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::: Dorotatxu :::

15ª PREGUNTA REALIZADA

Nos encontramos en esta ocasión con una pregunta de Joaquim. Para leerla y poder opinar, tendríais que pinchar en comentarios

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20 comentarios

Dorota -

A mí me parece muy bien, querido Alfredo.

Sólo tendríamos que ponernos de acuerdo entre varios, y seleccionar entre todos los textos.

¡A ver si alguien más está de acuerdo y podemos hacerlo!...

Alfredo -

Y qué os parece que crearamos un club de lectura?

Joaquim -

Sorprendente Dorota.
Vaya Martika, supongo que a Zweig ya te lo estabas leyendo cuando lo incluí en mi comentario, porque se eso hace día y medio. Es un libro que se lee bien pero para emplear tan poco tiempo hace falta concentración. “Los momentos estelares…” lo leí. Su relato de la caída de Constantinopla hizo que me zampase a continuación una historia de Bizancio.
Bonito comentario nos has dejado Begoñi.

Martika -

Precioso tu comentario Begoñi! Vaya! yo me acabo de terminar el "Mundo de ayer" de -zweig y si te gusto Joaquim "Momentos estelares de la humanidad" no tiene desperdicio,te atrapa!Me pondré con el resto en cuanto pueda. Es una gozada conocer autores a traves vuestro.

Dorota -

Lo haré.
Pero ya sabía que esa frase no era de él. Lo que pasa es que desde entonces ha llovido mucho...

Joaquim -

Bueno, no es que lo diga él, sino que su reflexión empieza a con una de las proposiciones del IV Concilio de Letrán, es decir, lo afirmó la Iglesia. La primera frase de la cita no es de él ( … no se puede afirmar de Dios ningún contenido de índole positiva, sin que se haga notar a la vez una radical inadecuación entre ese enunciado positivo y la realidad misma en que se piensa") sino del concilio.

Creo que tendrás que leerle. Te llevará poco tiempo. Luego nos cuentas.

Dorota -

Quien tiene una experiencia de Dios no dice que a Dios no se le pueda conocer, querido Joaquim.

Eso sólo lo dice quien pretendiéndola, no lo ha conseguido aún, o quien habiéndola tenido y sirviéndose y dando por buenas opiniones ajenas, no la ha conseguido explicar.

Joaquim -

A Rahner la experiencia de Dios, como el valor al soldado, se le supone sobradamente. Es claro que no nos quiere decir que toda su vida sea un fracaso, la experiencia que nos cuenta es una experiencia luminosa, la del que conoce, del que sabe y así y todo acepta que no sabe nada. Él puede hacerlo mejor que la mayoría.

Dorota -

¡Qué cosa tan preciosa, Begoñi!...
Gracias por compartirlo con tod@s nosotr@s.

Dorota -

Desde luego que Dios no es “como” nosotros, querido Joaquim.
Tampoco encontraremos una medida en la que encasillarle.

Pero nunca dudes –como con toda seguridad tendría ocasión de argumentar en el artículo al que te refieres y en muchos otros- que si de Dios sabemos, es porque Él mismo se nos ha manifestado y porque Él mismo también nos ha capacitado para alcanzar dicho conocimiento mediante la Gracia.

Si ha hecho ambas cosas, ha sido para que le comprendiéramos.

Lo que sucede es que nuestra tendencia a creernos la medida de todas las cosas, nos lleva a pensar con frecuencia que algo que no podamos contrastar o que no podamos comprender por nosotros mismos, es a nuestro criterio y con carácter general una realidad incognoscible e incontrastable…

Te diré que de Dios se sabe por experiencia.

No se trata de una elaboración intelectual, sino de una experiencia mística.
Una experiencia que tiene lugar bajo su actuación, a la que todos estamos llamados, y para la que todos somos capaces puesto que no estamos hablando de nuestras capacidades, sino de la acción de Dios sobre ellas.

Pero me temo que no es de esta experiencia precisamente de la que está hablando Rahner…

Begoñi -

Querido Joaquim,

Me ha gustado mucho tu pregunta. Durante años las bibliotecas eran para mí el lugar de la felicidad, y mirar mis libros era lo más parecido a mirar a mi familia.

Desgraciadamente de vez en cuanto borro el disco duro, y seguro que mucho de los libros que han guiado mis pasos han quedado en el olvido.

De los más recientes, señalaría “La paix en soi, la paix en marche”, del maestro zenThich Nhat Hahn, Thay, al que he tenido oportunidad de conocer personalmente.

También me han marcado “Momo” y “El principito”. Como en mi adolescencia sólo leía libros de adultos, (Papini, Thomas Mann, Nietzsche…) ahora tengo que cumplir una etapa.

Quería además contaros una anécdota. En uno de mis retiros en el monasterio de Thay, éste anunció a los monjes y monjas a primera hora, que ese día el “sermón” – que ellos llaman enseñanza del dharma- trataría de un antiguo sutra chino, y repartió entre la comunidad el texto escrito en caracteres chinos. Un monje de origen francés decidió que se dejaría llevar, porque de escritura china no sabía nada – esto nos lo contó este hermano más tarde-.

Cuando llegó la hora del sermón, Thay estuvo durante hora y media hablando sobre el inicio del principito de “San Antonio de Saint-Exupery”, como él le llamaba.

“Hace seis años tuve una avería en el desierto de Sahara. Algo se había estropeado en el motor. Como no llevaba conmigo ni mecánico ni pasajero alguno, me dispuse a realizar, yo solo, una reparación difícil. Era para mí una cuestión de vida o muerte, pues apenas tenía agua de beber para ocho días.
La primera noche me dormí sobre la arena, a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano. Imagínense, pues, mi sorpresa cuando al amanecer me despertó una extraña vocecita que decía:
- ¡Por favor... píntame un cordero!
-¿Eh?
-¡Píntame un cordero!
Como jamás había dibujado un cordero, rehíce para él uno de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oí decir al hombrecito:
- ¡No!, !No! Yo no quiero un elefante en una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi casa es todo muy pequeño. Necesito un cordero. Píntame un cordero.
Entonces dibujé un cordero. El hombrecito lo miró atentamente y dijo:
-¡No! Este cordero está ya muy enfermo. Haz otro.
Volví a dibujar.
Mi amigo sonrió dulcemente, con indulgencia.
-¿Ves? Esto no es un cordero, es un carnero. Tiene cuernos…
Rehice nuevamente mi dibujo: fue rechazado igual que los anteriores.
- Este es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo.
Falto ya de paciencia y deseoso de comenzar a desmontar el motor, garabateé rápidamente este dibujo, se lo enseñé, y le agregué:

-Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro. Con gran sorpresa mía el rostro de mi joven juez se iluminó:
-¡Así es como yo lo quería!”…
-Lo bueno de la caja que me has regalado es que por la noche le servirá de casa.
-Sin duda. Y si eres bueno te daré también una cuerda y una estaca para atarlo durante el día.
Esta proposición pareció chocar al principito.
-¿Atarlo? ¡Qué idea más rara!
-Si no lo atas, se irá quién sabe dónde y se perderá…
Mi amigo soltó una nueva carcajada.
-¿Y dónde quieres que vaya? “


Y así es como el maestro habló de las ilusiones de nuestra mente, y de cómo pintamos nuestras cadenas, nuestro dolor y nuestra alegría.

Joaquim -

Creo que el librito de Rahner me acompañará siempre. Como libro de teólogo supongo que provocará reticencias, pero bajo mi punto de vista es altamente recomendable. Lo que viene a decir Rahner es que después de una larga vida dedicada a la teología (es considerado por muchos el más grande teólogo del siglo XX) y de páginas y más páginas dedicadas a la metafísica, al final reconoció humildemente que en realidad de Dios no sabía nada, que es algo tan inefable que se te escapa entre los dedos y que todo se reduce a un sí o a un no, a aceptar o no aceptar, a una posición firme ante la vida y las cosas. Este libro es la plasmación de la última conferencia que dio antes de morir, a modo de testamento espiritual. El pasado 3 de octubre te dejé una cita del libro de Rahner en el post “La inspiración de los cristianos”, que vuelvo a reproducir:

Dices que perseguimos algo que no conocemos. No puedo estar más de acuerdo. Aquí recordaría las palabras de Rahner a propósito la cuestión de que “La semejanza entre el Creador y la criatura siempre será superada por una desemejanza mayor”, planteada en el IV Concilio de Letrán (1.215). Dice así: “ … partiendo del mundo, es decir, desde cualquier punto de partida concebible de conocimiento, no se puede afirmar de Dios ningún contenido de índole positiva, sin que se haga notar a la vez una radical inadecuación entre ese enunciado positivo y la realidad misma en que se piensa. Pero en el cultivo práctico de la teología, lo olvidamos incesantemente. Hablamos de Dios, de su existencia, de su personalidad, de las tres Personas en Dios, de su libertad, de su voluntad que nos obliga, etc.; tenemos que hacerlo así, obviamente: no podemos callar acerca de Dios, porque eso sólo puede hacerse, cuando se ha hablado primero. Pero, en este hablar, olvidamos en la mayoría de los casos que semejante predicación se puede formular en forma legítima acerca de Dios, cuando constantemente la retiramos a la vez, cuando mantenemos la inquietante suspensión entre el “sí” y el “no” como el verdadero y único punto firme de nuestro conocimiento, y de esta manera dejamos siempre que nuestros enunciados caigan en la silenciosa inefabilidad de Dios”.

Una vez que has conocido, que te has armado para la vida, es cuando puedes reconocer sabiamente que no sabes nada.

Me había olvidado de “La Odisea”, de Homero.

Hola -

Me ha gustado la pregunta, vaya por delante, ahora, me está resultando difícil de elegir.
Dado el temario de los últimos posts, yo mencionaré el libro “El gen egoísta” de Richard Dawkins.
Estaré pendiente de nuevas incorporaciones.
Saludos.

Dorota -

Y a tí te diré, querida Martika, que me has hecho sonreír con tu cumplido...

Dorota -

Me gustaría que nos dijeras qué te ha parecido el libro de Rahner, querido Joaquim.

Joaquim -

Voy apuntando títulos para futuras lecturas. Bueno allá voy: de las más recientes citaría “El mundo de ayer: memorias de un europeo” de Stefan Zweig, “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, “Las partículas elementales” de Michel Houellebecq y “Sobre la inefabilidad de Dios” de Karl Rahner. De las lecturas más lejanas “La isla del tesoro” de R.L. Stevenson, “El sueño eterno” de Raymond Chandler y “El quadern gris” de Josep Pla. Todos ellos, tan dispares, han ejercido en mí un gran impacto.

Martika -

Q pregunta tan bonita Joaquim!Es dificil elegir entre tantos. A ver..
El amor en los tiempos del colera de Gabriel Garcia Marquez,es delicioso!
Aunque el titulo echa para atras por intenso,a mi me encanto "La insoportable levedad del ser" de Kundera y creo q "el Principito" porq me ha acompañado toda la vida. Pero hay tantos...Quedaria muy pelota decir q peldaños de luz entra en la lista? jejejej

Dorota -

Me estaban venga a dar vueltas en la cabeza estos otros tres títulos: El Principito (de Antoine Saint Exupèry), Juan Salvador Gaviota (de Richard Bach) y Caperucita en Manhattan (de Carmen Martín Gaite).

Los tres son geniales. El Principito y Juan Salvador Gaviota son muy conocidos, y el de Martín Gaite pienso que menos, pero realmente esta autora hace un auténtico alarde de imaginación y buena literatura con su Caperucita.

Si lo leéis, ya me diréis qué os parece.

Dorota -

Puestos a elegir un autor, yo elegiría a C.S. Lewis.

Sus ensayos me encantan (La abolición del hombre, Carta del diablo a su sobrino; El problema del dolor, Los cuatro amores…) Todos son a mi modo e ver magníficos.

En Sorprendido por la alegría (que es autobiográfica) nos narra su conversión.

Su vida fue apasionante, y su modo de vivir el amor y de comprender el sufrimiento, también.

Como sabréis, es el autor de las Crónicas de Narnia…

Él es mi opción.

Cuando leéis varias cosas sobre un mismo autor se llega a considerarle un amigo, ¿no creéis?... Bien. Pues éso es lo que con Lewis me pasa a mí.

Joaquim -

A mí me gustaría conocer, ya que hemos entrado en un ambiente plenamente literario, cuáles son esos dos o tres libros (o más) que os han marcado profundamente, aquellos por los que, por el motivo que sea, tenéis una especial consideración o predilección.

Saludos,
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