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::: Dorotatxu :::

UNA PROMISCUA RELACIÓN

Una queridísima amiga mía quien siempre concluye sus misivas con un significativo “un loto para ti”, me decía en una ocasión que la promiscuidad no era sino amor más compasión.

Pues bien. Si por compasión se entiende “padecer” unos y otros “con” los efectos del Amor o ante la presencia del desamor, me temo que no puedo estar más de acuerdo con ella, porque creo sinceramente que una relación de ese tipo es precisamente la que constituye como tal a la Iglesia.

Las idea es que se padece como reacción,

o        y que ese “padecerse con”,

o        tiene lugar por medio de una serie de relaciones

o        que se establecen entre individualidades

o        con la pretensión de vivirse y compartirse en el Amor.

Así, las relaciones que se establecen bajo la acción del Amor y como reacción a Él tienen una razón de bondad y como tal son generadoras.

Nos toca, por tanto, ser promiscuos...

Formar parte de una especie de sistema de vasos comunicantes a través del que,

o        sintiéndonos “afectos” por el Amor

o        y comunicándonos en cuanto que amados unos con otros,

o        como Iglesia lleguemos a compartir entre muchísimos el Amor.

Cuando así sucede, animados por el Amor y ya desde Ella, somos capaces de compartirnos también “nosotros mismos” como individuos con otros “ellos mismos” como individuos con la pretensión de comunicar no ya el Amor, sino nuestro amor.

Pero en esta relación deberíamos ser conscientes de que nuestra capacidad nunca la llena el otro extremo de la misma (sea quien sea) sino Dios, y que, porque esto es así, los vasos de unos y otros van completándose y enriqueciéndose en su respectiva capacidad, siendo que cuanto más se repleten, en mayor medida se enriquece la Iglesia.

Dentro de este entramado, a mí se me antojan válidas únicamente las relaciones que se establecen por Amor y en base a compartir el Amor.

Sin embargo, hay otro tipo de “amores” (los nuestros) que en ellas van incluidos y de los que ahora pretendo un poquito hablar.

Éstos conllevan nuestras experiencias de amor anteriores, nuestros errores dentro de ellas, nuestras expectativas, nuestras tendencias,

 ... y también nuestros aciertos.

De todo ello guardamos memoria, y tomando nota de tod@s ell@s, cada vez nos compartimos más sabiamente y lo hacemos mejor.

Puesto que (como diría otra joven amiga mía) “”aquí (a esta tierra) hemos venido “sólo” a aprender””, vamos a procurar todos entender cada vez más un poquito a ese Amor que porque se nos ha dado gratuitamente se comparte, para que (estando cada vez más capacitados y cada vez más cerca de Él) seamos capaces de participar dignamente de su comunidad.

No tengamos miedo de nuestros errores ni de ser en ese campo muy promiscuos,

  • porque de los errores también se aprende (y personalmente os diré que mucho),
  • y a fin de cuentas todos estamos llamados a compartir el más alto grado del Amor.

Aunque como veis “se me entremeten” los temas en la cabeza, voy a procurar ahora seguir con el tema de la Glosolalia a ver si soy capaz de colgarlo a la mayor brevedad...

Con cariño,

... esta “promiscua” que lo es...

¡PERO QUÉ SABIO DEBÍA DE SER AFRAATES!...

Benedicto XVI nos dice que la oración para el cristiano no consiste sino en llevar a Jesús en el corazón. Es la conclusión a la que llegó este miércoles durante la audiencia general en la que presentó las enseñanzas del obispo Afraates el Sabio, quien vivió en el actual Irak, y al que definió como «uno de los personajes más importantes y, al mismo tiempo, más enigmáticos del cristianismo siríaco del siglo IV». 

«Según este antiguo “Sabio”, la oración se realiza cuando Cristo habita en el corazón del cristiano, y lo invita a un compromiso coherente de caridad con el prójimo», explicó el Santo Padre a los más de 15 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.Citando al obispo iraquí, el Papa explicó que

  • la oración «es aceptada cuando consuela al prójimo.
  • La oración es escuchada cuando en ella se encuentra también el perdón de las ofensas.
  • La oración es fuerte cuando rebosa de la fuerza de Dios».

«Con estas palabras, Afraates nos invita a una oración que se convierte en vida cristiana, en vida realizada, en vida impregnada de fe, de apertura a Dios y, así, de amor al prójimo», explicó el Santo Padre.

Fiel a la tradición siríaca, el sabio obispo presentó la salvación realizada por Cristo «como una curación y, por consiguiente, a Cristo mismo como médico». «En cambio, considera el pecado como una herida, que sólo la penitencia puede sanar».

«Un hombre que ha sido herido en batalla -decía Afraates-, no se avergüenza de ponerse en las manos de un médico sabio». Y añadía: «del mismo modo, quien ha sido herido por Satanás no debe avergonzarse de reconocer su culpa y alejarse de ella, pidiendo el remedio de la penitencia».

Para el Papa al igual que para Afraates, Cristo es el «maestro de oración».

Para mí también.

¿No lo creéis vosotros así?

TXORIA TXORI

Estábamos dos amigos y yo hablando del modo en que entendía la inculturación del P. Arrupe, cuando comenzó a sonar en el audio del local la tan conocida canción de Mikel Laboa (Txoria txori) que acabamos cantando los tres. Creedme que a mis dos "mocetones", enzambrados en llevar adelante (no sin salero, sin esfuerzos y sin dedicación) un proyecto para la formación de pequeños y medianos empresarios en Panamá, en un momento dado se les llenaron los ojos de lágrimas, y a mí también.

Para quienes no la conozcáis, la letra del Txoria txori dice así:

“Hegoak ebaki banizkion (Si le cortara las alas)

Nerea izango zen (sería mío)

Ez zuen alde egingo (no huiría)

Baina horrela, ez zen gehiago txoria izango (bis) (pero entonces ya no sería un pájaro)

Eta nik, txoria nuen maite (bis)” (y yo quería ese pájaro)"

Hablar, hablar, hablábamos de la necesidad de que en Panamá fueran ellos mismos quienes realizaran el proyecto. Nuestra postura sería la de asesorar, colaborar, gestionar fondos que mis amigos habían logrado conseguir de la Diputación... ¡Pero el proyecto sería de ellos!.

De ahí (y no se muy bien a cuenta de qué, pero supongo que sería inspirados por la canción) salieron el tema de los hijos, y propuesto también por uno de los tres, el de la pareja.

La idea latente y común a los tres planteamientos, era la de que al amor (y por amor) hay que dejarle ser.

No como nosotros queramos, sino como está destinado a ser...

En el tema de la educación (de la formación de nuestros futuros profesores en Panamá y de sus futuros alumnos), de lo que se espera de los hijos, o de lo que cada uno se plantea a la hora de compartir su amor en pareja, “late” nuestro amor.

Pero nuestro amor ha de saber renunciar a nuestros supuestos para que cada una de esas realidades llegue a ser. Porque serán. Y serán por ellas mismas.

Así, nosotros nos vamos viviendo en relación a ellas, y nos vamos muriendo al mismo tiempo...

Nos morimos a nosotros, para vivir en ellas.

En ocasiones, nuestro amor tiende a ser posesivo e impositor. Cuesta renunciar a eso.

Otras veces, nuestras ilusiones, nuestros sentimientos nos juegan malas pasadas.

Pero una cosa es clara: sólo se acierta de una manera...

... y pensad que no hay amor más grande, que el de aquel que gasta su vida por los demás...

Las cosas no son ni son buenas porque nosotr@s seamos o porque seamos buen@s.

Realmente hay que hacerlas, o dejar que se hagan, con nuestra mediación, pero con desprendimiento.

Creo que por ahí va un poquito el concepto de la inculturación del P. Arrupe...

Pero si alguien no está de acuerdo conmigo, es el momento de opinar...

 

A VECES YO TAMBIÉN SOY WENDY...

En su momento, alguien me llevó al país de los sueños y me enseñó a soñar. Comprendí así el valor de la fantasía, la fuerza de la imaginación, pero decidí volver a mi realidad.
Peter se quedó allí, en su ensoñación.
Una vez casada y con hijos, cada año él nos visitaba. Para él, en el país de la ensoñación, no pasaban los años: seguía siendo un niño.
En una de las ocasiones que estuvo en casa, ya pasados los años de nuestro primer viaje al País de Nunca Jamás, Peter (Peter Pan) se enamoró de mi nieta (también Wendy) y decidió madurar.
Así, ellos también se casaron y fundaron su nueva familia.
Eran muy felices, pero parece que Peter había perdido parte de su alegría.
El motivo era uno: centrado en su progreso material, completamente agobiado por su trabajo y por sus responsabilidades familiares, a Peter se le había olvidado ser niño: a Peter se le había olvidado soñar.
Desde mi madurez, yo sufría porque comprendía el alcance de esta situación.
Una antigua realidad (Hook), una irreal realidad que sólo existía en su imaginación, fue la responsable de que Peter cambiara.
Amenazaba a su familia. Amenazaba a su País de Nunca Jamás.
Se dio cuenta de que, por amor, necesitaba volver a soñar, y así lo hizo, y entonces (enfrentándose a sus temores y a sus agobios) volvió a ser Peter Pan.
Un Peter Pan padre, un Peter Pan esposo, y por cuya familia yo velaré desde el cielo puesto que me tengo que marchar...
(Wendy)
Me sorprendo a mí misma contándoos el sentido de mi sueño de ayer, pero es que me ha hecho reflexionar.
Dejadme ser un poquito esa Wendy (abuela y nieta) que, estando siempre a vuestro lado, os motive para comprender la importancia de soñar.
Un sueño que nos transporte de nuestra realidad cotidiana y en el que, enfrentándonos a nuestros “prevengas” sobre él y a nuestros temores, nos permita ser libres, nos permita volar...
Porque sólo sabiéndonos capaces de volar podremos volver a nuestra realidad cotidiana, a esa familia que todos compartimos (la humanidad) cargados de fecundidad, ¿no lo creéis así?....
Perdonadme este capricho literario.
Sólo pretendía seguir hablándoos de nuestra común-unión con Dios.

PAKESEVEA

Me he levantado hoy de madrugada con la música de un anuncio en la cabeza. Parece que aún la oigo y, curiosamente, es ella la que me motiva a escribir. No me preguntéis por las imágenes porque no las recuerdo, pero sí su contenido: era un anuncio en el que se nos recordaba una frase del Principito: que lo esencial está oculto a nuestros ojos, y yo creo que así es: que sólo se ve con los ojos del Amor.

¿Y qué son los ojos del Amor, me preguntaréis?...

Pues bien. Los ojos del Amor son aquellos con los que se mira cuando se está enamorad@. Nada más.

Enamorad@, pero no de una persona ni de algo tangible por especialmente bell@ que sea, sino del Amor.

Es cuando reconoces y te enamoras del Amor cuando comprendes que el Amor existe,

  •  que está en ti,
  •  y que porque tú también eres amad@,
  •  ese Amor está para ti precisamente en esas personas o en esas situaciones que tú amas.

Es entonces cuando comienzas a mirarlas con los ojos de tu amor,

  • cuando eres capaz de vislumbrar en ellas un Amor que no concluye,
  •  y cuando enamorad@ tiendes a ellas, precisamente porque el amor siempre tiende al Amor...

Pero vamos ahora a hablar de nuestra prestancia a la hora de perseguir el Amor, de nuestro nivel de excelencia...

Sabemos que es por medio de nuestros actos como el Amor se comparte, pero sabemos también que, al intentarlo, ese compartirse el Amor en nuestra común-unión produce para cada uno de nosotros unos efectos (los inmanentes) en base a los cuales aquel que ama se hace amador, hasta que llega un momento en que a base de repetición de actos un@ alcanza a hacerse “un amador virtuoso”, es decir, un buen amante...

Yo suelo decir que ahí nos quiere Dios. Seres evolucionados que seamos capaces de compartir nuestro amor con el Amor y con l@s amad@s.

Ahí es donde cada un@ tendrá su camino.

Como la semejanza de Dios no es un ser humano (hombre o mujer) individualizado, sino la de ambos como comunidad de vida y amor, en esa comunidad de Vida y Amor de los seres humanos con Dios caben distintas posibilidades.

Cuando la elección es el Matrimonio tal y como lo concibe “técnicamente” la Iglesia, la pareja humana decide conscientemente colaborar en los designios de Dios para dar continuidad y velar por las nuevas vidas que, procediendo de Dios, a ellos se les encomienda. ¡Bendita tarea!...

Para ello contarán con “las vitaminas” de la consciencia de su tarea (la dosis suficiente de fe), de su constancia para preservarla (la dosis suficiente de esperanza), y de la entrega responsable de cada uno de sus componentes (la dosis suficiente de caridad). Ésa es la gracia específica del Sacramento del Matrimonio.

Pero hay otros modos de compartir los seres humanos con sus semejantes su propio amor y su propia vida, y de velar individual o conjuntamente, por el amor y la vida que en otros procede de Dios...

Creo que, sin pretenderlo, dejo sobre la mesa un planteamiento susceptible de vuestras intervenciones. Con él los dejo, esperándolas con impaciencia, mientras sigo ahora elaborando mi artículo sobre la Glosolalia y el Sacramento de la Confirmación...

Un saludo.

LA GRACIA DE LAS VITAMINAS, O LAS VITAMINAS DE LA GRACIA

Cuant@s la componemos sabemos que la Iglesia es una contumaz adolescente. No porque en el momento de la creación fuera incorrectamente constituida, sino porque como efecto del pecado original de los seres humanos y entre los seres humanos, la Iglesia histórica en su crecimiento y en su desarrollo siempre "adolece" del auxilio de Dios.

Así sucede, porque la Iglesia no es propiamente un ente, sino una entidad, y como tal entidad su ser se va constituyendo con unas determinadas características correspondientes a la forma de ser, de actuar y de relacionarse de cuantos la conforman, siendo que su momento existencial puede medirse como el resultado de la suma de los efectos inmanentes y transeúntes de los actos de cuantos compartimos por efecto de la Gracia, la Vida de Dios.

Así, con la presencia de la Gracia en cada ser humano y entre todos los seres humanos que la comparten, ese ser humano individualizado (creado de por sí capaz de transcenderse como nos decía nuestro amigo Pablo) incorpora a su ser una nueva capacidad por la que alcanza a comunicarse y a compartir con Él y entre sus semejantes la Vida de Dios.

Algo tan maravilloso sucede, porque con la presencia del Buen Dios en nuestras almas, parece que se nos entregara como Iglesia una suerte de “vitaminas”:

  • unas vitaminas que se correspondieran a nuestras individuales necesidades,
  • que se suministraran por algunos que de entre nosotros fueran responsables en cada caso de su distribución,
  • y que no fueran otras que la vitamina de la comprensión (la fe), la vitamina de la motivación (la esperanza), y la vitamina de la decisión (la caridad) ante la revelación de Dios.

Así pues, lo mismo que en determinados estados carenciales, nuestr@ galen@ nos prescribe la ingesta de vitaminas (que son sustancias no sintetizables por el organismo, pero indispensables para su correcto funcionamiento, y que como no pueden ser sintetizadas por el organismo, éste no puede obtenerlas más que a través de la ingestión directa) es como si a través de los sacramentos y ante nuestros determinados estados carenciales, nuestro Buen Dios nos recomendara a los componentes de la Iglesia unas apropiadas dosis de fe, de esperanza y de caridad ante cada ocasión.

Nuestras vitaminas son para nosotros por tanto nutrientes esenciales, es decir, nutrientes imprescindibles para la vida, porque aunque por sí mismas no aportan la Vida divina, sin ellas no podríamos aprovechar los elementos constructivos y energéticos de los que disponemos como comunidad.

Así, mediante la dosis indicada para el sacramento del Bautismo, bajo la acción del Espíritu Santo el nuevo cristiano es capaz “de abrir los canales de su trascendencia” al Amor de Dios. Esto hace que alcance una nueva condición, una nueva idiosincrasia, que pertenezca a una nueva etnia (como os decía en el artículo sobre el derecho a apostatar).

Cuando quienes lo reciben son niños, precisan como también decíamos del apoyo y del ejemplo de la comunidad, del mismo modo que lo precisan para aprender a hablar y a comunicarse en el desenvolvimiento normal de su vida para compartir y compartirse de ese modo en el amor.

Como le decía a Martika, el orden de los Sacramentos ni tiene que ser el presente, ni ha sido siempre así, salvo precisamente en el caso del Sacramento del Bautismo.

Decimos que lo instituyó Dios, porque dada nuestra condición natural (materia-alma/alma-materia) fue Él quien dispuso el modo en que la Vida Divina inhiriera en nosotros bajo los efectos de su Luz a través de algo tan material como es el agua, de un modo semejante a como la vida orgánica tuvo un comienzo bajo la superficie de las aguas y bajo la acción del sol.

También os decía al hablar del Sacramento del Bautismo, que aunque la presencia de Dios en el alma humana no está circunscrita a ningún tipo de celebración (pensemos si no en Ntra. Señora), éste si es el modo ordinario en que, como comunidad de individualidades se constituye la Iglesia.

Ése es por tanto el efecto propio de la Gracia de este Sacramento: que por la presencia de Dios en el alma humana, por la asimilación de las vitaminas de la fe, la esperanza y la caridad, y bajo la acción del Poder del Espíritu de Dios, como comunidad constituida por individualidades, seamos capaces de compartir la Vida de Dios.

Vamos a dejarlo aquí por hoy, no sin pedirle al Señor que me otorgue un poquito del don de la "glosolalia" (así se llamará el artículo que a éste seguirá) para llegar a explicar próximamente y con el mayor acierto posible los efectos de nuestras particulares vitaminas a través del resto de los Sacramentos de nuesro Buen Dios.

Hasta entonces, un cordial saludo.

OS VOY A DAR UNA OCASIÓN...

Os voy a dar la ocasión de felicitarme. Hoy es mi cumpleaños.

Suspendo mis afanes para ponerme en presencia de Dios y decirle que soy consciente. Que agradezco todos sus dones (¡tantos son!), y que me maravillo de ver hasta dónde llega su Poder.

¿Cómo puede ser que, después de tantos errores (o quizá por ellos) se siga fijando en mí, me siga amando?... Hay cosas inconcebibles, ¿verdad?...

Agradezco mi vida en su integridad, con todas sus ocasiones. Va siendo un recorrido apasionante.

Mi familia son mi orgullo y  mi corona (perdonad la cursilada), pero vosotros también (mi familia virtual).

Para quienes no lo sepáis, la Virgen de la Almudena y S. Teodoro (cuyas festividades se celebran hoy) son los patronos de nuestro blog. Ellos con toda seguridad interceden por nosotros para que siempre nos guíe la Luz de Dios. A ellos les he encomendado ese "recado".

Ya sabéis que a María me encanta invocarle como la Omnipotencia Suplicante. Ella, la llena de Gracia, es la primera y más capaz de relacionarse con Dios. Sea, por tanto, nuestra Embajadora.

Por su lado, S. Teodoro me gusta, porque su nombre nos va bien. Etimológiamente significa Gloria de Dios. A él le pediremos especialmente que interceda para que nuestro blog no sea otra cosa.

Pero como El Señor ya sabe lo que llevamos en lo más íntimo de nuestros corazones, a Él, a quien no necesito ni expresarlo pero que para que lo sepáis a vosotros os lo digo, le pido que si dispone de mí "como teclado", que así sea, pero que sea Él quien toque vuestros corazones, y quien además le ponga a nuestro blog su incremento.

Pedid conmigo para que así sea.

 

ADDENDA PRIMA

Mi primer y único añadido al artículo de D. Gabriel Mª de Otalora (ver SOBRE UNA SENTENCIA APARECIDA EN VALENCIA) fue para sugerir que sobre el tema del derecho a la apostasía, tal vez hubiera algo que añadir. Pues bien.

Hoy me gustaría decir que encuentro francamente irrazonable que nadie (en un momento en que su identidad no se vea amenazada), renuncie voluntariamente a su propia fe. Tendría que ser una persona desesperanzada (que no ofendida) quien así lo hiciera y quien decidiera conscientemente actuar contra ella misma (cosa poco probable). 

Digo ésto porque la razón es una facultad humana que sintetiza nuestro conocimiento y nuestra voluntad ante situaciones razonables, y pienso que el renunciar a nuestra condición de cristian@s conscientemente no lo es. 

Queda dicho en un artículo anterior (ver REFLEXIONES PRE-BAUTISMALES), que aunque el Sacramento del Bautismo no constriña la capacidad de Dios de comunicarse con un ser humano, sí que es el modo ordinario instituido por Nuestro Señor de hacerse presente en el alma humana por lo que a través de él se produce en quien lo recibe la inhabitación trinitaria, y con ello el comienzo de una nueva vida para el cristiano. 

Es así como comienza a vivir en nosotros, y a manifestarse  mediante nuestros actos (siempre que así lo propiciemos) el poder del Espíritu de Dios, y lo que con ello sucede es que se plenifican en la nueva criatura sus naturales capacidades de conocer a Dios y su bondad ontológica (como efecto de la fe), de saber de Él como nuestro Fin Último (lo mismo de la esperanza), y de optar por Él y actuar en consecuencia, siempre por nuestro propio bien (igualmente de la caridad). 

Esta presencia de la Vida de Dios en el alma (la Gracia) es preciso que la hagamos nuestra, es decir, que la acomodemos a  nuestras coyunturales circunstancias y que a base de la repetición de actos tendentes a ello, las hagamos en nosotros virtud. Un hombre o una mujer virtuos@ pues, teológicamente hablando, es un ser evolucionad@ en la adquisición de estas tres virtudes. 

Cuando bautizamos a nuestr@s hij@s siendo conscientes de esta realidad pues, no tratamos de incrementar las estadísticas, y ni siquiera les damos o les quitamos nada a es@s niñ@s: sencillamente favorecemos la celebración del Sacramento porque somos conscientes de que ello supone para el/la niñ@ el comienzo de una vida mística contando con la que a través de su vida podrá alcanzar su pleno desarrollo humano, moral y espiritual.  Sencillamente lo hacemos por su propio bien. 

Posiblemente por el relajo de todos estos conceptos en nuestra sociedad y porque muchas veces padres, padrinos y comunidad hemos hecho dejación de nuestras obligaciones, nos encontramos con que personas en su niñez bautizadas, como no ven coherencia entre lo que manifestamos con nuestras palabras pero demostramos no haber hecho nuestro con el corazón, ante determinados comportamientos excluyentes de algunos miembros de la Iglesia rechazan su propia identidad y no admiten para sí el hecho de ser considerados cristianos. 

Pero aunque sus datos puedan hacerse desaparecer con facilidad de un determinado registro, y aunque con ello (y supuesto que alguien lo mirara) se pudiera llegar a considerar que el número de cristianos descendiera, os diré que hay cosas que no van a pasar.

No es la primera vez que en la historia de la Iglesia se viven momentos de crisis. Pero porque la misma en su conjunto actúa bajo el poder del Espíritu de Dios, pervivirá.

De Ella, con nuestros aciertos y desaciertos participamos todos los bautizados porque con el Sacramento del Bautismo adquirimos una idiosincrasia que nos constituye en un Pueblo de Reyes, una Asamblea Santa, un Pueblo Sacerdotal... ¡Tenemos por qué ser, pues, un pueblo orgulloso!.

Pero puesto que las relaciones que se establecen entre los grupos humanos según su idiosincrasia son capaces de influir en el comportamiento individual de las personas, os diría que ante determinados comportamientos no hay que dejarse vencer ni violentar, porque de las relaciones de un ser humano con Dios sólo saben dos personas: ese ser humano, y Dios. 

Sabemos que Él no nos abandona. Se nos ha dado ya. Es nuestro, o mejor, tenemos que hacerlo cada vez más nuestro: tuyo y mío, o tuyo y mío (cristiano de cualquier condición) y entre los dos (entre toda la cristiandad). Ésto es lo que supone el carácter que imprime en nosotros el Sacramento del Bautismo

Mirad: el otro día le preguntaban a nuestro Lehendakari (el Sr. Ibarretxe) a ver cómo se podía entender en nuestros días lo que conocemos en nuestra tierra como el “Pase Foral” (es decir, aquello de que “se acepta, pero no se cumple”), y el Sr. Ibarretxe contestaba (a mi juicio con mucho acierto), que "el Pase Foral en el siglo XXI es tener capacidad para tomar nuestras propias decisiones".

Pues bien: únicamente nosotros podemos apartarnos de Dios. Además, Él sabe de nuestra intención.

Si nuestra intención al pretender borrarnos de un “registro de buenos cristianos” fuera manifestar nuestra disconformidad con una determinada situación, me temo queridos míos que no estaríamos hablando propiamente de una apostasía, sino de una infructuosa pataleta.

Sabiéndonos miembros de la Iglesia (porque juntos lo somos –querámoslo o no-) debemos velar porque la misma progrese en una determinada dirección.

No es cuestión de que vaciemos los Templos, porque aunque como postura pueda resultar expresiva del malestar de una parte de la Iglesia, lo cierto es que de la falta de relación con Jesús Sacramentado quien se perjudica es el cristiano, no el Señor.

Por eso os diría que veléis por seguir relacionándoos con Aquel que primero os ama y os hace capaces de amar.

Hablad con Él. Sentid su Amor. Os veréis fortalecidos y veréis que esta situación con la maduración como Iglesia desaparecerá.

Poneos en la fila para recibir la Eucaristía, porque que yo sepa ningún celebrante con la Forma en la mano pide la filiación. Reconciliaos en lo que de vosotros dependa con quienes no piensen (seguro que porque desconocen vuestras vivencias) como vosotros, sabiendo positivamente que también a ellos los ama Dios.

Mi propósito por supuesto no es provocaros a la insurrección, sino exponer la idea de que esta Iglesia peregrina tiene que continuar enderezando el rumbo (no sólo de la sociedad civil sino de la suya propia y las veces que sean necesarias) hasta llegar a alcanzar su madurez definitiva para lo cual los cristianos no podemos darnos por vencidos ante determinadas situaciones, sabiéndonos como somos co-herederos del cielo y auténticos hij@s de Dios.

Mucho ánimo pues, porque la Fuerza que nos viene de lo Alto nunca nos faltará...