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Diálogo entre amig@s

LA INSPIRACIÓN DE LOS CRISTIANOS.

No es la primera vez que mi contestación a las intervenciones de quienes comentan origina por sí mismo un artículo. Éste es el caso en esta ocasión. Pretendo contra-argumentar los comentarios que tanto Gorka como Joaquim realizaban al artículo LOS EVANGELIOS SIN-OPTICOS y mi respuesta dice así:

La cuestión es que estoy de acuerdo con los dos. Contigo, Gorka, estoy de acuero en que "en la interpretación de los Evangelios hay que estar abierto a lo que a cada uno inspire el Espíritu de Jesús", y contigo, Joaquim, en que "por supuesto puede hacerse buena teología con las aportaciones que realice tanto la historia como la ciencia", y en que "cuando nos acercamos a los acontecimientos de la historia debemos despojarnos de todo pre-juicio no intentando proyectar hacia el pasado nuestras actuales comprensiones de las cosas", pero no así de la realidad.

Es posible que "los actuales textos canónicos más que como expresión de lo externo o lo interno de la Iglesia, sean fruto de un pacto entre las diversas tradiciones surgidas al amparo de lo que dijo e hizo Jesús", como dices tú, pero yo creo más bien que hay un consenso implícito precisamente fruto de la actuación del Espíritu de Dios.

Lo que intentamos es mirar hacia el pasado bajo la luz de la fe, con la pretensión de contemplar lo acontecido con nuestra actual comprensión de la realidad.

Aun asumiendo que es así, poco importa que diversas fueran las fuentes de los cuatro evangelistas, la posibilidad de su mutua influencia, o que el cuarto de los evangelios (el del Zebedeo que tú dices, supongo que refiriéndote a S. Juan) fuera escrito por un discípulo suyo. En realidad y en su conjunto, los evangelios reflejan la fe de la Iglesia ante la revelación de la Palabra de Dios tal y como fué recibida por los apóstoles, y transmitida oralmente a quienes años después fueron capaces de transcribirlas siempre tratándose de receptores de "primera generación"

Como dices tú, "todos los hechos históricos, casi sin excepción, van siendo sometidos a revisión, y el de los orígenes del cristianismo no es ni debe ser una excepción". Pues bien. Yo te digo que poco importa que Nuestro Señor naciera en el año 0 o en el 44 de nuestra era. Bienvenido sea el dato; pero la mala datación inicial de la fecha, en nada condiciona el hecho de la encarnación del Verbo de Dios.

Quiero con esto decir, que las aportaciones de la ciencia pueden ser valiosas, pero no deben llevarnos a dudar de una interpretación sustancial de la Palabra de Dios, porque es efectivamente el Espíritu Santo no sólo quien inspiró a quienes transcribieron sus revelaciones, sino también quien inspira a quienes en su interpretación han acogido la Palabra de Dios.

Digamos que, con un cierto instinto, percibimos lo que es cohrente con Ella. En una ocasión (y permite que me refiera a mis vivencias), ante una determinada situación yo respondía: "no puedo saber lo que quiero, porque no lo he tenido nunca; pero sé muy bien lo que no quierol". Pues bien: aun persiguiendo algo que aún no hayamos tenido y como tal no lo conozcamos, sabemos perfectamente qué es lo que debemos seguir persiguiendo, al menos por exclusión.

Realmente con el artículo de Chacón pretendía sintetizar esto que ahora digo. Este hombre había llegado a una interpretación inclusiva, no excluyente de los Evangelios y eso me gustó. Tenía el apunte, pero para nada recuerdo de dónde lo saqué, así que busqué en internet para ver quién era esa persona. Como el artículo continuaba con una reflexión sobre su experiencia íntima en el trato con Dios y hablaba de retiros y cosas así, yo supuse que se trataba de alguien del Opus Dei; de algún artículo que nos hubieran suministrado a lo largo de la carrera. Imagina cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con que el Sr. Chacón es un pastor evangélico chileno...

Es aquí cuando de nuevo me muestro de acuerdo con Gorka en el sentido de que es el Espíritu Santo quien sopla cómo, dónde y sobre quien quiere, y en que es Él quien nos lleva a la comprensión acabada de la Palabra de Dios.

No es que no podamos dudar. Las dudas existen, pero precisamente han de ser un acicate para encontranos con la verdad. Busquemos si aún no hemos encontrado, porque como dice el Evangelio, quien busca encuentra.

Pero tampoco se trata de que de nuestra interpretación hagamos norma. Algo así debió intuir S. Mateo cuando trató de interpretar la voluntad divina de que nuestras interpretaciones, y por nuestra conveniencia,  tuvieran un rango. Pensemos que los carismas que cada uno posee son siempre dones destinados a la construcción de la comunidad, que los cristianos participamos de la fe comunitariamente, y que estamos llamados a constituir la Iglesia, no una torre de Babel.

Porque fué S. Pedro (según se dice en los cuatro evangelios, también en el de S. Juan) quien supo ver en el Cristo no al mesías político que restaurara la nación de Israel, sometiera el poder de los romanos y le diera primacía sobre todas las naciones sino al Hijo de Dios Vivo, personalmente no me cuesta en absoluto reconocer en él el carisma de discreción del que hablaba en el artículo LA ELECCIÓN DE PEDRO. Pero como decía también allí, éso no supone un derecho de dominio, sino un deber de servicio, al menos para mí, y en ese sentido y ante determinados comportamientos puedo estar completamente de acuerdo contigo.

Por lo demás, la Iglesia es algo vivo. Como decía Chacón, en Jesús todo es desbordamiento, y lo que ese desbordamiento es, es precisamente el Espíritu que nosotros compartimos y estamos llamados a desbordar, ¿no te parece?

EL SECRETO DE LA JOVEN QUE CONDUCÍA UN BUEY

Mirad que cuento tan hermoso nos ha remitido nuestra amiga Begoñi, y juzgad sobre cuánto tiene que ver con la experiencia que decíamos de la contemplación en el artículo de EL RAYO VERDE. Dice así:

"Hace mucho tiempo, un granjero viudo murió dejando un hijo y una hija huérfanos. Los niños sabían que seis generaciones antes, uno de sus antepasados había quitado la ciudad para instalarse en aquel remoto lugar y cultivar su arrozal. En su lecho de muerte, el granjero había dicho a sus hijos: "Cuando yo muera, no vendáis el arrozal. Desde hace cinco generaciones, nuestros antepasados han creído que el fundador de estas tierras había escondido un gran tesoro en ellas. Hemos heredado un poema para ayudarnos a encontrarlo".
Mi padre me dijo que para entenderlo había que meditar largo tiempo. Pero como todos hemos pasado nuestras vidas trabajando duramente para mantener el arrozal, no hemos tenido tiempo de meditar. Yo os transmito este tesoro. "No trabajéis tanto como yo; sólo lo suficiente para tener para vivir, y dedicaros al poema".

Después de enterrar a su padre, los hijos abrieron el sobre que les había dado y leyeron estos versos:

Ni techo de tejas sobre la cabeza
Ni tierra a cultivar bajo los pies
Viste un nuevo hábito
Y parte con un bastón
Un solo paso bastará para hacer temblar el mundo
Como un dragón saltando sobre su presa.

Los hermanos pensaron: El abuelo tenía razón, el poema es incomprensible. Primero nos habituaremos a nuestra nueva vida y luego tendremos tiempo para meditar. Pasaron los años. Los hermanos trabajaron duramente. Tuvieron buenas cosechas, reconstruyeron la granja de sus ancestros y se ganaron el respeto de toda la comunidad.
Sin embargo, el hermano nunca estaba en paz. No conseguía dormir. Conocía el éxito y la riqueza, pero todo lo que representaba ese éxito - la casa, el arrozal, el jardín- eran obstáculos en su búsqueda.
"Si quiero tener tiempo, he de abandonarlo todo. Pero si renuncio al arrozal, lo habré perdido todo", pensaba.
Su hermana le propuso que se retirara a un templo. Mientras tanto, ella se ocuparía de todo.
El hermano pasó tres años en un templo, practicando de todo corazón y concentrado en encontrar el sentido del poema, sin poder resolverlo. Un día regresó a su casa.
A lo lejos, vio a una joven que conducía un buey. Llevaba un ramo de flores en la mano, y cantaba. Al acercarse más, se dio cuenta de que era su hermana. Su actitud, su mirada, era la de una persona que había encontrado la paz, la felicidad y la alegría.
La hermana escuchó atentamente su historia y le dijo: "Cuando te fuiste, me encargué de todo sola. Nunca sentí que fuera una carga. Mientras los bueyes araban la tierra, yo me decía: "puede que el tesoro esté enterrado aquí mismo".
Cuando me di cuenta de que el tesoro podía estar en cualquier lugar del arrozal, comencé a arar más despacio, poniendo toda mi atención en cada centímetro de tierra. Un día comprendí que cada trocito del arrozal era un tesoro. Comprendí que la tierra es preciosa, no sólo porque produce arroz, sino porque es tierra.
Comprendí que lo que buscábamos no era un tesoro particular, sino la presencia única de todos los seres en el universo. Sentí un gran amor por toda la vida y todos los seres".

(Este cuento lo escribió un gran maestro zen para su mejor colaboradora y amiga, laica).

LOS EVANGELIOS SIN-OPTICOS

“Más vale acuerdo tácito que manifiesto” (decía Heráclito) manteniendo con ello que un punto de vista meramente histórico que nos atestigüe diversas y aún discordantes tradiciones, posee en su sustancia una riqueza y una solidez que no sería capaz de conferirle un testimonio perfectamente coherente pero de una sola tonalidad.

Este era el comienzo de un artículo a través del que pretendía argumentar cómo la realidad de la Iglesia está presente tanto en las predicaciones de Mateo o de Marcos como en el conjunto de la predicación de Cristo, cuando barajando diversa documentación me encontré con un artículo de Rubén Chacón que, ligeramente extractado, dice así:

“El Espíritu Santo inspiró ni más ni menos que cuatro “biografías” de Nuestro Señor Jesucristo. El evangelio según Mateo, según Marcos, según Lucas y según Juan.

El hecho de que haya cuatro evangelios indica por una parte, que se necesitó más de un evangelio para poder registrar en toda su dimensión la revelación del Señor Jesucristo. En efecto, cada uno de ellos tiene una parte del todo, de tal manera que juntos nos permiten apreciar el cuadro completo. Por otra parte, el hecho de que haya cuatro evangelios muestra también la suprema importancia que le otorga Dios a la experiencia de conocer a Jesucristo.

Ahora bien, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas reciben el nombre de evangelios sinópticos (de los formantes griegos syn –junto- y opsis –ver), porque es tal la cantidad de material en común que contienen que puede ordenarse su contenido en tres columnas paralelas, y así, con una sola mirada, ver el cuadro general de su contenido. El evangelio de Juan, en cambio, tiene muy poco material en común con ellos.

Pero la distinción formal o literaria no es la más importante. Desde el punto de vista de la revelación existe también una gran diferencia entre los evangelios sinópticos y el cuarto evangelio.

Los tres primeros –Mateo, Marcos y Lucas- tienen un fuerte énfasis en la acción de Jesús: en su ministerio, en sus hechos y obras. Son fundamentalmente la descripción exterior de lo que Jesús manifiesta, lo que era visible para los demás. Son como una fotografía de Jesús.

¿Y qué es lo que allí encontramos?. Que nuestro bendito Señor Jesucristo fue en sus días de carne un hombre extraordinario, único, admirable. Manifestó en su vida un poder tremendo que le permitía sanar a los enfermos, echar fuera demonios, hacer milagros y resucitar muertos. Actuó con una sabiduría insuperable y mostró un amor sobrenatural. Fue un hombre de oración, un maestro que enseñaba con autoridad y un siervo incansable.

Ahora bien, toda esa maravillosa exterioridad de la vida de Jesús no era otra cosa que el resultado de algo interior. Lo que era por fuera se explica únicamente por lo que ocurría interiormente en Él. Por ello, tratar de imitar a Jesús sin aquella interioridad sería un rotundo fracaso.  Nuestra tendencia al leer los evangelios es rápidamente tratar de producir los mismos hechos y obras de Jesús, y tendemos a pasar por alto esa realidad interior de Jesús. De esa manera nos desenfocamos y perdemos el camino.

Pero ¿en qué consistía esa realidad interior de Jesucristo?, ¿dónde la podemos ver?. Aquí entra en acción el evangelio de Juan. La pregunta de fondo que responde Juan es: ¿qué hay en la vida íntima de Jesús que explica la clase de hombre que es?...

Lo de Juan, más que una fotografía es una radiografía. Sólo a un hombre como Juan que vivía tan cercano a Jesús hasta el punto de ser el único que se recostaba sobre su pecho se le podía revelar tal interioridad. ¿Y qué es lo que encontramos allí?: lo que hay en el interior de Jesús es la comunión íntima, profunda y permanente con su Padre.

Lo que Juan nos muestra en su evangelio es a Jesús viviendo la vida humana por medio de la vida del Padre que moraba en Él. Aunque exteriormente Jesús hacía muchas cosas, interiormente estaba abocado a una sola cosa. Interiormente hay solo una cosa necesaria, como le dijo Jesús a Marta.

Interiormente, Jesús vivía con el corazón vuelto permanentemente hacia el Padre, amándole, confiando en Él, esperando en Él, dependiendo de Él, oyéndole, viéndole y palpándole. Este el secreto que explica la clase de hombre que era Jesús. En Jesús nada era actuación: todo era desbordamiento. ¿Cuánto de lo que nosotros hacemos es actuación o imitación?, ¿cuánto es desbordamiento?.

Pero Jesús nos transfirió su secreto. Leemos en Juan 6,57 “Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por (por medio de) el Padre, asimismo el que me come él también vivirá por (por medio) de mí”.En otras palabras: de la misma manera como el Padre había morado en Nuestro Señor Jesucristo y éste había vivido por medio de su Padre, así también Jesucristo morará en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo y nosotros viviríamos por medio de Él.

En conclusión,

  • los evangelios sinópticos nos muestran el ministerio que la Iglesia debe llevar a cabo en el mundo.
  • Dicho ministerio no es otro que el mismo llevado a cabo por Nuestro Señor Jesucristo.
  • El evangelio de Juan, no obstante, nos muestra el fundamento de la Iglesia, y por ende, el fundamento del servicio que ella debe llevar a cabo.
  • Pero el fundamento de la Iglesia no puede ser otro que Aquel que fue el fundamento del hombre Jesús.”

Yo tenía previsto barajar fechas, hablar de destinatarios, ofrecer síntesis, barajar estructuras, decir que los cuatro evangelistas presentaban a Jesús bajo distintas ópticas según su intencionalidad, pero al final me encontré con este artículo tan especialmente luminoso a mi modo de ver que no he podido por menos que reproducir.

Así, he acabado considerando que lo importante no son las fuentes que los evangelistas barajaran ni las fechas de la respectiva composición.

Lo importante no es que Marcos nos presentara a Jesús como un laico judío que considerara superadas las tradiciones rabínicas de Israel y quisiera abrir el sentido de la Escritura a los paganos. Tampoco lo es que Mateo nos lo presentara como un rabino que predicara la llegada del cumplimiento de las Escrituras, que mientras que Marcos se fijara más en la persona de Jesús Mateo lo hiciera en su doctrina, ni que para Lucas Jesús fuera un profeta que quisiera llevar el mensaje más bello de la Ley a los paganos o que considerara que Israel había tenido su misión histórica que concluía ahora con la predicación del mensaje a los paganos.

Como decía Chacón, esto no eran sino fotografías de algo más profundo de lo que nos habla S. Juan. Es él quien nos transmite en su evangelio que la maravillosa exterioridad de la vida de Jesús no era otra cosa que el resultado de algo interior.

El Jesús de Juan es el de la Sabiduría encarnada que dio origen a Israel y al mundo: todo lo pasado ha terminado porque se dirigía a Él. Ahora es Él quien tiene la palabra, o mejor, todo lo anterior eran voces como Juan Bautista: Él es la Palabra de Dios.

Es precisamente la comunidad de quienes acogemos esa Palabra y permanecemos unidos a Cristo en cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre Dios los que constituimos la comunidad de los Hijos de Dios que es la Iglesia.

No importa que esta realidad esté expresada con más o menos acierto utilizando categorías humanas. Lo que importa es que sepamos que esta común-unión en el Amor existe en Nuestro Señor Jesucristo, y que el fundamento de tal unión, nuestro motor, no puede ser otro (como diría Chacón) que Aquel que fue fundamento del hombre Jesús, en quien la comunicación con el Amor y en el Amor fué restaurada (añado yo).

Esta reflexión seguramente no aporta gran cosa a la pregunta que se hacía Joaquim sobre la elección de Pedro y que decía así:

““La tradición católica afirma que Marcos, el primero en redactar un evangelio, fue el incansable compañero de Pedro (una especie de secretario) y que, por tanto, su texto tiene el privilegio de ser la plasmación del magisterio del apóstol. ¿Por qué nada dice Marcos (8, 27-30) sobre la elección de Pedro –del que no dudo que tuviera un ascendente especial, como Juan, sobre el resto de los seguidores de Jesús- y sólo aparece esta escena en Mateo (16, 13-20) que al respecto “sigue” a Marcos?””

Hasta donde yo llego y sin considerarme en absoluto una exegeta, pienso que la diferente redacción simplemente obedece a la intencionalidad en el modo de presentar una misma realidad.

Sirvan en todo caso estas líneas para dejar constancia de que tanto en el evangelio de Mateo como en el de Marcos (y como en el tercero de los evangelios en el que también se relata este pasaje, diría yo), se está considerando una misma cosa: la virtualidad de la comunidad de los Hijos de Dios.

Veréis:

Mientras que Marcos escribía su evangelio dirigiéndose a unos destinatarios que provenían del mundo pagano, Mateo lo hacía en arameo para dirigirse a judíos cristianizados.

En ese contexto, Marcos nos presenta la incomprensión de los discípulos ante los prodigios y la enseñanza del propio Jesús, y el evangelista se pregunta si por ello habría que desesperar de todos los discípulos, respondiéndose a sí mismo que no, puesto que contra toda esperanza, Pedro se aparta de la opinión de la gente para reconocer “Tú eres el Cristo”. Sólo había podido hacerlo en virtud de una revelación del Padre como comprenderá Mateo después.

Sin embargo, Mateo no se hace ninguna ilusión respecto de la Iglesia: el que menos se piensa puede claudicar, incluso Pedro, y por ello en su texto procura dar principios de conducta y jefes autorizados a la comunidad de los creyentes, incluyendo directrices sobre cómo tomar decisiones y resolver conflictos dentro de la comunidad.Para Mateo en la Iglesia santos y pecadores se hallan mezclados hasta la última criba, y sin embargo la Iglesia es enviada en misión al mundo entero.

Como véis, ambos hablan de lo mismo, y ésta es mi modesta aportación.

Espero que mis pobres intentos te haya servido para algo, querido Joaquim...

EL RAYO VERDE

Estábamos mis amigos y yo comunicándonos de ese modo tan especial en el que las ausencias llegan a ser presencia, cuando de repente "como que oí" la pregunta que mi nuevo amigo Luís le dirigía a mi querida amiga Julia y que decía así: "¿Alguna vez llegaste a ver el rayo verde?"…  

Comprenderéis esta expresión si os digo que ambos son primos, y que a la anécdota a la que se referían es a la de que, cuando en su niñez el padre de Luís quería deleitarse con una puesta de sol y puesto que los primos con sus juegos le distraían, les conminaba a que se fijasen en el último rayo de sol que, como despedida lanzaba el astro rey tras el horizonte.  

Era muy singular y podían distinguirlo muy fácilmente: era verde.    

Por supuesto no llegaron nunca a verlo, pero a base de escudriñar el horizonte, aprendieron a mirar el atardecer con la misma apetencia y con la misma veneración que lo hacía el adulto que les acompañaba. 

Si os cuento esto, es para deciros que no es tan importante lo que miramos cuanto que nuestro modo de mirar: que lo importante no es lo que vemos, sino el haber aprendido a mirar con los ojos del amor. 

Nuestro paisaje se ilumina cuando miramos con esos ojos.

Bajo su óptica apreciamos las cosas buenas que hay tras una aparente monotonía, la cadencia de la vida en su transcurrir, nuestra propia pulsión dentro de ella, la armonía de toda la creación... 

Si así lo hiciéramos llegaríamos a la contemplación, y si de pintar esta experiencia se tratara, ya no hablaríamos de dibujar rayos verdes ni cosas que únicamente están en nuestra imaginación, sino de reflejar realmente con nuestros propios medios el explendor de todo lo creado y con ello toda la grandeza del Creador.

A Él le sea dada toda la gloria...

Que así sea.

 

LAS COSAS DE LA BIBLIA

Mirad qué cosa nos remite Txebox. A mí me ha parecido tan divertida como absurda. A ver a vosotros lo que os parece...

"La doctora Laura Schlessinger es una conocida locutora de radio de los Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono. Recientemente saltó la polémica (y más cuando se mezclan temas de religión y homosexualidad, donde cada persona interpreta lo que dice Dios y la Biblia de una manera distinta) cuando la presentadora atacó a los homosexuales. Esta locutora ha dicho recientemente que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, versículos 18 a 22 y, por tanto, no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia.. Lo que a continuación transcribimos es una carta abierta dirigida a la doctora Schlessinger escrita por un residente en los Estados Unidos, que ha sido hecha pública en Internet (no tiene desperdicio).

Querida doctora Schlessinger:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18 a 22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final. De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

a) Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo 21,7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

b) El Levítico 25,44 establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mexicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar
este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?

c) Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 5,19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo está o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

d) Tengo un vecino que insiste en trabajar en sábado. El Éxodo 35,2 claramente establece que ha de recibir la pena de muerte.¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?

e) En el Levítico 21,20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del cien por cien? ¿Se puede relajar un poco esta condición?

f) La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el Levítico 19,27. ¿Cómo han de morir?
g) Sé gracias al Levítico 11,6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al rugby si me pongo guantes?

h) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19,19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes(algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24,10-16) ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20,14)

Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable."

LA ELECCIÓN DE PEDRO

Como comentario al artículo EL POR QUÉ Y EL CON QUÉ DE NUESTRAS RAZONES, aparece una intervención de Joaquim que dice lo siguiente:

"Me pregunto qué tendrá que ver el magisterio de la Iglesia con lo que dijo Jesús. Puesto que en Mateo hay una perícopa en la que habla de formar una Iglesia, se tiende a leer que la Iglesia que tenemos es la que quería Jesús. Eso es leer lo que “queremos” leer. Dar por sentado el significado del texto, y eso no es así. En el contexto apocalíptico de fin de los tiempos de Jesús la institucionalización de una organización como la que tenemos no podía tener ningún sentido. Es un simple absurdo. Creo que más bien pensaba en una asamblea escatológica guiada por el Espíritu. Lo que tenemos es precisamente aquello contra lo que él luchó. A veces, las falsificaciones de la historia no hay que buscarlas en recónditos archivos, sólo hay que saber “mirar” lo que se tiene delante de los ojos. Por otra parte, los apócrifos pueden ser interesantes en muchos sentidos, pero no en cuanto a revelaciones extraordinarias del Jesús real. (De acuerdo con el último párrafo)."

También, y relacionada con el artículo "LA PERSONALIDAD DE JESÚS" nos encontramos con esta su segunda intervención:

Todos los dioses son el Señor. Pilatos quizás era un desalmado pero tenemos que reconocerle el mérito de haberse preguntado de forma retórica sobre qué es la verdad. La religión no es una repetición de ritos o frases, es una búsqueda constante. Y la cristiana es uno de los caminos posibles. No creo que sirva de mucho mortificarse preguntándose uno continuamente si Jesús es Dios encarnado o no. La imagen es hermosa pero es una aporía. Lo importante es la enseñanza que, después de dos mil años, podemos continuar adaptando en la búsqueda. Para el que tiene una buena poltrona que Jesús sea Dios es esencial (no es relativo); para los que no la tienen puede ser o no esencial pero en cualquier caso la dirección de dicha creencia tiene otra dirección más íntima. La de buscar y encontrar a Jesús en nuestros congéneres, sobretodo en los que sufren, formando una verdadera ekklesia” 

Desde luego, comparto tu sentido de Iglesia como comunión y como llamamiento, pero lo que la Iglesia es, y lo que Cristo es, me temo que no sea cuestión de nuestras interpretaciones. Son ellas precisamente las que nos desvían, y frecuentemente son efecto de los errores de interpretaciones ajenas.

 

Realmente la experiencia de Dios es algo íntimo, y en su formulación e intento de concreción avanzamos o al menos lo intentamos a lo largo de toda la historia. Pero piensa que es algo sencillo, Joaquim. Que si Dios se ha manifestado ha sido para que le comprendiéramos, aunque el resultado sea que en ocasiones nosotros lo complicáramos.

 

Mira:

 

Cristo es Cristo, y la Iglesia es Iglesia para cuantos compartimos ambas realidades, porque en ellos y a través de ellos se manifiesta actuando el Poder del Espíritu de Dios.

 

Es a través de nuestros actos también como el Espíritu de Dios se manifiesta. Para ello nacemos capaces, pero para ello tenemos también que estar capacitados. Es en la medida en que somos así, seres capacitados, como podemos convertirnos en hábiles instrumentos en las manos de Dios, aunque para ello tengamos que rendir a sus proyectos nuestra voluntad.

 

Somos seres habitados, actuados por Dios quien actúa a través nuestro. Fue Cristo quien adquirió para nosotros esa condición: una persona humana en quien habitaba la plenitud del Espíritu de Dios.

  

Así, merced a la gracia creada y a la aceptación de la voluntad de su Padre para con Él de Jesús de Nazaret, por compartir su humana naturaleza somos Iglesia, una institución a través de la que actúa como te digo el Poder del Espíritu de Dios.

 

Esta es una realidad objetiva. No porque pueda fijarse con más o menos rigor cronológicamente, o porque una serie de pensadores le presten más o menos credibilidad, sino porque la acción del Espíritu es comprobable antes, ahora y siempre.

 

Porque era el Ungido, y porque sobre Él actuaba el Espíritu de Dios, Cristo adquirió para nosotros esa condición.

 

Puede haber maneras de entenderlo, pero sólo hay una cosa que entender. Esa realidad, preexistente al pecado original y que en Cristo se regenera, no es otra cosa que la Iglesia, Iglesia que llegará a su plenitud al final de los tiempos. Mientras tanto, el pueblo de Dios co-existe, actuando y actuado por cuanto que en él habita, por el Espíritu de Dios.

 

Dentro de esta común-unión en el Espíritu que tuvo su origen y realización en la persona de Jesús de Nazareth, hubo dos personas especialmente significativas. Una de ellas fue María, y la otra precisamente San Pedro, de quien hablamos hoy. Estoy convencida de que la razón para la elección de ambos fue la de su especial capacidad de discernimiento ante la auto-manifestación de Dios.

 

En el caso de María, Dios no eligió a una persona leída, ni a alguien poderoso como la mujer de Caifás, por ejemplo, sino a una persona capaz de acoger la Palabra de Dios, y en el caso de San Pedro, también se justifica esta opinión puesto que él fue el único capaz de reconocer en el Cristo, al Mesías: al auténtico Hijo de Dios.

 

Fue este discernimiento el que motivó que en ese momento Jesús le entregara las llaves de su Iglesia. No se trata de dominio, puesto que la Iglesia es una construcción de piedras vivas de la que Cristo es la Piedra Angular y en la que habita el Espíritu Santo, sino de discreción.

 

También sobre Pedro y sobre sus sucesores actuaría el Espíritu de Dios con un cometido concreto: el de regir los destinos de la Iglesia. Así ha sido a lo largo de los siglos, y así será hasta el final de los tiempos, a mi entender, por voluntad de Dios.

 

Esta es mi opinión, querido Joaquím, y esta es la opinión que compartimos quienes, sabiéndonos Iglesia, aceptamos la voluntad de Dios. Eso no quiere decir que en la Iglesia no haya vaivenes. Lo que defendemos es que reconocemos en la Iglesia, actuando toda ella bajo la autoridad del Papado, la actuación del Espíritu de Dios.

 

Espero que mi interpretación te interese...

LA ORACIÓN DE SAN IGNACIO

Puesto que mañana Dios mediante celebraremos la festividad de San Ignacio de Loyola, quería aprovechar esta ocasión para felicitar a los 19.216 miembros de la Compañía de Jesús (son datos a fecha 1 de enero de 2007), de entre los que 13.491 son sacerdotes, 2.049 escolares, 1.810 hermanos y 866 novicios.

Los mismos datos dicen que en el transcurso de 2006 ingresaron en la Compañía 486 personas, que la dejaron 378, y que el promedio de edad de todos los jesuítas es de 57,34 años.

Como si entre ellos nos hallásemos, queremos con ellos suplicar al Señor que nos de la gracia de conocer y cumplir con perfección su santísima voluntad, y lo haremos mediante una oración que San Ignacio rezaba con todo el corazón y que dice así:

"Tomad Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo dísteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro; disponed de mí a vuestra santa voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta"

Que Dios nos de la gracia de que sepamos ser hábiles instrumentos en sus manos, y de que se haga en nosotros y a través nuestro su Voluntad. Que así sea.

LA REALEZA DEL AMOR

Relacionado con el artículo "El Carpe Diem del Amor", aparece un comentario de mi amigo el micólogo (al que denomino así porque su alias es soy@setas.com) que merece por sí mismo una consideración.

Dice así:

"Una definición la de “amor verdadero” bastante restrictiva por otro lado. Cabría pensar quizá en el altísimo porcentaje de la población que termina sus vidas sin acceder, ni aspirar a ese “nivel” de amor. Teniendo en cuenta que el amor no parece ser un requisito indispensable para el matrimonio (es mi opinión, pero bastará con recordar cualquier boda de la realeza de los últimos siglos, para darse cuenta de que impedimento serio no es), quizá estemos hablando de una opción existente, al alcance de aquellas personas conocedoras y deseosas de tal, de manera equivalente al nivel de amor al que puede aspirar una monja de clausura, pero no excluyente de niveles intermedios de amor, increíblemente cariado en sus formulaciones"…

Yo me temo que no hay niveles intermedios en el Amor, “arrobasetas”: sólo en su práctica, en nuestra participación…

Y te digo además, que si hay algo que realmente resulta real en el Amor, es su condición de perceptible y su condición de añorable también.

Ambas cualidades subyacen en nuestras relaciones, y es por tanto lógico que coexistan tanto en las uniones de hecho, como en los matrimonios morganáticos, en las experiencias místicas o en cualquier otra modalidad de relación en la que nos decidamos a entregar nuestra intimidad.

Todos sabemos de amor y de desamor. Ni siquiera podemos confundirlos en cuanto el verdadero amor se nos hace manifiesto. Sencillamente sabemos que lo es. No es cuestión de formulaciones porque no puede restringirse a nuestra interpretación.

Lo que nos confunde es la idea de sentirnos a nosotros mismos como medida de todas las cosas. Así no es. El Amor está ahí para todos, y nuestro criterio no modifica en modo alguno su naturaleza puesto que no es susceptible de restricción.

Como te digo, está ahí y está ahí para todos. Sólo hay que tener la mirada limpia para percibirlo, y un corazón puro para participar generosamente de Él, y eso sea cual sea nuestro momento y sea quien sea el otro sujeto con el que queramos compartir nuestra participación.

Éstos si que son los requisitos para un verdadero  matrimonio y para decidirnos por tanto a una común-unión en el Amor.