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UN BRINDIS MUY ESPECIAL

Reproduzco en esta ocasión la homilía pronunciada por Mons. J. M. Uriarte (obispo de San Sebastián) ante los restos mortales de D. Isaías Carrasco. Me gustaría por su indudable interés eclesial compartirla con todos vosotros.

Dice así:

“Queridos familiares de Isaías, concelebrantes, autoridades, compañeros y compañeras de Isaías asistentes:

Conmovidos, afligidos, indignados. Así hemos llegado a las puertas de esta iglesia de S. Juan de Arrasate.

Nuestra mirada está fija en el ataúd que contiene el cuerpo sin vida de un hombre joven, esposo, padre, hijo querido, asesinado ayer mismo por la violencia desalmada de ETA. La misma mirada se posa sobre su esposa María de los Ángeles, sus hijos Sandra, Ainara y Adei y su madre Agustina, tan vinculada a la parroquia. Mi propósito no es desviar la mirada, sino desvelar su profundidad. Es, asimismo, contribuir a levantarla con una reflexión nacida de la fe y destinada a ensanchar nuestra solidaridad, nuestra libertad y nuestra esperanza.

Las lecturas bíblicas del domingo 5º de Cuaresma, que celebramos desde esta misma tarde de sábado, vienen en nuestra ayuda. Jesús se conmueve ante la tumba de su amigo Lázaro y solloza en tres ocasiones junto con sus hermanas María y Marta, como lloran hoy los familiares y amigos de Isaías, sus compañeros de partido y sindicato, y lloramos muchos ciudadanos. Este llanto es signo de proximidad y solidaridad. La gracia de Jesucristo haga que esta solidaridad sea, con el paso del tiempo, no sólo afectiva, sino también estable y efectiva. La parroquia y la diócesis quieren comprometerse a mantenerla y a expresarla con obras y palabras.

En el episodio evangélico que comentamos Jesús se muestra libre ante las expectativas espectaculares, las suspicacias malévolas y la incredulidad de muchos asistentes. Hace lo que tiene que hacer ante Dios su Padre: dar la vida. Nuestro deseo espontáneo sería que Isaías volviera a la vida de este mundo, junto a los suyos que tanto lo quieren y necesitan. Jesús ordinariamente no nos devuelve a la vida de este mundo. Pero quienes creemos que Él es Señor de la Vida y Vencedor de la Muerte, sabemos, en la clara y ardiente oscuridad de la fe, que Él le da la Vida plena y definitiva a Isaías y está junto a su familia querida para ayudarles a seguir viviendo con toda dignidad, sin permitir que este manotazo terrorista los recluya en la depresión crónica o destruya su salud anímica y su amor a la vida. Muchas miradas amistosas, muchos corazones abiertos, muchas manos dispuestas a ayudaros serán una vía para que vaya llegando paso a paso a vosotros el ungüento del consuelo de Jesús. Y a aquellos y aquellas que sentís viva la fe cristiana la fuerza de los sacramentos y la oración ante el Crucificado irán dejando su bálsamo en esta herida terrible. Muchas víctimas se han sentido confortadas y consoladas en trances semejantes.

El Evangelio de Jesús ante Lázaro contiene una afirmación del Señor que es fuente perenne de esperanza: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. Y el que vive y cree en mí no morirá para siempre”. Jesús nos invita con apremio a que en las situaciones humanamente más desesperadas, mantengamos la esperanza. Florecerá también en vosotros, queridos familiares, pasado el duro invierno que os toca pasar ahora. Así lo espero y se lo pido al Señor Jesús con toda mi alma.

Solidaridad, libertad, esperanza. He aquí un mensaje para todos los presentes, sea cual fuere nuestra posición ante la fe cristiana. 

La solidaridad que nos hace sensibles a todas las formas de sufrimiento que afligen a nuestra sociedad nos hace hoy particularmente sensibles al sufrimiento de esta familia, de los amigos de Isaías, de sus compañeros y compañeras de partido y de todas las víctimas como él.

La libertad de espíritu nos está reclamando el coraje para ejercerla, en este momento político decisorio, sin que ninguna coacción que pretenda amedrentarnos o doblegarnos encuentre el eco más mínimo en nuestra voluntad.

La esperanza, siempre herida por acontecimientos terribles como éste, nos es necesaria para vivir. Sin esperanza estamos muertos. La esperanza en Dios, que no ha dejado de sus manos la orientación discreta y respetuosa de la historia, aviva nuestras esperanzas históricas y, en concreto, la esperanza de paz de este pueblo, construida entre todos y para todos, que no quiere, no puede resignarse a la presente situación y exige a ETA su definitiva desaparición.

Querido Isaías: naciste aquí, pero tus padres vinieron de la tierra zamorana de Morales de Toro, tan querida también para mí. Amabas mucho a aquel pueblo. Te echarán de menos en la próxima Semana Santa. Ya no podrás compartir con tus amigos de allí las tertulias sosegadas de las noches de verano, el caldo excelente de sus viñas. Pero Dios Padre te ha preparado un Gran Reserva Especial Único, que beberás junto a su Hijo, y junto a tu padre y tus abuelos, en el banquete de la vida eterna”

Hasta aquí llega la homilía.

Levantemos nosotros también nuestra copa para brindar con él por la pacificación del País Vasco.

Que Dios le tenga en su Gloria, y que así sea.

EL TECHO DE CRISTAL

Como final de una conversación entre amigos se me sugirió que hablara en el blog del Espíritu Santo, puesto que –como quien me lo sugirió decía- a menudo no se sabe distinguir muy bien entre aquello que decimos sobre el Espíritu Santo y aquello que decimos sobre Dios.

Lo que sucede, es que lo que se dice sobre uno y sobre otro, no es un motivo de distinción.

Me explicaré.

Cuando hablamos del Espíritu Santo, lo hacemos de la forma de actuar ilimitada de Dios. Del Poder ilimitado del Espíritu de Dios. De su operatividad. Del modo en que hace las cosas, del “amorosamente” de Dios.

Como el Padre y el Hijo, es un ser personal, es decir, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son tres realidades espirituales y por tanto personales.

Pero cuando hablamos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no lo hacemos exactamente de un modo conforme a nuestras categorías humanas. No son tres personas distintas como si se tratara de un tú, de un yo y de un él cualesquiera, que unidas formaran algo que ni siquiera se muy bien como expresar pero que en todo caso sería un conjunto… 

Dios no es un conjunto, sino una realidad personal.

Una persona sobre la que cabe referirse a su forma de ser (El Padre), a su forma de actuar (El Espíritu Santo) y de su forma de relacionarse a través de sus actos (el Hijo).

Es como si, al hablar de una persona como nosotros, nos refiriéramos al modo en que se desenvuelve, a las características que le son propias, o a lo que de ella sabemos a través de lo que se manifiesta por sus obras. Estaríamos hablando en todo caso de la misma persona, ¿no es así?... Bueno, ¡pues eso es lo que hacemos al hablar de la Santísima Trinidad y de lo que El Espíritu de Dios (que es lo mismo) es!…

Pero vayamos con El Espíritu Santo.

De Él decimos que es el Paráclito, el santificador y el vivificador, y lo que queremos expresar con ello, es que El Espíritu Santo es “para nosotros”  

  • “el principio de animación”  por el que actuamos,
  • “el origen”  de nuestra propia motivación, es decir, la causa de nuestro aliento
  • “y el artífice de nuestra evolución”  a lo largo de nuestra vida hacia la plena unión con Dios…

Bajo su acción, es decir, bajo la acción del Espíritu de Dios en base a su Poder (el Espíritu Santo) y en la persona del Hijo que es en quien cobra realidad nuestra realidad, es como tiene lugar la evolución de los seres humanos hacia Dios.

Pero la plena unión con Dios también tiene lugar en base a la acción del Espíritu Santo, como ahora os contaré.  

Veréis:

Podemos llegar a reconocer el Poder del Espíritu de Dios actuando sobre nosotros como decía S. Juan, y a ello aludimos cuando hablamos del Espíritu Santo como del Dulce huésped del alma.

Es por los efectos de esa actuación sobre nosotros por lo que nos hacemos capaces de comunicarnos con Dios: pero realmente quien vive y se persona en el alma humana -supuesto que ésta haya alcanzado un grado de evolución suficiente- es la Santísima Trinidad, es decir, el mismísimo Espíritu de Dios, y eso es precisamente lo que supone la inhabitación trinitaria.

Pero vamos a ver un poquito ahora por qué decimos estas cosas.

Para hablar del principio de actuación de las esencias, mantenían los antiguos –los filósofos antiguos quiero decir- que “el existir antecede al ser, y el ser al actuar”.

Ese existir del que hablaban los antiguos nos adviene precisamente a través de nuestra forma de actuar, y es porque tenemos capacidad de actuar precisamente por lo que actuamos,

  • constituyéndonos al hacerlo en agentes causantes de nuevas realidades (a través de los efectos transeúntes de nuestros actos),
  • y evolucionando en el desarrollo de nuestro ser a través de los efectos inmanentes de los mismos.

Aunque dicho así suena un poco difícil, todos recordaréis cómo decíamos –al hablar de los efectos de nuestros actos- que era a través de sus actos como un lector, por ejemplo, además de convertirse en tal a través de realizar actos de lectura, podía como efecto de estos mismos actos fomentar los negocios editoriales, o cómo un ladrón o un arquitecto –también como ejemplos- a base de realizar actos en un determinado sentido, además de convertirse en tales por los efectos inmanentes de sus actos, eran capaces de esquilmar o de construir casas como consecuencia de los efectos transeúntes de los mismos.

Pues bien.

Puesto que Dios además de ser un ser subsistente e ilimitado es un ser que actúa, vamos a decir ahora que dentro de la actuación de Dios que se manifiesta y concreta en la persona del Hijo, El Espíritu Santo es “la operatividad de Dios”

Como ya decíamos en otro artículo, fue por un acto conjunto de la Santísima Trinidad motivado por su deseo de compartir su Amor con todas las criaturas (es decir, por un acto de amor del Amor),

  • por lo que el Amor se hizo amante al amar (que es lo que queremos decir cuando mantenemos que Dios se ama a sí mismo, y que no es sino el modo de referirnos a los efectos inmanentes del acto creador),
  • y constituyó en amante a lo amado (es decir, lo hizo capaz de participar de su acto creador como consecuencia de los efectos transeúntes del mismo).

Esta realidad se hizo tangible en la persona del Hijo y con la intervención del Espíritu Santo:

  • era por tanto mediante la intervención del poder y del querer de Dios en la Persona del Hijo
  • el modo en que se otorgaba al total de las criaturas la esencia y la existencia.

Recordaréis que cuando hablábamos del acto de ser decíamos que para que algo sea,

  • además de tener una capacidad de ser, una capacidad de actuar, y una capacidad de relacionarse –común a todos los seres de cada naturaleza, que era a lo que llamábamos esencia-
  • para que esas capacidades pasen de la capacidad al acto –es decir, de la potencia a existencia- era necesario “la puesta a punto” o la actualización de las mismas, que es a lo que nos referíamos cuando hablábamos de su existencia.

Pues bien.

El Espíritu Santo es el modo en que,

  • por la actuación de Dios a través suyo, puesto que El Espíritu Santo es el el Poder del Espíritu de Dios
  • no sólo nos adviene la existencia,
  • sino que se nos mantiene en el ser a todas las criaturas, puesto que es Él quien actúa sobre nuestra capacidad de actuar, a lo largo de nuestras vidas.

Así es, pues, como “se nos enciende”  y se nos mantiene activada nuestra capacidad de actuar,

  • y así es también como -por los efectos inmanentes y transeúntes de nuestros actos-
    • desde un punto de partida inicial que tiene carácter incoativo (el momento de nuestro nacimiento),
    • vamos evolucionando en el ser, en relación con el resto de las criaturas, a lo largo de nuestra vida.

Pero veréis lo que ahora os digo:

Suponiendo a los seres humanos debidamente actuados por Dios a través del Espíritu Santo y coexistiendo dentro de un conjunto que conforme a Su voluntad tuviera una realidad evolutiva en la Persona del Hijo,

  • aunque hubieran sido creados capaces de comunicarse con Dios e incluso de participar de su acto creador -que lo fueron-,
  • y aunque fueran capaces de concebir tal posibilidad e incluso la misma de motivarles en su actuar –que lo era-,
  • esos seres humanos nunca podrían por ellos mismos comunicarse con Dios sin haber superado previamente los obstáculos que para ello les imponía su naturaleza.

Es como si, aun siendo capaces de contemplar esa posibilidad, les separara de su realidad una especie de techo de cristal.

Pues bien.

Aunque tal techo existiera –que existe- el Poder del Espíritu de Dios actúa "en relación a nosotros" sobre esa frontera natural que suponen nuestras limitaciones, produciéndose como efecto una "a modo de ósmosis" en base a la cual,

  • lo que los seres humanos somos –y sin dejar de serlo-
  • una vez capacitados para traspasar "nuestro techo" bajo la acción del Espíritu Santo,
  • nos hacemos capaces de compartirnos y de participar en la Vida de Dios.

Es así como nosotros somos en Dios (por compartir las posibilidades ilimitadas de su Vida) y como Dios es en nosotros a través de su Gracia (que es a lo que nos referíamos cuando hablábamos de la inhabitación trinitaria)

En fin.

No se me ocurre nada más que deciros sobre El Espíritu Santo, salvo que es un Don de Dios en auxilio de nuestra conveniencia.

Ya se que no son más que palabras,

… pero si de algo os sirvieran…

OSCURO E INCIERTO SE PRESENTA EL REINADO DE WITIZA

De alguna manera esta frase que recuerdo de cuando estudiábamos la lista de los reyes godos, me recuerda a la tesis de la Sra. Lacalle y a la intervención del P. Garza.

Quien la pronunciara, no cabe duda de que lo hacía desde el temor, un temor no justificado puesto que el reinado de Witiza -hasta donde dicen los anales de la historia- comportó prosperidad y gozo para Hispania.  

En el caso de la Sra. Lacalle, el temor estimo que nace del desconocimiento de las realidades de las que habla. No hablo de un conocimiento teórico, sino vivenciado. 

Sin duda no ignora que las leyes se votan en el Parlamento, y que la constitución de éste depende del resultado de los comicios electorales. Pues bien.  Lo primero que me llama la atención de la publicación de este artículo, es su coincidencia en cuanto a fechas con la proximidad de los del 9 de Marzo.  

Yo a la Sra. Lacalle le diría lo siguiente: 

  1. En primer lugar, que el conjunto de normas no hacen sino ordenar la convivencia.
  2. Que realmente hay una serie de valores que como sociedad se comparten,
  3. Pero que la sociedad es algo dinámico.  

No quiero decir con esto que los valores en cuanto ordenados al bien del ser humano hayan de ser susceptibles de variación según una u otra época o según una u otra tendencia, sino que los modelos de sociedad han evolucionado lo suficiente como para que se revisen determinadas concepciones.  

Sin menospreciar que algunas de las disposiciones de las que habla la Sra. Lacalle tengan detrás auténticos dramas humanos (considérese que por muy feminista y/u homosexual que se sea, a nadie le gusta que no se le reconozca su identidad, que se le pretenda marginar de la sociedad, o haber experimentado un fracaso personal –por no decir algún tipo de opción que pueda tomarse en una situación límite en la que realmente, objetivamente o no, interpretes que de ella depende tu subsistencia-), la cuestión es que una vez promulgada una norma y en el caso de que a la vista de su aplicación se demuestren inadecuada, podría modificarse.   

Simplemente porque todos optamos por una razón de bien.  

Y así, aunque coyunturalmente y por razones de oportunismo político se trate de favorecer una determinada opción, y aun suponiendo que ésta alcance el número de votos suficientes, el buen o mal uso que se haga de un supuesto logro electoral, será determinante para un resultado electoral posterior.  

Mantiene la Sra. Lacalle que la ideología de género ha logrado imponerse en España en tres ámbitos legislativos clave: la identidad personal, la familia y la educación.  Su tesis desarrolla estos temas. Pero en lo que creo que tanto la Sra. Lacalle como el P. Garza se equivocan (a mi modo de ver) es en la consideración de que estas iniciativas legislativas de las que habla obedezcan a la intención de cambiar la cultura por motivos ideológicos, o que puedan suponer un experimento de ingeniería genética de resultados nefastos y funestos para la sociedad.

Su postura me recuerda a quien vaticinaba del reinado de Witiza una época de incertidumbre y oscuridad. 

Mire usted, Sra. Lacalle: 

  • La aceptación individual y/o colectiva de la identidad de un ser personal,
  • las distintas formas de familia co-existentes en la actualidad,
  •  o el modo de integrar una determinada forma cultural por parte de la sociedad a través de un modelo de enseñanza, para nada darán al traste con lo que la comunidad humana es ni con el modo en que se interrelaciona. 

Esta situación sólo se daría si se pervirtiesen sus valores, es decir -y desde un punto de vista cristiano- si individual y/o colectivamente se rehusara ante los dones otorgados por Dios.

El primero y más fundamental es el de la Vida: La Vida que se comparte debidamente animada por Él. 

Nuestro modo de concebir la Vida incluye la dimensión transcendente, o mejor, el hecho de compartir la Vida transcendente es precisamente lo que da razón de identidad a los seres humanos, no su sexualidad. 

Séase hombre o  mujer, homosexual o heterosexual, la Vida de Dios habita en tod@s nosotros desde el momento de nuestro Bautismo, y en la medida en que nosotros no queramos apartarnos de Él. 

En ocasiones rehusamos, ¡desde luego que si!, y comprobamos en nuestro fuero interno que nosotros somos los primeros perjudicados ante lo que sin duda ha sido un error.

A veces nos resultan errores imperdonables (me refiero a un aborto voluntario por ejemplo, al parecer tan difícil de olvidar). Pero de nuestros errores podemos aprender, y simplemente con sabernos perdonados podemos perdonárnoslos  a nosotros mismos con la sincera voluntad de no volverlos a repetir. 

Quiero con esto decir, que nos es realmente imposible ponernos en la situación de algunos hermanos supuesto que no hayamos pasado por su experiencia, Sra. Lacalle. Tenga en cuenta que ellos, como nosotr@s, tienen y tenemos a diario ocasión de recomenzar. 

Pero en ningún modo considero un rehúse ante la Vida de Dios la reivindicación de que un ser humano sea aceptado en su idiosincrasia, o de que entre dos seres humanos pueda contraerse una unión estable y duradera que proteja y procure, y que además comparta con otros seres ya nacidos, la Vida de Dios.

No todos los seres humanos hemos sido creados para perpetuar nuestra especie, Sra. Lacalle, pero sí hemos sido creados para ser y ejercer libremente como hijos de Dios… 

En cuanto a la educación con la tolerancia como vínculo, considero que tampoco supone una amenaza para la cultura de occidente –de raíces profundamente cristianas como ustedes dicen- ni un peligro para la sociedad. La idea no puede ser manipular nuestra opinión mediante el miedo a lo desconocido para llegar a controlar las Leyes, Sra. Lacalle. El poder nunca es un buen consejero evangélicamente hablando.

Si lo que subyace a tal intención es el bien de la sociedad, yo les sugeriría otro tipo de argumento. Nosotros –l@s cristian@s- no educamos en la fe por tradición, sino conscientes de su conveniencia para nosotros mismos.

Si defendemos y pretendemos mantener un orden asentado en nuestra sociedad a través de los siglos, no es por un afán de dominio, sino porque el ejercicio de tal escala de valores, no sólo la ha demostrado válida y constructiva,  sino que realmente conduce a la plena evolución del ser humano.

El futuro está por venir. Lo construiremos entre todos. A veces no sabemos si lo que vendrá será lo que queremos; pero lo que sí sabemos claramente es lo que no queremos: que nos manipulen con la pretensión de hacer de las verdades propias verdades absolutas.

Tenga en cuenta, Sra. Lacalle, que una parte de sus lectores nos sabemos ciudadanos del cielo. Que, dispuestos a ejercitar una opción política, lo haremos en conciencia y con la libertad propia de los hijos de Dios.

Sería también un buen momento para recordarle –con San Pablo- la conveniencia como Iglesia de la unidad en lo fundamental (que en ningún caso puede separarse del contenido del Evangelio), la discrecionalidad ante lo opinable, y en medio de todo ello, la caridad.    

 

LEGISLACIÓN ESPAÑOLA

Reproduzco a continuación una polémica tesis (o eso es al menos lo que a mí me parece) sostenida por María Lacalle, profesora de Derecho Civil de la Universidad Francisco de Vitoria, expuesta durante la Jornada sobre Ideología de Genero organizada el pasado 16 de febrero por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de esa universidad de Madrid.  

Me gustaría saber cuál es vuestra opinión sobre ella. 

Dice así: 

“Leyes como la del «matrimonio homosexual», la ley contra la violencia de género, e incluso regulaciones que han tenido menos repercusión como la del «cambio de sexo» en el Registro Civil, suponen una implantación formal de esta ideología en España, que previsiblemente se reforzaría con una introducción de los «derechos reproductivos» si se modificara la ley del aborto.

La ideología de género, nacida del feminismo radical, se impuso a nivel mundial en la Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995: los lobbies «consiguieron imponer a los países miembros el compromiso de incorporar la «perspectiva de género» en todas sus políticas y medidas legislativas», afirma María Lacalle. 

Según esta investigadora, la ideología de género ha logrado imponerse en España en tres ámbitos legislativos clave: la identidad personal, la familia y la educación.  

La ideología del género «parte del convencimiento de que la mujer ha sido explotada por el hombre a lo largo de la historia mediante la imposición de roles y estereotipos sociales totalmente injustos y arbitrarios que la han mantenido apartada de la vida pública, privada de derechos y recluida en el ámbito familiar», afirma.  

La «deconstrucción» de la identidad personal.

Según María Lacalle, la ideología de género «pretende instaurar una sociedad en la que todos los individuos sean iguales, una sociedad sin diferencias entre los sexos en la que cada uno, independientemente de las características biológicas con las que nazca, escoja su propia identidad de género y su propia orientación sexual».  

La investigadora cree que esta ideología está detrás de varias de las leyes aprobadas en los últimos años, como la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, en el apartado en el que regula el cambio de sexo en el Registro Civil cuando «no se corresponda con su identidad de género». 

«Esta ley banaliza de una manera alarmante la cuestión de la identidad sexual. En primer lugar, no requiere un estudio psiquiátrico en profundidad, sino que permite que se cambie la inscripción registral con un simple informe psicológico; no exige cirugía de reasignación sexual, y tampoco establece como estrictamente obligatorio el haber seguido un tratamiento médico para acomodar las características físicas a las correspondientes al sexo reclamado». 

Para Lacalle, esta ley muestra «una concepción del ser humano según la cual la identidad sexual es una variable subjetiva de cada persona. Es como si cada uno pudiera «inventarse» a sí mismo: la naturaleza no cuenta, cada uno hace lo que quiere porque la libertad se concibe como una fuerza omnipotente y autocreadora. El deseo de cada uno se convierte en motivo suficiente para pretender alterar la realidad».

Esta concepción del hombre proclama la libertad absoluta como liberación de lazos y condicionamientos, aún aquellos naturales como la relación paterno-filial. Como consecuencia, todas las instituciones sociales quedan minadas y se subvierte el orden social, con consecuencias que los expertos participantes en la jornada prevén desastrosas para la sociedad.

El tabú de la maternidad

La maternidad, como realidad fisiológica exclusiva de la mujer, es una de las cuestiones más atacadas por las feministas de género: los nuevos derechos reproductivos y sexuales «tienen por objeto que la mujer controle por completo la fertilidad, y que tienen como núcleo central el acceso al aborto sin restricciones de ningún tipo, como algo imprescindible para que la mujer pueda ser auténticamente libre», afirman.  «Más que de «derechos reproductivos» deberían hablar del «derecho a no reproducirse», que es lo que realmente quieren. Por eso buscan formas para liberar a la mujer de la «tiranía» de su naturaleza biológica, permitiéndole escapar de la «barbarie» del embarazo. Reclaman una solución técnica que les permita alcanzar el objetivo último que es la liberación de la maternidad», denuncia Lacalle.

Como detalle que expresa esta concepción, María Lacalle explica que los términos «maternidad» y «procreación» están siendo sustituidos en los textos internacionales por «trabajo reproductivo».

«Este término fue acuñado por Carolyn Hannan, que fue Directora de la División para el Avance de la Mujer de la ONU, y desde entonces se utiliza profusamente. Es un término que indica claramente la concepción que tienen de la maternidad. La consideran como una maldición,  una carga pesada que la sociedad ha impuesto a la mujer para someterla y recluirla en el ámbito privado, para que no pueda prosperar profesionalmente. Todo lo que sirva para liberar a la mujer de este trabajo reproductivo debe ser promocionado social y jurídicamente», añade.

Esta concepción explica el renovado interés por la modificación de la ley del aborto, reclamada desde las organizaciones feministas cercanas al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de manera especial en los últimos meses.

La "guerra de los géneros"

Otra de las leyes en las que el feminismo radical ha logrado imponerse es la Ley Orgánica 1/2004, de medidas de protección integral contra la violencia de género. En ella, la relación entre el hombre y la mujer se define como «necesariamente conflictiva». De hecho, en el preámbulo se afirma que «la violencia se dirige contra las mujeres por el hecho de ser mujeres y que es consecuencia de la desigualdad histórica de la mujer en la sociedad». 

La concepción de las relaciones entre el hombre y la mujer en términos de lucha, de rivalidad, de antagonismo, provoca un desquiciamiento de la propia identidad tanto de la mujer como del hombre», afirma Lacalle. Además, esta ideologización no lleva realmente a la solución del problema, pues no se tienen en cuenta otras causas directamente relacionadas con el aumento de la violencia, como la drogadicción o las rupturas familiares.

Para la investigadora, se están manipulando los datos "desde los años noventa han ido aumentando las muertes de mujeres a manos  de sus parejas y ex-parejas pero también las muertes de hombres a manos de sus parejas y ex-parejas, los suicidios de unos y otros, la muerte de niños, la violencia de los adolescentes contra sus padres y las agresiones a las personas de mayor edad dentro del ámbito doméstico. Por no mencionar la violencia en parejas de lesbianas, que es mucho más elevada que la que se produce en parejas de heterosexuales. Pero todos estos datos no se difunden a través de los medios de comunicación, y si no se difunden, no existen"

¿El fin de la familia?

Según Lacalle, uno de los objetivos del feminismo de género es acabar con la familia, a la que considera «la principal fuente de opresión de la mujer»: «Estamos asistiendo a una transformación radical del Derecho de Familia, que ya no la protege, sino que la crea, la inventa. Es la ley, sin ninguna consideración a la realidad natural, la que decide qué es el matrimonio, qué es la familia y qué es la paternidad».

Esta ideología subyace en las leyes 13/2005 (por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio para dar cabida a las uniones homosexuales), 15/2005 (por la que se regula el divorcio unilateral y sin causa) y 14/2006 (sobre técnicas de reproducción humana asistida), así como en la supresión del apartado 3 del artículo 154 del Código Civil, que reconocía la facultad de los padres de corregir moderada y razonablemente a los hijos, y la polémica asignatura de "Educación para la Ciudadanía".

Para la profesora de Derecho Civil, las últimas reformas de Derecho de Familia "han suprimido el matrimonio. El matrimonio, en cuanto unión de un hombre y una mujer abierta a la vida y con vocación de permanencia, ya no existe en nuestro ordenamiento jurídico". Con la Ley 13/2005 "se contempla el matrimonio como un invento social que va cambiando y adaptándose a las circunstancias históricas"

"Parece claro que el inusitado interés en aprobar esta ley no se debía simplemente al deseo de dar entrada al pequeño número de homosexuales que quiere contraer matrimonio -desde la entrada en vigor de la ley hace dos años y medio unos 4.500- sino de obtener el reconocimiento social para la homosexualidad y redefinir radicalmente el  matrimonio, privándole de sus elementos esenciales", añade.

Por otro lado, la Ley del "divorcio exprés" "encaja perfectamente en la ideología de género, pues si cada uno se construye y se "inventa" a sí mismo, y puede construir su relación como quiera, también se le debe reconocer la capacidad de destruirla a capricho.

"El concepto de matrimonio que se maneja en esta ley se basa en el mero afecto, prescindiendo de cualquer función social, y se pone todo el énfasis en la satisfacción emocional, psicológica y sexual que proporciona a sus participantes. La ley se fija en el deseo y en la libertad individual. Si uno de los cónyuges desea romper su matrimonio, su deseo ha de hacerse realidad sin más consideraciones. No hay que tener en cuenta al otro cónyuge, ni tampoco hay que pensar en el daño, a veces irreparable, que se produce a los hijos. Sólo el deseo es importante", añade.

Para María Lacalle "lo que se está diciendo a la sociedad es que el matrimonio no es importante, que el contrato matrimonial vale menos que cualquier otro contrato civil o mercantil"

Padres sin hijos, hijos sin padre.

Otra de las claves del desarrollo legislativo en cuanto a identidad personal se refiere, es la Ley 14/2006 sobre técnicas de reprodución humana asistida, en la cual se redefine la paternidad y la maternidad como un "derecho" que la sociedad debe satisfacer. 

Lacalle explica que la ley reconoce el derecho de acudir a estas técnicas a toda mujer mayor de edad independientemente de su estado civil y orientación sexual. Si es una mujer casada con un hombre, la ley "presume" que el padre es el marido de la mujer; si es una  mujer casada con otra mujer, la ley considera a ambas "progenitoras"; y si es una mujer sola, el niño legalmente no tiene padre, porque según la ley el donante no es un padre sino "el lugar" donde se ha producido el material genético. "No es que su padre no lo quiera reconocer, es que, legalmente, no tiene padre, y no se le permite buscarlo, ni conocerlo, ni relacionarse con él en manera alguna". Por la misma razón, al ser la paternidad y la maternidad un rol social y nada más, se defiende la adopción por parte de homosexuales.

Además, la legislación se entromete también en el derecho de los padres a educar a sus hijos.

Para la investigadora "es una intromisión bastante sorprendente, teniendo en cuenta las circunstancias, pues parece que el panorama generalizado no es precisamente de autoritarismo de los padres hacia los hijos, sino todo lo contrario. La mayor parte de los padres han tirado la toalla, han abdicado de su autoridad y consienten todo a sus hijos. Y sin embargo, parece que existe un interés en minimizar la autoridad de los padres, en lugar de reforzarla"

Lacalle recuerda que en la Ley Orgánica de Educación "no se menciona para nada la autoridad de los padres. Ésto ya fue denunciado por el Consejo de Estado en su informe, que recomendó al Gobierno que incluyera algún párrafo que hiciera hincapié en la autoridad de padres y profesores, pero el Gobierno hizo caso omiso"

Por otro lado, el rebajamiento de la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales ha provocado que muchos padres no sepan nada -ni tengan derecho a ello- de la vida de sus hijos. "Según la legislación vigente, a los trece años se puede consentir en mantener relaciones sexuales, sea con personas del mismo o de distinto sexo, incluso con un adulto. Las propias administraciones fomentan la precocidad de los adolescentes en materia sexual, como queda demostrado en los folletos de sexo infantil que se reparten en los centros escolares de algunas comunidades autónomas" 

Por otro lado, la Ley Orgánica de Educación 2/2006 "está impregnada de ideología de género, lo cual queda claro desde el mismo Preámbulo, donde se dice que son fines de la educación, entre otros, el desarrollo de las capacidades afectivas del alumnado, el reconocimiento de la diversidad afectivo-sexual, así como la valoración crítica de las desigualdades, que permita superar los comportamientos sexistas".

"En la asignatura Educación para la Ciudadanía esta ideología está presente en todas las etapas, especialmente en la Educación Secundaria Obligatoria. Se rechaza cualquier diferenciación entre varón y mujer, llegando a identificar diferencia con discriminación, se insiste machaconamente en la diversidad afectivo-emocional, en la posibilidad de elegir la propia identidad y orientación sexual", añade.

¿Quién gana?

María Lacalle afirma que el ataque a la familia «es una constante de todas las ideologías totalitarias que han pretendido un control de la persona. En todo este proceso de ingeniería social o deconstrucción de la sociedad, la familia es un obstáculo. Minar la autoridad de los padres es necesario para manipular libremente a los niños y configurar sus conciencias y su visión del mundo y de las cosas».

Para el padre Luis Garza, vicario general de la congregación de los Legionarios de Cristo, de estas legislaciones no se benefician las mujeres, ni los niños, ni la sociedad: «es un hecho comprobado que la desatención de los padres de familia suele crear en los hijos personalidades débiles, incapaces de pensamiento crítico, sujetos siempre a la moda imperante y con temor de enfrentar el status quo y reducidas a una máquina de consumo».

"Estp som dida es añgp cómodo para algunos grupos que quieren adquirir y mantener el poder político por generaciones y sería ya suficientemente malo, pero además es el preludio para manipulaciones de gran envergadura como las que experimentamos en el siglo XX".

Para el padre Garza, doctor en Derecho Canónico, la estrategia de estos grupos es o bien «conseguir un control político para obtener el poder». «Estamos ante la reivindicación más clara de Gramsci y su estrategia para la obtención del poder».  

«Si  lo que se busca es cambiar la cultura por motivos ideológicos, porque se piensa que esto es lo correcto y porque hemos vivido siglos engañados debido a lo reaccionario de la Iglesia y sus postulados, estamos ante un experimento de ingeniería social que puede tener tremendas y nefastas consecuencias ante el que debemos estar todos alerta y oponernos decidida e inteligentemente», afirma.” 

Esta síntesis de la tesis mantenida por la Prof. Lacalle con el pequeño comentario del P. Garza ha sido publicada recientemente en la revista Zenit. 

Ya me diréis lo que os parece.

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO III

POSICIÓN DE LOS AUTORES FRENTE AL CONCOCIMIENTO.

Para algunos autores, el fundamento de la posibilidad del conocimiento es la realidad, bien la sensible (como han defendido los filósofos de orientación empirista), bien la inteligible (como aquellos racionalistas que han defendido el carácter realmente existente de las entidades conceptuales o nociones generales).

El primer gran filósofo que abordó el estudio del conocimiento fué el francés René Descartes, en el siglo XVII. Descartes intentó descubrir un fundamento del conocimiento que fuera independiente de límites y supuestos. Para él, conocer es partir de una proposición evidente, que se apoya en una intuición primaria. Descartes formuló tal proposición en su célebre sentencia: "pienso, luego existo".

Kant negó que la realidad pudiera ser explicada mediante los solos conceptos y se propuso conseguir el mismo objetivo, pero intentando determinar los límites y capacidades de la razón. Si bien existen, efectivamente, juicios sintéticos apriori, que son la condición necesaria de toda comprehensión de la naturaleza (trascendentales), el ámbito del conocimiento de limita, sin embargo en el pensamiento de Kant, al reino de la experiencia.

Según el británico John Locke, representante moderado del empirismo, las impresiones de la sensibilidad sólo formaban la base primaria del conocimiento. El también británico David Hume y algunos autores neopositivistas posteriores consideraron, por el contrario, que las nociones de las ciencias formales no son empíricas ni conceptuales, sino formales y, por lo tanto, vacías de conocimiento.

De acuerdo con determinadas formas de empirismo existen otras experiencias además de la sensible, como la experiencia histórica, la experiencia intelectual, etc. En estas posiciones, a algunos de cuyos precursores - los alemanes Friedrich Nietzsche y Wilhelm Dilthey- difícilmente se les puede considerar como empiristas, el término experiencia se entiende en un sentido más amplio. Los autores más representativos de estas posiciones son el alemán Martin Heidegger y el francés Jean- Paul- Sartre, que defendieron posturas existencialistas; los estadounidenses John Dewey y William James, de orientación pragmatista; y el español José Ortega y Gasset, que mantuvo la postura que él llamó raciovitalismo, en la que vida y razón constituían los dos polos de su concepción del mundo.

EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Mientras que la epistemología ha sido entendida tradicionalmente como una teoría del conocimiento en general, en el siglo XX los filósofos se interesaron principalmente por construir una teoría del conocimiento científico, suponiendo que si se lograra disponer de teoría adecuadas que explicaran los mecanismos de un conocimiento de este tipo, podrían avanzar considerablemente por la misma vía en la solución de problemas gnoseológicos (doctrinas filosófica y religiosa que pretendía tener un conocimiento misterioso e instintivo de las cosas divinas) más generales.

La elaboración de una epistemología de este tipo constituyó la tarea abordada especialmente por los autores del Círculo de Viena, que fueron el germen de todo movimiento del empirismo o positivismo lógico. Para éstos filósofos se trataba de conseguir un sistema unitario de saber y conocimiento, lo que requería la unificación del lenguaje y la metodología de las distintas ciencias. Este lenguaje debería ser insersubjetivo - lo que exigía la utilización de formalismos y de una semántica común- y universal, es decir, cualquier proposición debía poder traducirse a él.

Lo único que puede hacerse es formular la hipótesis de la existencia de una realidad independiente de nuestra experiencia e indicar criterios para su contrastación en la medida en que una afirmación de existencia implica determinados enunciados perceptivos. No hay ninguna posibilidad de decisión respecto a una realidad o idealidad absolutas. Ello sería, en palabras de Carnap, un seudoproblema. Todas las formas epistemológicas de la tradición filosófica inspiradas en posiciones metafísicas - el idealismo y el realismo filosófico, el fenomelanismo, el solipsismo, etc.- caerían, así, fuera del ámbito del conocimiento empírico, ya que buscarían responder a una pregunta imposible.

EPISTEMOLOGÍA EN EL SIGLO XX.

A principios del siglo XX los problemas epistemológicos fueron discutidos a fondo y sutiles matices de diferencia empezaron a dividir a las distintas escuelas de pensamiento rivales. Se prestó especial atención a la relación entre el acto de percibir algo, el objeto percibido de una forma directa y la cosa que se puede decir que se conoce como resultado de la propia percepción. Los autores fenomenológicos afirmaron que los objetos de conocimiento son los mismos que los objetos percibidos. Los neorealistas sostuvieron que se tienen percepciones directas de los objetos físicos o partes de los objetos físicos en vez de los estados mentales personales de cada uno. Los realistas críticos adoptaron una posición intermedia, manteniendo que aunque se perciben sólo datos sensoriales, como los colores y los sonidos, éstos representan objetos físicos sobre los cuales aportan conocimiento.

Un método para enfrentarse al problema de clarificar la relación entre el acto de conocer y el objeto conocido fue elaborado por el filósofo alemán Edmund Husserl. Perfiló un procedimiento elaborado, al que llamó fenomenología, por medio del cual se puede distinguir cómo son las cosas a partir de cómo uno piensa que son en realidad, alcanzando así una comprensión más precisa de las bases conceptuales del conocimiento.

Durante el segundo cuarto del siglo XX surgieron dos escuelas de pensamiento, ambas deudoras del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein. Por una parte, la escuela del empirismo o positivismo lógico, tuvo su origen en Viena, Austria, pero pronto se extendió por todo el mundo. Los empiristas lógicos hicieron hincapié en que sólo hay una clase de conocimiento: el conocimiento científico; que cualquier conocimiento válido tiene que ser verificable en la experiencia; y, por lo tanto, que mucho de lo que había sido dado por bueno por la filosofía no era ni verdadero ni falso, sino carente de sentido. A la postre, siguiendo a Hume y a Kant, se tenía que establecer una clara distinción entre enunciados analíticos y sintéticos. El llamado criterio de verificabilidad del significado ha sufrido cambios como consecuencia de las discusiones entre los propios empiristas lógicos, así como entre sus críticos, pero no ha sido descartado.

La última de estas recientes escuelas de pensamiento, englobadas en el campo del análisis lingüístico o en la filosofía del lenguaje corriente, parece romper con la epistemología tradicional. Los analistas lingüísticos se han propuesto estudiar el modo real en que se usan los términos epistemológicos claves —términos como conocimiento, percepción y probabilidad— y formular reglas definitivas para su uso con objeto de evitar confusiones verbales. El filósofo británico John Langshaw Austin afirmó, por ejemplo, que decir que un enunciado es verdadero no añade nada al enunciado excepto una promesa por parte del que habla o escribe. Austin no considera la verdad como una cualidad o propiedad de los enunciados o elocuciones.

CONCLUSIÓN.

Si la epistemología - el estudio del conocimiento- constituye, por su propia naturaleza, una de las partes esenciales de la filosofía, la creciente importancia en la ciencia y la consiguiente necesidad de dotarla de sólidos fundamentos teóricos ha acrecentado aún más el interés por la misma en el moderno pensamiento filosófico.” 

Hasta aquí llegamos con el artículo, chic@s.

Confío en que, como a mí, os haya resultado interesante.

Ahora buscaré algo relacionado con el postmodernismo que decía JML, y, a partir de ahí, espero -contando con vuestras aportaciones- que hayamos llegado a un fondo de conocimiento compartido a partir del cual podamos llegar a entablar un diálogo, ¿si?...

Un cordial saludo.

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO II

EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO.

1.- Racionalismo

Se denomina racionalismo a la doctrina epistemológica que sostiene que la causa principal del conocimiento reside en el pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento solo es realmente tal, cuando posee necesidad lógica y validez universal. El planteamiento más antiguo del racionalismo aparece en Platón. El tiene la íntima convicción de que el conocimiento verdadero debe distinguirse por la posesión de las notas de la necesidad lógica y de la validez universal.

2.- El empirismo

Frente a la tesis del racionalismo, el pensamiento, la razón, es el único principio del conocimiento, el empirismo (del griego Empereimía = experiencia) opone la antitesis: la única causa del conocimiento humano es la experiencia. Según el empirismo, no existe un patrimonio a priori de la razón. La conciencia cognoscente no obtiene sus conceptos de la razón, sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento.

El racionalismo es guiado por la idea determinada, por el conocimiento ideal, mientras que el empirismo, se origina en los hechos concretos.

Los racionalistas casi siempre surgen de la matemática; los defensores del empirismo, según lo prueba su historia, frecuentemente vienen de las ciencias naturales. Esto se entiende sin esfuerzo. La experiencia es el factor determinante en las ciencias naturales.

En ellas, lo más importante es la comprobación exacta de los hechos por medio de una cuidadosa observación. El investigador depende totalmente de la experiencia. Suelen distinguirse dos clases de experiencia: una interna y otra externa. El fundamento de un conocimiento válido, no se encuentra en la experiencia, sino en el pensamiento.

3.- Apriorismo.

En la historia de la Filosofía existe también un segundo esfuerzo de intermediación entre el racionalismo y el empirismo: el apriorismo. El cual también considera que la razón y la experiencia son a causa del conocimiento. Pero se diferencia del intelectualismo porque establece una relación entre la razón y la experiencia, en una dirección diametralmente opuesta a la de éste. En la tendencia de apriorismo, se sostiene que nuestro conocimiento posee algunos elementos a priori que son independientes de la experiencia. Esta afirmación también pertenece al racionalismo. Si relacionáramos el intelectualismo y el apriorismo con los dos extremos contrarios entre los cuales pretenden mediar, inmediatamente descubriríamos que el intelectualismo tiene afinidad con el empirismo, mientras que el apriorismo, se acerca al racionalismo. El intelectualismo forma sus conceptos de la experiencia; el apriorismo rechaza tal conclusión y establece que el factor cognoscitivo procede de la razón y no de la experiencia.

LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.

1.- El dogmatismo.

Para el, resulta comprensible el que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehenda su objeto, esta actitud se fundamenta en una confianza total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda.

El dogmatismo supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.

Para Kant el dogmatismo es la actitud de quien estudia la metafísica sin haber determinado con anterioridad cuál es la capacidad de la razón humana para tal estudio.

2.-El escepticismo.

El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad. El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, no podemos externar ningún juicio, y debemos abstenernos totalmente de juzgar.

Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.

El escepticismo se puede hallar, principalmente, en la antigüedad. Su fundador fue Pirrón de Elis ( 360 a 270 ) . El afirma que no puede lograrse un contacto entre el sujeto y el objeto. La conciencia y cognoscente esta imposibilitada para aprehender su objeto.

3.- El subjetivismo y el relativismo.

El escepticismo sostiene que no hay verdad alguna. El subjetivismo y el relativismo no son tan radicales. Con ellos se afirma que si existe una verdad; sin embargo, tal verdad tiene una validez limitada. El subjetivismo, como su nombre lo indica, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. El relativismo afirma que no existe alguna verdad, alguna verdad absolutamente universal.

El subjetivismo y el relativismo son análogos, en su contenido, al escepticismo. En efecto, ambos niegan la verdad; no en forma directa como el escepticismo, pero sí en forma indirecta al dudar de su validez universal.

4.- El pragmatismo

El escepticismo presenta una actitud esencialmente negativa. Formula la negación de la posibilidad del conocimiento. El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. El pragmatismo, al igual que el escepticismo, desecha el concepto de la verdad considerado como concordancia.

El pragmatismo cambia el concepto de la verdad en cuanto que es originado por una peculiar concepción de lo que es el ser humano. Dentro de tal concepción el hombre no es primordialmente un ser especulativo y pensante, sino un ser práctico, un ser volitivo.

5.- El criticismo.

Existe una tercer postura que resolvería la antitesis en una síntesis. Esta postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo recibe el nombre de criticismo. Al igual que el dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento de que existe la verdad. Pero mientras que tal confianza conduce al dogmatismo, a la aceptación candorosa, para decirlo en alguna forma, de todas las aseveraciones de la razón humana y al no fijar límites al poder del conocimiento humano, el criticismo pone, junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto.

El criticismo examina todas y cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia. 

RAZÓN CONTRA PERCEPCIÓN

Desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX la cuestión principal en epistemología contrastó la razón contra el sentido de percepción como medio para adquirir el conocimiento. Para los racionalistas, entre los más destacados el francés  René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, la principal fuente y prueba final del conocimiento era el razonamiento deductivo basado en principios evidentes o axiomas. Para los empiristas, empezando por los filósofos ingleses Francis Bacon y John Locke, la fuente principal y prueba última del conocimiento era la percepción.

Bacon inauguró la nueva era de la ciencia moderna criticando la confianza medieval en la tradición y la autoridad y aportando nuevas normas para articular el método científico, entre las que se incluyen el primer grupo de reglas de lógica inductiva formuladas. Locke criticó la creencia racionalista de que los principios del conocimiento son evidentes por una vía intuitiva, y argumentó que todo conocimiento deriva de la experiencia, ya sea de la procedente del mundo externo, que imprime sensaciones en la mente, ya sea de la experiencia interna, cuando la mente refleja sus propias actividades. Afirmó que el conocimiento humano de los objetos físicos externos está siempre sujeto a los errores de los sentidos y concluyó que no se puede tener un conocimiento certero del mundo físico que resulte absoluto.

El filósofo irlandés George Berkeley estaba de acuerdo con Locke en que el conocimiento se adquiere a través de las ideas, pero rechazó la creencia de Locke de que es posible distinguir entre ideas y objetos. El filósofo escocés David Hume siguió con la tradición empirista, pero no aceptó la conclusión de Berkeley de que el conocimiento consistía tan sólo en ideas. Dividió todo el conocimiento en dos clases: el conocimiento de la relación de las ideas —es decir, el conocimiento hallado en las matemáticas y la lógica, que es exacto y certero pero no aporta información sobre el mundo— y el conocimiento de la realidad —es decir, el que se deriva de la percepción. Hume afirmó que la mayor parte del conocimiento de la realidad descansa en la relación causa-efecto, y al no existir ninguna conexión lógica entre una causa dada y su efecto, no se puede esperar conocer ninguna realidad futura con certeza. Así, las leyes de la ciencia más certeras podrían no seguir siendo verdad: una conclusión que tuvo un impacto revolucionario en la filosofía.

El filósofo alemán Immanuel Kant intentó resolver la crisis provocada por Locke y llevada a su punto más alto por las teorías de Hume; propuso una solución en la que combinaba elementos del racionalismo con algunas tesis procedentes del empirismo. Coincidió con los racionalistas en que se puede tener conocimiento exacto y certero, pero siguió a los empiristas en mantener que dicho conocimiento es más informativo sobre la estructura del pensamiento que sobre el mundo que se halla al margen del mismo. Distinguió tres tipos de conocimiento: analítico a priori, que es exacto y certero pero no informativo, porque sólo aclara lo que está contenido en las definiciones; sintético a posteriori, que transmite información sobre el mundo aprendido a partir de la experiencia, pero está sujeto a los errores de los sentidos, y sintético a priori, que se descubre por la intuición y es a la vez exacto y certero, ya que expresa las condiciones necesarias que la mente impone a todos los objetos de la experiencia. Las matemáticas y la filosofía, de acuerdo con Kant, aportan este último tipo de conocimiento. Desde los tiempos de Kant, una de las cuestiones sobre las que más se ha debatido en filosofía ha sido si existe o no el conocimiento sintético a priori.

Durante el siglo XIX, el filósofo alemán George Wilhelm Friedrich Hegel retomó la afirmación racionalista de que el conocimiento certero de la realidad puede alcanzarse con carácter absoluto equiparando los procesos del pensamiento, de la naturaleza y de la historia. Hegel provocó un interés por la historia y el enfoque histórico del conocimiento que más tarde fue realzado por Herbert Spencer en Gran Bretaña y la escuela alemana del historicismo. Spencer y el filósofo francés Auguste Comte llamaron la atención sobre la importancia de la sociología como una rama del conocimiento y ambos aplicaron los principios del empirismo al estudio de la sociedad.

La escuela estadounidense del pragmatismo, fundada por los filósofos Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey a principios de este siglo, llevó el empirismo aún más lejos al mantener que el conocimiento es un instrumento de acción y que todas las creencias tenían que ser juzgadas por su utilidad como reglas para predecir las experiencias.

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO I

Para que tengamos ocasión de comprobar hasta qué punto cualquier concepción de la realidad no sólo tiene sus orígenes, sino que está relacionada con una u otra concepción de nuestro modo de conocimiento, reproduzco en esta ocasión un artículo que podréis encontrar en internet relacionado con la Epistemología que, como es un poco extenso, lo distribuiré a lo largo de esta semana en tres apartados. Dice así: 

 “La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.

INTRODUCCIÓN.

He aquí unos de los grandes temas de la filosofía de todos los tiempos: elucidar en que consiste el acto de conocer, cual es la esencia del conocimiento, cual es la relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. A pesar de que es una operación cotidiana no hay un acuerdo acerca de lo que sucede cuando conocemos algo. La definición más sencilla nos dice que conocer consiste en obtener una información acerca de un objeto. Conocer es conseguir un dato o una noticia sobre algo. El conocimiento es esa noticia o información acerca de ése objeto.

La teoría del conocimiento es una doctrina filosófica. Para precisar su ubicación en el todo que es la filosofía, es necesario que antes aparezca una definición esencial de esta.

Una definición esencial de la filosofía se podría obtener atendiendo el significado de la palabra. El termino filosofía deriva del griego y quiere decir amor a la sabiduría o, lo que es lo mismo, deseo de saber, de conocer. Inmediatamente se nota que no se puede obtener de la filosofía una definición esencial, y, por lo tanto, obligatoriamente se debe de emplear otro método.

Por ejemplo la definición de filosofía que presentan Platón y Aristóteles como ciencia pura, es respectivamente la búsqueda de la virtud o de la felicidad.

Como dice Dilthey, “Lo primero que debemos intentar es descubrir un objetivo común contenido en todos aquellos sistemas a cuya vista se constituyen todos aquellos sistemas de la filosofía".

Estos sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibnitz, Kant y Hegel, ya que en todos ellos hallaremos una inclinación en la universalidad, una orientación en la totalidad objetiva por ejemplo: el ser, la esencia, el conocimiento.

En los principios de la edad moderna retomamos los caminos del concepto Aristotélico (tiene como centro una ciencia universal del ser). Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibnitz, presentan la misma orientación que caracteriza al Estagirita, ya que todos tienden al conocimiento del mundo objetivo. Kant por el contrario revive el estilo Platónico (procura elevar la vida, con todos sus conceptos a la conciencia filosófica).

Es verdad que Kant en su primera manifestación surge como una teoría del conocimiento como base crítica del estudio científico. Pero no se detiene en el ámbito teórico sino que avanza a formular la base crítica de todos los campos conocibles. Al lado de la Crítica de la razón pura, se encuentra la Crítica de la razón práctica, que aborda el tema de la valorización moral, y la Crítica del juicio, cuyo objetivo son las investigaciones críticas de los valores estéticos. Así pues, en Kant aparece la filosofía como una reflexión universal del pensamiento sobre sí mismo, como una reflexión del hombre estudioso sobre los valores de su conducta.

La supresión de todos los principios materiales y objetivos, los cuales existen indudablemente en Kant, de manera que la filosofía asume un carácter puramente formal y metodológico. Ésta postura intelectual provoca una reacción que forja un nuevo movimiento en el pensamiento filosófico, el cual vuelve a inclinarse a lo material y objetivo, constituyendo una renovación del carácter aristotélico.

Éste breve repaso de toda la evolución histórica del pensamiento filosófico, nos permite determinar otros dos elementos del concepto esencial de la filosofía. Al primero se conoce con la expresión "concepción del yo"; al segundo se le llama "concepción del universo". La filosofía es ambas cosas: una concepción del yo y una concepción del universo.

En todo conocimiento podemos distinguir cuatro elementos: 

  • El sujeto que conoce. 
  • El objeto conocido.
  • La operación misma de conocer.
  •  El resultado obtenido que es la información recabada acerca del objeto.

Dicho de otra manera: el sujeto se pone en contacto con el objeto y obtiene una información acerca del mismo. Cuando existe congruencia o adecuación entre el objeto y la representación interna correspondiente, decimos que estamos en posesión de una verdad.

PROBLEMAS FILOSÓFICOS GRIEGOS Y MEDIEVALES.

En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Por ello, uno de los principales sofistas, Gorgías, afirmó que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica.  La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.

Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo escolástico  Santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.

LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.

El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.

En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible y el conceptual reside en la singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.

En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual. Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego). La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.

Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico vislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados (conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.

La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.

La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad”.

(Continuremos mañana con la T.C.II)

SENTIDO DE ETERNIDAD

Como en otras ocasiones, reproduzco ahora el comentario del P. Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia- a la Liturgia de la Palabra del domingo III de Cuaresma (Éxodo 17, 3-7; Romanos 5, 1-2 5-8; Juan 4, 5-42). Suelo incluirlos en la medida en que me interesan, en la confianza de que a vosotros también lo hagan. En esta ocasión se refiere al sentido de la eternidad, y a mí me ha parecido una bella manera de hablar de los temas que, precisamente, venimos tratando. A ver lo que a vosotros os parece.

Dice así: 

“A la samaritana, y a todos los que en alguna medida se reconocen en susituación, Jesús hace una propuesta radical en el Evangelio de este domingo: buscar otro «agua», dar un sentido y un horizonte nuevo a la propia vida. ¡Un horizonte eterno! «El agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna». Eternidad es una palabra que ha caído en «desuso». Se ha convertido en una especie de tabú para el hombre moderno. Se cree que este pensamiento puede apartar del compromiso histórico concreto para cambiar el mundo, que es una evasión, un «desperdiciar en el cielo los tesoros destinados a la tierra», decía Hegel.  

¿Pero cuál es el resultado? La vida, el dolor humano, todo se hace inmensamente más absurdo. Se ha perdido la medida. Si falta el contrapeso de la eternidad, todo sufrimiento, todo sacrificio, parece absurdo,desproporcionado, nos «desequilibra», nos echa por tierra. San Pablo escribió: «La leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna». En comparación con la eternidad de la gloria, el peso de la tribulación le parece «ligero» (¡a él, que sufriótanto en la vida!) precisamente porque es «de un momento». En efecto, añade:«Las cosas visibles son pasajeras, más las invisibles son eternas» (2 Co 4,17-18). 

El filósofo Miguel de Unamuno (que además era un pensador «laico»), a un amigo que le reprochaba, como si fuera orgullo o presunción, su búsqueda de eternidad, respondía en estos términos: «No digo que merezcamos un más allá, ni que la lógica lo demuestre; digo que lo necesitamos, merezcámoslo o no, simplemente. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ésta todo me es indiferente. Sin ella no existe ya alegría de vivir... Es demasiado fácil afirmar: "Hay que vivir, hay que conformarse con esta vida". ¿Y los que no se conforman?». No es quien desea la eternidad el que muestra que no ama la vida, sino quien no la desea, dado que se resigna tan fácilmente al pensamiento de que aquella deba terminar.  

Sería una enorme ganancia, no sólo para la Iglesia, sino también para la sociedad, redescubrir el sentido de eternidad. Ayudaría a reencontrar el equilibrio, a relativizar las cosas, a no caer en la desesperación ante las injusticias y el dolor que hay en el mundo, aún luchando contra ellas. A vivir menos frenéticamente.  

En la vida de cada persona ha habido un momento en que se ha tenido cierta intuición de eternidad, aún confuso... Hay que estar atentos a no buscar la experiencia del infinito en la droga, en el sexo desenfrenado y en otras cosas en las que, al final, sólo queda desilusión y muerte. «Todo el que beba de este agua volverá a tener sed», dijo Jesús a la samaritana. Hay que buscar lo infinito en lo alto, no hacia abajo; por encima de la razón, no por debajo de ella, en las ebriedades irracionales.  

Está claro que no basta con saber que existe la eternidad; se necesita también saber qué hacer para alcanzarla. Preguntarse, como el joven rico del Evangelio: «Maestro, ¿qué debo hacer para tener la vida eterna?». Leopardi, en la poesía El Infinito, habla de un cercado que oculta de la vista el último horizonte. ¿Cual es para nosotros este cercado, este obstáculo que nos impide mirar hacia el horizonte último, hacia lo eterno? La samaritana, aquel día, comprendió que debía cambiar algo en su vida si deseaba obtenerla "vida eterna", porque en poco tiempo la encontramos transformada en una evangelizadora que relata a todos, sin vergüenza, cuanto le ha dicho Jesús.” 

¿Qué os ha parecido?

Y más concretamente…

… ¿qué os ha parecido el pensamiento de Unamuno?...

(Sabíais que era de Bilbao, ¿verdad?)