La frase con la que pretendo aportar luz a estos colectivos, aparece publicada el 18 de septiembre de 2004 en la revista electrónica Zenit, servicio diario a través del cual se difunde “una visión del mundo visto desde Roma” y dice así…
… «Si creemos en serio en nuestros ideales, no tiene sentido tener miedo de nuestros instintos; al contrario, debemos servirnos de ellos para amar y vivir aún mejor esos mismos ideales, con más coraje y fantasía»…
Esta afirmación está incluida en una entrevista concedida por Amedeo Cencini, religioso de los Hijos de la Caridad (canosiano), profesor de la Universidad Salesiana y del Instituto de Psicología de la Universidad Gregoriana de Roma, y consultor desde 1995 de la Congregación para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y está destinada a fomentar una comprensión acabada del celibato eclesiástico.
Dentro de la entrevista, y hablando de una posible tendencia homosexual dentro del colectivo de los futuros sacerdotes, tras mantener que no existe prueba científica que demuestre que en el ámbito del celibato eclesiástico este tipo de problemas sea más frecuente que en otros ámbitos de la vida, el entrevistado afirma que:
... la cuestión de la homosexualidad es una cuestión muy delicada que ha de ser tratada con extrema atención por parte de los formadores, toda vez que “en torno a ella, en cuanto a su naturaleza y génesis, en las perspectivas de soluciones y en sus límites, no existe todavía un consenso por parte de los estudiosos”.
Aunque el contenido de todas las afirmaciones vertidas en esta entrevista ha de ser interpretado dentro del ámbito del celibato eclesiástico,
... la concepción de la sexualidad humana como una energía preciosísima creada por Dios y donde habita el Espíritu Santo (una energía que ha de ser integrada en un proyecto personal de vida como dice Amadeo Cencini), nos es particularmente válida para discurrir hasta qué punto esa interiorización de la propia en nuestro proyecto de vida, ha de suponer para nosotros “un crecer positivamente en un amor maduro, en una experiencia progresiva de una relación con Dios, que de verdad puede llenar el corazón humano, y hacerlo siempre más capaz de amar, y amar de una manera divina”, como dice el mismo Cencini.
Creyendo interpretar correctamente el contenido de esta entrevista, me van a permitir Vds. que formule una serie de consideraciones, que no pretenden sino contribuir a una mejor comprensión de la condición de estos colectivos de homosexuales y lesbianas dentro de la Iglesia, y que son las siguientes:
Sucede que, cuando Dios crea a Adán y Eva, crea con ellos el alma humana, y la crea “a su imagen y semejanza”. Quiere esto decir, que el alma humana es masculina y femenina a la vez, por haber sido creada a imagen y semejanza de un Dios que es Padre y Madre a la vez, y esto quiere decir y supone también, que al ser esa parte esencial del ser humano (el alma), la que éste comparte a un nivel intencional (dimensión ésta a través de la que las facultades espirituales se comparten) con otros seres espirituales y con Dios mismo, ninguna de las manifestaciones de esa comunicación puede ser negada o ninguneada…
El resto es un simple corolario:
Como es el alma la que anima al cuerpo, y la concepción de la realidad y de su conveniencia para sí, la que fija los objetivos y motiva la conducta del ser humano, la consideración que desde fuera nosotros podamos hacer de determinadas conductas sexuales como equivocadas o no, no nos da derecho, y en ningún caso nos capacita, para juzgar (y mucho menos anatemizar) las relaciones de otros seres humanos con Dios, con sus semejantes, o con nosotros mismos…
Sólo Dios conoce la rectitud de nuestra intención, porque Suya es nuestra alma, alma que todos estamos llamados a compartir, animados por su Espíritu, para mayor gloria de Dios…
Este Espíritu que habita en nosotros, y que busca su comunicación contando con nuestra deficiente naturaleza, es también el mismo Espíritu que se nos alcanza a través de los Sacramentos…
... Y sucede que la participación en su común-unión, tanto de cada ser humano en particular, como de los seres humanos entre nosotros y en la medida en que seamos capaces de comunicarnos y de compartirnos con Él, no es otra cosa que la Iglesia,
... Una Iglesia a la que pertenecemos, por voluntad de Dios, todos los bautizados…
Que Dios nos ayude a no ser excluyentes, y a amarnos unos a otros "con su mismo Amor"