los seres vivos. Y más tarde, fue posible dar razón de esta lógica de la vida al explicar los procesos vitales en términos de estructura de biomoléculas, entidades capaces de organizarse en complejos supramoleculares –células, órganos, tejidos, sistemas y organismos- precisamente por las propiedades que les confiere su peculiar estructura.

Actualmente la Biología ha alcanzado una comprensión aún más clara de los procesos vitales, entendiéndola como una cooperación dinámica de genes y medio, que da lugar a la expresión regulada de los genes durante la constitución y desarrollo de un nuevo ser. Cada ser vivo tiene una vida suya y propia, con un inicio y un final, y un desarrollo temporal en el que se completa, crece, se adapta a diversas circunstancias y transmite la vida.

Desde esta perspectiva, el inicio de la vida de un individuo se puede definir como un proceso constitutivo,

·         con un comienzo neto;

·         el posterior desarrollo, como un proceso consecutivo de construcción, con crecimiento, maduración y envejecimiento;

·         y la muerte natural, como un final también neto del proceso.

A lo largo de la vida del individuo, éste sin estar prefigurado ni estrictamente determinado por la dotación genética recibida de los progenitores, mantiene gracias a ella su identidad biológica, al tiempo que durante su desarrollo va recibiendo nueva información que proviene del medio. De este modo, la interacción de los componentes del medio interno y externo, y el soporte material de la información genética –la secuencia de nucleótidos del polímero DNA- cambia constantemente a lo largo de la vida del individuo, y con ello, a su vez, el estado del viviente mismo.

Así, cuando hablamos del desarrollo de un embrión a partir de una única célula, decimos que éste puede dividirse en varias etapas:

·         La fecundación conlleva la fusión de un espermatozoide y un óvulo, y la organización celular polarizada de la célula resultante para dar el cigoto.

·         Inmediatamente después de la constitución del cigoto comienzan las divisiones celulares, que dan lugar a células con una altísima especificidad para organizarse como individuo.

·         Estas células aún poco diferenciadas (como son las presentes en el embrión en estado de mórula) se organizan en el estadio de blástula.

·         Posteriormente tiene lugar un acontecimiento importante que es la gastrulación: un movimiento organizado de capas celulares para generar tres estratos de células que son progenitoras de todos los tejidos y órganos, incluidas las células germinales, precursoras de los gametos.

·         Cada estrato o línea de células va siguiendo una vía que conducirá a su especialización, y al mismo tiempo hace crecer al embrión por la división de las células que lo componen.

·         Después del nacimiento, el organismo seguirá creciendo y manteniendo y regenerando las células a lo largo de toda su vida.”

Hasta aquí las palabras de la Dra. López Moratalla. Ya me diréis si con su utilización he cumplido con lo pretendido.

Como veis, estamos hablando de un proceso animado, y, como ella nos dice, un embrión tiene la vida en sí; una vida susceptible de desarrollo…

… como lo es la nuestra en cada momento...

Pienso que el no impedirlo, es precisamente nuestra responsabilidad.

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3 comentarios

Martika -

Necesito meditar un poco más este tema

Dorota -

Verás, querido Hola:

No estamos defendiendo la vida de unas células por encima de la de un ser desarrollado. Lo que decimos es que lo que ese “matar unas células” supone, es precisamente el impedir su llegar a ser.

En el caso de los seres humanos, es efectivamente su capacidad de trascendencia lo que marca la diferencia, una capacidad que somos capaces de transmitir a nuestra descendencia, y que nos permite también participar en el acto creador mediado nuestro conocimiento, e intervenir con nuestra actuación sobre el resto de las naturalezas creadas en base a nuestra creatividad.

Es su naturaleza dual lo que le sitúa en la cima de la creación, y éste es el modo previsto para que el Amor de Dios se comparta entre todas las criaturas, con el ser humano como mediador.

Por ello, eliminar una sola vida de estos seres, aparte de impedir en él su plena realización personal, no deja de ser una trasgresión a los planes de Dios.

Ésto es lo que te podría decir sobre lo que los cristianos creemos sobre este tema...

No se a tí lo que te parecerá.

Hola -

Yo creo que no es más que darle vueltas a lo mismo, pero mezclando un poco los distintos conceptos. A ver, que cortito lo que se dice cortito, no me ha quedado el resumen:

--> La postura a favor de permitir el aborto, es bien clara:

1.- Parte de la premisa de que el ser humano no lo es desde el primer momento de la gestación, y por lo tanto, interrumpir un embarazo, no es matar a una persona, sino unas células, de manera análoga al proyecto de un edificio, y el edificio en sí mismo, o la harina con levadura mojada, y un futuro pan, se requiere del proceso de gestación para conseguir una persona.

2.- Ante la duda obvia de en qué momento preciso pasa a considerársele así, se limitan a sus primeras fases, en un primer momento en el que se considera que aún no ha sucedido, de manera análoga a decidir parar un proceso que siguiera las distintas frecuencias lumínicas desde el rojo hasta el azul, considerado el azul como el ser humano, deteniéndolo en el naranja, momento del proceso en el que se considera que no hay ninguna traza de color azul.

3.- En definitiva, vida hay, pero no la de un ser humano, sino la de unas células.


--> La postura cristiana, yo creo que es clara, aunque la lectura que a veces se da, incluido este artículo, no lo es tanto, veamos un resumen que puedo hacer de lo arriba expuesto:

1.- La vida comienza desde el momento de la concepción, matiz importante para que un cristiano se enfrente al aborto en base a esta premisa, pero no a los diferentes medios anticonceptivos (salvo el método ogino, que no cuenta para los cristianos, no sé muy bien por qué lo distinguen del resto, pero eso es otro cantar), rechazo que tiene su origen en el ejercicio de una paternidad responsable, y la dignidad humana, pero no en el respeto a la vida.

2.- La gestación de un ser humano, es un TIPO DE VIDA ESPECIAL (y esto es importante), ya que se trata de un ser “abierto a la trascendencia” de la que carece cualquier otra forma de vida.

3.- En definitiva, vida hay, y precisamente porque se trata de un ser humano, se considera más digna de proteger que otros tipos de vida.


Lo que quiere decir que es el origen de una persona lo que distingue una postura de la otra, y no la defensa de la vida, como a veces tiende a considerarse.

Y aquí es donde veo menos rigurosa la postura cristiana, ya que NO ES LA DEFENSA DE LA VIDA lo que promulgan (a pesar de ser a menudo la bandera que enarbolan), sino LA DEFENSA DE LA VIDA HUMANA, expresamente. Y me explico:

¿Tiene sentido defender la vida de unas células, por encima de la de un ser desarrollado? Solo si se categoriza la vida, tal y como se hace desde el punto de vista cristiano. Se considera que la vida de una mosca (que cae bajo nuestro matamoscas, sin ningún rencor además), no es digna de tal consideración. El origen de la distinción, la CAPACIDAD DE TRASCENDENCIA, y el ser una vida portadora de un ALMA, cosa que el resto del reino animal no (para que hablar del vegetal).

Reconoceremos todos sin embargo, que estas distinciones SON PARTICULARES, ya que, por ejemplo (como ya se ha dicho anteriormente), estas distinciones ofenderían a un budista, o cualquier otro tipo de fe que se plantea la reencarnación, camino a la “TRASCENDENCIA”. Ni que decir tiene, que para un ateo, la cuestión de la trascendencia no tiene mayor significado, aunque sea un firme defensor de la vida.

Y es eso lo que me llama más la atención, qué les impide “luchar” proactivamente por ella, como pueden permitir que suceda, teniendo en cuenta sus creencias.

Bueno, un saludo a todos los que hayan leído hasta aquí abajo…
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