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QUIENES HAN HECHO NACER LA VIDA

 Quienes han hecho nacer la vida, tienen el deber de ayudar a desarrollar la vida según su propia naturaleza. Los padres han recibido del Creador la fecundidad, que es principio de vida, y con él la autoridad, que es principio de orden.  Son ellos los primeros y obligados educadores.  Este derecho-deber educativo de los padres se califica como esencial, original y primario, insustituíble e inalienable.  El elemento más radical que determina este deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno, que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. Este amor de los padres se transforma de fuente de amor, en alma que anima, y en norma que inspira y guía toda la acción educativa. La educación, dentro de su acción evangelizadora y educativa, ha sido siempre una de las grandes preocupaciones y realizaciones de la Iglesia. El fundamento de esa acción educativa de la Iglesia es el que le corresponde como Madre. Es una maternidad que se extiende en primer lugar a sus propios hijos, a los que está obligada a dar una educación que llene su vida del espíritu de Cristo. Quien hace nacer a la vida cristiana por el Bautismo, asume el deber de ayudar a crecer y a desarrollar este don por medio de los sacramentos y de la formación. La Iglesia cuando evangeliza, educa, y al educar, ilumina a la persona en todas sus dimensiones: en su afirmación individual, en su apertura social, en su creatividad cultural e histórica, y en su vocación trascendental. El deber de anunciar a todos los hombres el camino de salvación, se lo dio Jesucristo. Al final de su vida en esta tierra dijo a sus discípulos: “Id, pues, y predicad a todas las naciones... Enseñad a observar todas las cosas que os he mandado. Y Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. A este Magisterio, junto con el mandato de enseñar, le concedió el carisma de la infalibilidad. Con relación a los demás hombres (a los no bautizados), la Iglesia es también maestra por el mandato universal recibido por Cristo. Para este cometido utiliza todos los medios que puedan serle útiles, empezando por los que le son propios. En primer lugar, la formación catequética: el cristiano debe estar en un proceso permanente de educación en la fe, a través de las múltiples formas de la acción pastoral. La educación de los cristianos en este sentido es constante: la Iglesia no deja nunca de educar, de formar, de ayudar a sus hijos. Y lo hace asumiendo los verdaderos valores de cada época y de cada cultura, sin que tal asunción suponga la “reducción a nada de la luz de Cristo”, o la minoración o desfiguración de los contenidos de la fe. En la actualidad encontramos elementos que, bajo una capa del progreso y autonomía, alejan de Dios e implantan nuevas servidumbres y dominaciones del hombre para con el hombre, o hacen al hombre esclavo de sus propias pasiones.  Frente a estos elementos esclavizantes, la fe cristiana ejerce una función crítica, mostrando los riesgos de deshumanización latentes en esas manifestaciones, expresando el sentido de la verdadera liberación, y  transmitiendo y expandiendo la auténtica cultura humana.   El contenido de la enseñanza religiosa responde a cuestiones que el hombre de todo tiempo se plantea: Se centra en la persona, sus problemas, sus expectativas y sus necesidades más profundas, para ayudarle a encontrar y conocer sus raíces, darle razón de su esperanza y fundamentar así sus ideales más nobles. Acerca de esto, el Concilio Vaticano II, a través de su Constitución pastoral Gaudium et Spes (nº 41), nos dice: “El hombre contemporáneo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el descubrimiento y afirmación crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se le ha confiado la manifestación del misterio de Dios, que es el fin último del hombre, la Iglesia descubre con ello al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad más profunda acerca del ser humano”. La Iglesia pretende traducir lo esencial del mensaje cristiano en las categorías o modos propios de cada cultura. Considera necesaria la síntesis entre la cultura y la fe, bien a sabiendas de que esto no es únicamente una exigencia de la cultura, sino también de la fe. Porque “una fe que no se convirtiera en cultura sería una fe no aceptada plenamente, no pensada enteramente, no vivida fielmente”.  Si la fe se situase al margen de la cultura, sería una fe infiel a la plenitud de cuanto la palabra de Dios manifiesta y revela. En el mismo documento al que antes aludíamos, (ahora en el nº 42 de la Gaudium et Spes), la Iglesia nos enseña: “La buena noticia de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre caído; combate y elimina los errores y males que provienen de la seducción del pecado; purifica y eleva la moral de los pueblos; fecunda las cualidades espirituales y tradiciones, la consolida, perfecciona y restaura en Cristo” 

La Declaración Gravíssimum Educationnis

 En el prólogo este texto,  Santo Concilio Ecuménico expone la consideración de “gravísima importancia” que le merece la educación para la vida del hombre, ante el influjo cada vez mayor que la misma tiene para el progreso social de nuestro tiempo. La educación, tanto de los jóvenes como una cierta continuidad en la formación de los adultos, se hace más fácil y a la vez más urgente en las circunstancias actuales. Plantea que los hombres, cada vez más conscientes de su dignidad y de sus obligaciones, desean participar cada vez más activamente en la vida social y política. Los admirables progresos de la técnica y de la investigación científica, y los nuevos medios de comunicación social, ofrecen a los hombres –que gozan de mayor tiempo libre-, la oportunidad de acercarse con facilidad al patrimonio cultural del pensamiento y del espíritu. También de complementarse mutuamente por el trato más estrecho que existe entre las distintas asociaciones y entre los pueblos. Para responder a esta situación, todos los estamentos realizan esfuerzos para promover la educación:·         Se hacen declaraciones y se consignan en documentos públicos como derechos primarios del hombre (sobre todo de los niños y de los padres), los que se refieren a la educación·         Se multiplican por doquier (ante el rápido crecimiento del número de alumnos), y se perfeccionan las escuelas. ·         Se fundan otros centros de educación.·         Se cultivan métodos de educación y de enseñanza, con nuevas experiencias. Se realizan grandes esfuerzos por llevar estos métodos a todos los hombres, aunque todavía muchos niños y jóvenes se vean privados de una instrucción fundamental, y otros muchos carezcan de una educación conveniente en la que se cultive a un tiempo la verdad y la caridad. La Santa Madre Iglesia, consciente de su obligación de atender a la vida entera del hombre, incluso a la vida terrena en cuanto esté relacionada con la vocación celeste, para cumplir el encargo recibido de su divino Fundador, que es el de anunciar a todos los hombres el misterio de la salvación y renovarlo todo en Cristo, asume que también le corresponde una parte en el proceso y expansión de la educación. La Declaración Gravissimum Educationis del Sagrado Concilio Vaticano II, expone algunos principios fundamentales sobre la educación cristiana (sobre todo en las escuelas), que posteriormente deberán ser aplicados por las Conferencias episcopales a las diversas condiciones de los paises. Estos principios aparecen explicitados en los siguientes apartados: ·         Derecho universal a la educación y su noción.·         La educación cristiana·         Los educadores.·         Varios medios para la educación cristiana.·         Importancia de la escuela·         Obligaciones y derechos de los padres.·         La educación moral y religiosa en todas las escuelas·         Las escuelas católicas·         Diversas clases de escuelas católicas·         Facultades y Universidades Católicas·         Facultades de ciencias sagradas, y·         La coordinación escolar. A modo de conclusión, el Concilio exhorta encarecidamente a los mismo jóvenes a que, conscientes del valor de la función educadora, estén dispuestos a abrazarla con ánimo generoso, sobre todo en las regiones en que la educación de la juventud está en peligro por falta de maestros, y A la vez que se muestra agradecido a los diversos colectivos que se dedican a la enseñanza religiosa en cualquier género y grado de escuelas, los exhorta a que perseveren generosamente en su empeño y a que, de ese modo, se esfuercen por sobresalir en llenar a sus alumnos del espíritu de Cristo, en su acierto pedagógico y en el estudio de las ciencias, que no sólo promuevan la renovación interna de la Iglesia, sino que mantengan y acrecienten su beneficiosa presencia en el mundo de hoy, sobre todo en el intelectual. 

Vamos a proceder a continuación a resumir los contenidos de cada uno de los apartados que hemos mencionado, pero no sin antes decir que

·         la fidelidad a la fe y al Magisterio de la Iglesia, entraña para los cristianos el compromiso de la adquisición (al nivel que corresponda) de los conocimientos necesarios para la comprensión de la estructura y contenido de la fe revelada por Dios y transmitida por la Iglesia Católica (contenido que ha sido actualizado recientemente con la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica). 

Consideraciones sobre los principios educativos

 1.        Sobre el derecho universal a la educación y su noción Este primer apartado comienza con una declaración de principios: “Todos los hombres de cualquier raza, condición y edad, por su dignidad de persona, tienen derecho inalienable a una educación que responda al propio fin, al carácter propio y a la diferencia de sexo, que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias y que, al mismo tiempo, esté abierta a la asociación fraterna con los otros pueblos para fomentar la verdadera unidad y la paz en la tierra”. Pasa a continuación, a darnos una noción de lo que debe ser la verdadera educación: “La verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último, y al mismo tiempo, al bien de las sociedades de la que el hombre es miembro, y en cuyas tareas tomará parte tan pronto como llegue a adulto”. Estimula a los educadores para que, teniendo presente el progreso de la ciencia psicológica, pedagógica y didáctica, ·         ayuden a los niños y a los adolescentes a desarrollar armónicamente sus cualidades, tanto físicas como morales e intelectuales, y ·         a que gradualmente adquieran un sentido más completo de la responsabilidad y de la verdadera libertad. A  medida que su edad avance, ·         deberá instruírseles en una positiva y prudente educación sexual, y ·         deberán ser preparados para compartir la vida social de modo que, contando con la debida capacitación puedan insertarse activamente en las diversas agrupaciones de la sociedad, se abran al diálogo con otros y aporten con interés y con gusto su trabajo para llevar adelante la consecución del bien común. Los niños y los adolescentes tienen también derecho a que se les estimule a estimar los valores morales con conciencia recta y a abrazarlos con adhesión personal, así como a conocer y a amar más perfectamente a Dios.  Por tanto, se ruega a todos los que gobiernan los pueblos, o están al frente de la educación, que se cuiden de que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho. A los hijos de la Iglesia, se les exhorta para que presten su ayuda en el campo educativo, de modo que los beneficios de la educación, y de la enseñanza, puedan extenderse cuanto antes a todos los rincones de la tierra.  2.        La educación cristiana 

Los cristianos todos, puesto que al convertirse en nueva criatura por la regeneración que les viene del agua y del Espíritu Santo se llaman hijos de Dios, y lo son, tienen derecho a la educación cristiana.

 La madurez que esta educación persigue va dirigida a que los bautizados, a medida que se vayan introduciendo gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación, se vayan haciendo cada día más conscientes del don de fe que han recibido.·         que aprendan a adorar a Dios padre con sinceridad de espíritu,·         que se preparen para realizar su propia vida conforme a la justicia y la santidad de la verdad; ·         que traten de realizar en sí el tipo del varón perfecto que es Cristo y ·         que colaboren en el crecimiento del Cuerpo Místico. Que, conscientes de su vocación, ·         se acostumbren a dar testimonio de la esperanza que poseen y ·         a ayudar a que se realice la configuración cristiana del mundo, para contribuir así al bien de la sociedad entera. 

El Concilio recuerda en este apartado a los pastores de almas su gravísima obligación de disponer las cosas de forma que todos los fieles disfruten de esta educación cristiana, sobre todo los jóvenes, que son la esperanza de la Iglesia.

 3.        Los educadores Recuerda en este apartado los deberes y las obligaciones de los distintos participantes en el proceso educativo, así como lo que se espera de ellos. A los padres, por haberles dado vida, les compete gravísimamente la educación de los hijos. Se les  debe reconocer como los primeros y principales educadores. Su papel es difícilmente sustituíble, pues de los padres depende que crezca en la familia ese ambiente de amor y de piedad hacia Dios y hacia los hombres que favorezca la educación integral, personal, y social de los hijos.  La familia es la primera escuela de las virtudes sociales de que todas las sociedades necesitan. Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida con la gracia y con el deber del sacramento del Matrimonio, es necesario que ya desde los primeros años los niños sean enseñados a sentir a Dios y a tratar con El, y a amar al prójimo conforme a la fe que recibieron en el bautismo.  En ella sienten la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la Iglesia. Tiene, por tanto, la familia cristiana una importancia decisiva para la vida y el desarrollo del mismo Pueblo de Dios. La tarea de impartir la educación que corresponde primariamente a la familia, necesita de la ayuda de toda la sociedad. Por lo tanto, aparte de los derechos de los padres y de aquellos a los que los padres confían una parte de esta tarea, también a la sociedad civil le tocan ciertas obligaciones y derechos, en cuanto que es propio de ella ordenar las cosas que se necesitan para el bien común temporal. El Estado deberá pues proteger las obligaciones y los derechos de los padres y de los que participan en la educación y prestarles ayuda. Como su papel es subsidiario, debe completar la obra de la educación cuando no basten los esfuerzos de los padres y de otras instituciones (siempre atendiendo a los deseos de los padres), y crear escuelas e institutos propios en tanto en cuanto lo exija el bien común. A la Iglesia le corresponde el oficio de educar, no sólo porque deba ser reconocida como una sociedad humana más, capaz de dar una educación, sino porque tiene la misión de anunciar a todos los hombres el camino de la salvación, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo, y de ayudarles con un cuidado constante a que puedan llegar a la plenitud de esa vida. A sus hijos, la Iglesia como Madre que es, está obligada a darles una educación por la que toda su vida quede penetrada del espíritu de Cristo. Pero a la vez, a todos los pueblos ofrece su colaboración para promover la perfección íntegra de la persona humana, el bien de la misma sociedad terrestre y la edificación de un mundo que esté configurado más humanamente. 4.        Varios medios para la educación cristiana 

Al tiempo que se sirve de la instrucción catequética, la Iglesia aprecia en mucho y trata de penetrar de su espíritu y elevar los demás medios que pertenecen al patrimonio común de la humanidad, y que contribuyen a cultivar los espíritus y a formar a los hombres, como son los medios de comunicación social, las agrupaciones culturales y deportivas, las asociaciones juveniles y, sobre todo, las escuelas.

 5.        Importancia de la escuela 

La importancia de la escuela desde el punto de vista educativo radica en que, a la vez que se cultivan las facultades intelectuales, se desarrolla en el alumno la capacidad de juzgar rectamente, se le introduce en el patrimonio cultural conquistado por las generaciones anteriores, se promueve el sentido de los valores, prepara para la vida profesional y fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole y condición, originando así una disposición a comprenderse mutuamente.

 Además, constituye como un centro en cuyas fatigas lo mismo que en sus éxitos, deben participar a una las familias, los maestros, las asociaciones de distinto género que promueven la vida cultural, cívica y religiosa, la sociedad civil y la comunidad humana entera. El documento considera hermosa la tarea de quienes, ayudando a los padres en el cumplimiento de su propio oficio y actuando en representación de la comunidad humana, toman la tarea de educar en las escuelas.  Esta vocación exige unas dotes especiales de inteligencia y de espíritu, una preparación diligentísima, y una siempre pronta disponibilidad a la renovación y a la adaptación. 6.        Obligaciones y derechos de los padres Es preciso que los padres gocen de una verdadera libertad a la hora de elegir las escuelas de sus hijos. El poder público que tiene por misión proteger y defender las libertades de los ciudadanos, sin descuidar la justicia distributiva, debe procurar que las ayudas públicas se repartan de manera que a los padres les sea posible elegir, según su propia conciencia y con verdadera libertad, las escuelas para sus hijos. Cualquier intento de manipulación, de imponer cualquier tipo de monopolio sobre las escuelas, se opone a los derechos innatos de la persona y al progreso y divulgación de la misma cultura, a la pacífica comunicación de los ciudadanos, y al pluralismo que hoy rige en nuestras sociedades. Solicita el Concilio la colaboración de los cristianos en aras a encontrar una ordenación de estudios y unos métodos aptos de educación, para que se formen maestros que valgan para educar acertadamente a nuestros jóvenes, y para que, sobre todo por medio de asociaciones de padres, colaboremos en la labor total de las escuelas y, principalmente, en la educación moral que en ellas deba darse. 7.        La educación moral y religiosa en todas las escuelas 

Se plantea en este punto la necesidad de que la Iglesia se haga presente a los muchísimos cristianos que se educan en escuelas no católicas: por el testimonio de la vida de aquellos que les enseñan y dirigen, por la acción apostólica de los condiscípulos, y sobre todo por el ministerio de los sacerdotes y seglares que les enseñan la doctrina de la salvación en forma proporcionada a la edad y a las circunstancias, y les prestan ayuda espiritual con actividades acomodadas a la realidad concreta del momento.

 A los padres se les recuerda en esta circunstancia, el grave deber que les atañe de disponer, y aun de exigir, todo lo necesario para que sus hijos puedan disfrutar de tales ayudas y para que progresen en la formación cristiana armónicamente a igual paso que en la profana.  8.        Las escuelas católicas La escuela católica busca los fines culturales y la formación humana de la juventud. Pero lo característico de ella es crear en la comunidad escolar un ambiente animado por el espíritu evangélico de libertad y de caridad, y ayudar a los adolescentes a que, a la vez que en el desarrollo de su propia persona, crezcan según la nueva criatura que por el bautismo han sido hechos. El conocimiento que gradualmente van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre queda así iluminado por la fe.

SER JOVEN

LA JUVENTUD no es un periodo de la vida, es un estado del espíritu, un efecto de la voluntad, una cualidad de la imaginación, una intensidad emotiva, una victoria del valor sobre la timidez, un gusto de la aventura sobre el amor al confort. No se es viejo por haber vivido cierto número de años, se es viejo porque uno ha desertado de su ideal. Los años arrugan la piel, renunciar a un ideal, arruga el alma. Las preocupaciones, las dudas, los temores y los desesperos, son los enemigos que, lentamente, nos hacen acercar hacia la tierra, recubriéndonos de polvo, antes de la muerte. Joven es el que se emociona y extasía. El que pide como el niño insaciable, ¿y después?, desafía las dificultades y encuentra la alegría en el juego de la vida. Seréis tan jóvenes como vuestra fe, y tan viejos como vuestra duda. Tan jóvenes como la confianza que tengáis en vosotros mismos. Tan jóvenes como vuestra esperanza. Tan viejos como vuestro abatimiento. Continuaréis jóvenes mientras seáis receptivos. Receptivo a lo que es bueno, bueno y grande. Receptivo a los mensajes de la naturaleza, del hombre, del infinito. Si un día vuestro corazón está mordido por el pesimismo y cobijado por el cinismo, rogad a Dios tenga piedad de vuestra alma de anciano. Mac Artur, 1945

LA ABOLICIÓN DEL HOMBRE

Resúmen crítico-evaluativo de La abolición del hombre (C.S. Lewis): Lewis es un autor al que, a lo largo de toda su obra, puede caracterizársele por dos cualidades: Conoce perfectamente las reticencias y el funcionamiento de los mecanismos mentales que utiliza el hombre al plantearse su posible respuesta ante los requerimientos de la fe o de la religión, y como él mismo admite, posee una imaginación “fuera de toda disciplina” La síntesis de ambas y sin duda su largo periodo de búsqueda que desembocó en su conversión tardía al catolicismo (él mismo reconoce en este libro que para llegar al conocimiento de la verdad son necesarios tanto un apego permanente a la misma como un adecuado sentido del honor intelectual), le permiten:   Aventurar las claves del razonamiento de los promotores de una propuesta educativa que Lewis denomina en este libro como Innovadora: Deduce que tratan de borrar todo rastro de los valores tradicionales, replanteándose la educación bajo un nuevo prisma en el que se protegería la mente de los jóvenes contra sus sentimientos. Enfatizan algunos sentimientos (emotivismo ético) sin considerar su “justicia” o “adecuación” intrínsecas en la medida en que les son útiles, creando en los alumnos “por sugestión” mecanismos de reacción ante un tipo de sentimientos más manejables. Se pretende: a) Redimensionar los sentimientos y/o b) Inculcar en el alumno una manera de actuar coherente con un sentimiento cuya auténtica naturaleza se pretende que desdeñe. Con ello se consigue la manipulación del alumno y se le conduce al personalismo y relativismo moral.Consiguen extender la difusa idea de que materias como el juicio de valor, la buena fé y la justicia pueden ser confiados al criterio de los alumnos (si alguna vez fuera necesario hacerlo) en el terreno de lo que se ha dado en llamar “racional”, “biológico” o “moderno”. Los valores se manipulan, cuando no ridiculizan. Analizar los efectos de esta propuesta educativa (en la que se elimina todo rastro de valor objetivo), tanto para la formación del propio alumno (la producción de Hombres Sin Corazón en la medida en que se elimina en ellos la referencia al sentido real y último de los sentimientos, de Hombres Abstractos, como consecuencia de sustituir un autocontrol individual basado en una escala de valores objetiva por la imposición de una norma diseñada por los innovadores-manipuladores, o de No-hombres, porque cuando el hombre acepta tratarse a sí mismo como materia prima, acaba convirtiéndose en materia prima manipulable por los manipuladores), como para la misma sociedad en la medida en que se decida a asumirla (su propia destrucción como consecuencia del dominio ejercido por el hombre no sobre la naturaleza, sino sobre los propios hombres).Formular un diagnóstico del momento actual, caracterizado por la manipulación del hombre por el hombre, por un intento de control sobre los valores del individuo por parte de los manipuladores, por la posibilidad de contar con la protección de un Estado magnificado y omnicompetente, y por el desarrollo excesivamente acelerado para su gusto de las ciencias particulares, quienes, prescindiendo de la consideración de la Humanidad como una única civilización encardinada en el espacio y en el tiempo, persisten en ignorar su causa final y reducen su objeto a lo meramente cuantitativo, desdeñando las propiedades cualitativas, que son las que las hacen ser reales.Instrumentar el concepto de El Tao: Estos resultados son previsibles en la medida en que nos apartemos de lo que Lewis denomina con un término genérico, el Tao, que no es otra cosa que lo que otros conocen como Ley Natural, o Moral Tradiccional, o Principios Básicos de la Razón Práctica, o Fundamentos últimos. Bajo esta denominación, y prescindiendo de que su origen pueda considerarse o no como algo sobrenatural, nos presenta Lewis una serie de concepciones morales tanto de oriente como de occidente y de religiones, tanto cristianas como paganas y judías, que tienen en común lo que nuestro autor denomina Teoría del Valor objetivo, esto es, la comprensión de que ciertas actitudes son realmente verdaderas o realmente falsas con respecto a lo que es el Universo y a lo que es el hombre mismo. El reconocer este valor objetivo, dice Lewis, supone reconocer en la realidad una cualidad tal que “exige” una respuesta, tanto si se la damos, como si no. A estos principios o fundamentos, no puede llegarse a modo de conclusión: son previos a todo razonamiento y premisas de todo comportamiento. Manifiesta Lewis que, salvo que se acepte que el Tao es al mundo de la acción lo que los axiomas al mundo de la teoría, no podrá encontrarse ningún género de principio práctico de actuación, porque nunca habrá un juicio de valor radicalmente nuevo en la Historia de la Humanidad: la mente humana no tiene más poder para inventar un nuevo valor que para imaginar un nuevo color primario. Aunque considera Lewis que el contenido del Tao es susceptible de evolución, nos advierte de que la crítica al mismo ha de hacerse desde su interior (o no será crítica en absoluto), y de la no conveniencia de inquirir sistemáticamente la validez de un valor o de retrasar la obediencia al mismo en tanto la verificamos. Utiliza el Tao como referencia conceptual a lo largo de toda la obra, por cuanto mantiene que el resultado de la educación es completamente distinto si se actúa o no conforme al mismo. En realidad, La abolición del Hombre comienza con una reflexión: Lewis se cuestiona si realmente prestamos la debida atención al contenido de determinados libros de texto destinados a alumnos de los ciclos inferiores de la enseñanza.El análisis de determinados capítulos de lo que él denomina Libro Verde (y otro de un tal Orbilio) le sirven a nuestro autor para denunciar los efectos esperables de una política educativa (la Innovadora) en la que se prescinde de todo rastro de valor objetivo: el relativismo subjetivista. A niños de corta edad, mediante juegos, se les manipula la mente en un sentido negativo, haciendo que, cuando sean adultos y puedan optar por una u otra escala de valores, lleven incorporadas ya concepciones como las de que todas las frases que contengan un juicio de valor hacen referencia al estado emocional del sujeto que las pronuncia, que tales afirmaciones carecen de importancia, o que los sentimientos son despreciables y contrarios a la razón. Además, se estimula a los alumnos a que extiendan el uso de esa generalización, por cuanto que con ello llegarán a ser “tipos listos” a los que no podrá engañárseles con facilidad. Para la propuesta Tradicional (la acorde con el Tao), la pretensión es la de inculcar en el alumno aquellos valores que sean, en sí mismos, adecuados. Los educadores tratan de transmitir un concepto de humanidad del que ellos mismos participan, y el objetivo es formar al alumno (como diría Aristóteles), tanto en lo que se debe como en lo que no, es decir, formar sus conciencias. Pero pese a todo lo que venimos diciendo y antecede, Lewis no se muestra pesimista, y se permiteApuntar una salida: Considera Lewis que la situación no es enteramente nueva, dado que de alguna manera la educación y la cultura han pretendido siempre ejercer ese tipo de control sobre las personas. Considera que el deseo de felicidad prevalece en el hombre (al menos como posibilidad), y no duda de que quienes fundaron la ciencia moderna fueron hombres para quienes su amor por la verdad superaba a su amor por el poder. En realidad, piensa que en todo proceso aglutinador la eficacia la consiguen los elementos positivos y no los negativos, y por eso confía en que el ser humano sea capaz de superar la situación actual mediante un conocimiento filosófico animador de otras ciencias particulares, cuyo objeto material sea toda la realidad, que no explique nada dándolo por descontado, y que cuando hablase de la parte no olvidara el todo. Una nueva Filosofía Natural que sea en todo momento consciente de que el “objeto de la naturaleza” producido por el análisis cuantitativo y abstraccional no es el objeto real en sí mismo, sino un punto de vista cuyo estudio no haría sino aportar datos para su conocimiento “real”, y propiciara la evolución o corrección, en su caso, de tal abstracción.

 

¿Y POR QUÉ EDUCAMOS EN LA FE?...

REFLEXIONES PRE-BAUTISMALES

Todos recordaremos esta fecha como la del bautizo de Pablo Gonzalo, un niño nacido del amor, por amor y para amar. En este día, la Iglesia celebra además la fiesta de Nuestra Señora bajo una determinada advocación: la de la Virgen del Pilar. A Ella acudimos en primer lugar para poner a este niño bajo su protección, y para rogarle que, bajo su especial madrinazgo,    Pablo Gonzalo sea capaz de progresar a lo largo de su vida y mediante sus actos de conocimiento y amor a Dios, en la nueva dignidad que ahora adquiere a través del Sacramento de su Bautismo, Y para pedirle también que, contando con la Gracia y con el poder del Espíritu de Dios, este niño sea capaz de hacer presente mediante sus obras y en la medida en la que de él dependa, el Reino de Dios en la tierra. Es esta una común tarea que, aún contando con nuestras deficiencias, todos los cristianos compartimos, y eso es así, porque en tanto que compartimos la Gracia, actúa sobre nosotros y mediante nuestros actos el Espíritu Santo, o, dicho de otro modo, porque por la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en nuestras almas, sobre nosotros y a través de  nuestros actos actúa el poder del Espíritu de Dios. Es así como llegamos a ser y a actuar como hijos Suyos. No porque antes no procediéramos de sus manos, o porque no fuéramos capaces de actuar en un determinado sentido, o       sino porque desde el momento en el que sobre nosotros actúa la fuerza del Espíritu de Dios, nuestros actos alcanzan a provocar unos determinados efectos, tanto para nuestra propia evolución personal, como para las distintas realidades que establezcamos, tanto con otros seres personales, como con nuestro entorno.  Conscientes de esto, su Bautismo es la primera experiencia cristiana de la que aquellos que asumimos la presencia de Dios en nuestras vidas queremos hacer partícipe a Pablo Gonzalo.  Tras las palabras del Sacerdote, y por el poder que a las mismas les confiere el Espíritu de Dios que actúa a través de ellas, al recibir las aguas del Bautismo la presencia de la Santísima Trinidad en este niño será una realidad. Con esta presencia Dios mismo le participa del poder de su Espíritu, de modo que a partir de ese momento y como si de una maravillosa fotosíntesis se tratara, Pablo Gonzalo será capaz de sintetizar la Luz del Amor de Dios y de utilizarla en su propio provecho, de compartirla,  y de actuar en consecuencia.  Será mediante sus actos como pondrá de manifiesto esta realidad, y será mediante sus actos también como podrá participar del Amor de Dios y compartirlo con todas las criaturas.  Esto es así, en origen, porque todos participamos de la Gracia creada de Jesús de Nazaret, y eso es así también, o       porque sobre una humanidad constituida como capaz de Dios, mediante el Sacramento del Bautismo comienza a actuar sobre nosotros y desde nosotros la fuerza del Espíritu de Dios.  Esto es lo que describe exactamente la lectura que hemos elegido: Cristo, el Ungido, es bautizado. Pero es su humanidad, que no su divinidad lo que se bautiza. Es de este modo como llega a instaurarse la nueva alianza de Dios con todos los seres humanos, y es a partir de ese momento también cuando sobre el Hombre-Dios Jesucristo, comienza a actuar contando con su voluntad y mediante sus obras, el poder del Espíritu de Dios. Todos estamos llamados a esta experiencia. En realidad, ésta es la vocación de todo cristiano.  Es la Gracia del Sacramento del Bautismo la que nos capacita para responder a esta llamada. Pero para hacer este proyecto realidad, tenemos en primer lugar que ser conscientes de lo que esta llamada significa, y tenemos también que prestarle la adhesión de nuestra voluntad.  Es al hacerlo cuando alcanzamos nuestra plenitud como seres humanos, porque como decíamos al comienzo al hablar de este niño, todos hemos nacido del amor (de Dios), por amor (de nuestros padres) y para amar (para vivir el Amor). Con su Bautismo Pablo Gonzalo adquiere una nueva capacitación: La de llegar a ser y a actuar como “otro Cristo”. La de llegar a participar mediante sus obras y porque sobre ellas actúa el Espíritu Santo, en la comunión del Amor de Dios.  Nosotros somos conscientes de este hecho, y eso es precisamente lo que con gran alegría celebramos. A partir de su Bautismo nuestra comunidad contará con un nuevo miembro: Pablo Gonzalo será ya un cristiano. Con su Bautismo, nosotros vamos a renovar el compromiso de nuestro Bautismo. Nos comprometeremos también, con la ayuda de Dios, a dar ante este niño testimonio de nuestra fe y razón de nuestra esperanza.  Pero puesto que una y otra se concretan en una persona, en Jesús de Nazaret, vamos a pedirle a Dios que nunca lleguemos a desorientar a este niño con nuestras mezquindades y extravíos, sino que Pablo Gonzalo sea capaz de elevar sus ojos a Aquel de quien proviene toda ternura y descubrir en el misterio de Amor hecho realidad en la persona de Jesús de Nazaret su propio destino: una persona  muerta para la carne,   pero resucitada y vivificadora por participar en el Espíritu de Dios. Sin duda Nuestra Señora hará suyo cuanto aquí pedimos para este niño.  Con Ella vamos a desear, que lo que rogamos se haga realidad para mayor Gloria de Dios. Que así sea.

DEL PODER QUE PROVIENE DEL AMOR

DE LA NECESARIEDAD DE LA ESPERANZA

CONVERSACIONES CON BEGOÑI

Sobre la eutanasia infantil 

Ya he leído el artículo sobre la eutanasia infantil que salió en El Mundo del domingo,
Begoña…

A mi modo de ver, se trata de legislar y justificar algo incontrovertible, ¡ya sabes!...

… el derecho/deber a la vida de un ser humano…

Una cosa es el encarnizamiento terapéutico (un no a eso)…

… otra las unidades de tratamiento del dolor (un sí a eso)…

… y otra la interrupción voluntaria de una vida humana.

Sin entrar a considerar los efectos de una iniciativa como la de autorizar la eutanasia,

… la idea es que la vida se comparte…

¡Y que esa vida también es nuestra!

¡Cómo no solidarizarse con el dolor de unos padres!... 

¡Mira!:

Ya sabes que mi amiga Inés tuvo a su hijo tres meses en coma profundo…

Los médicos les dijeron que era irreversible, pero ellos no cejaron. Todo era acariciarle, contarle los partidos de football, afeitarle, ponerle música de su gusto…

… todos le escribíamos cada vez que íbamos a verle en un cuaderno…

¡Hasta que un día despertó!...

… y ahora no hay quien le eche un galgo con su coche…

Todos crecimos con su mejoría, ¡te lo aseguro!...

¿Recuerdas cuando te decía que lo más importante de un amante no era lo que te amase él, sino lo que te hiciera amar a ti voluntaria y conscientemente?...

Bien…

… ¡pues él fue para nosotros un gran amante!...

 

Bilbao, a 15 de septiembre de 2004

 

 

Conversación con Begoñi  

(Begoñi):

Maruchi, el viernes “el sifu” quiere que pasemos una hora en meditación por las víctimas de la escuela rusa. Nos ha pedido que busquemos una vela, que llevemos cerillas e incienso…

Bueno, sólo el que quiera; el que no quiera historias religiosas (esa palabra la ha usado él, no tiene porqué hacerlo. Así como de pasada dijo que se trataba de poner una luz por tantas almas perdidas…

Y a mí, que me como el coco por todo, se me plantea un problema porque encender algo tan perecedero como una vela, que se enciende y se vuelve a apagar para solidarizarme con tanto dolor, me produce más dolor aún, es como si volviera a tener delante de los ojos la fragilidad de tantos niños que han muerto en este atentado. No llevar la vela puede entenderse como algo soberbio, pero llevarla porque sí me parece hipócrita…

… ¿qué me dices?...

  

(Maruchi):

Para mí ya sabes lo que significa la luz…

… y encender una luz significaría mi deseo de participar con ellos en la Luz…

Yo lo hice el viernes pasado en mi casa…

 (Begoñi):

¿Te refieres a intentar llegar a ellos allá donde estén?...

 (Maruchi):

Me refiero a intentar unirnos con ellos en el Amor allá donde estén (eso es la Comunión de los Santos, cuando oigas hablar en cristiano)…

 (Begoñi):

Una vez leí esta explicación de la reencarnación por un monje budista: una vida pasa a otra como la luz de una vela pasa a otra vela. Las velas son diferentes, pero la llama es la misma. Nuestra personalidad desaparece, pero no esta luz…

Para mí sigue dominando el dolor y la sensación de extinción…

Salgo a trabajar, pero voy a repetirme lo que me has dicho a ver si lo veo.

 (Maruchi):

Para nosotros no, maitea…

La vida nos habita, pero no es que “nuestra vida” pase de un ser a otro, sino que la Vida (El Espíritu Santo) toma distintas formas sustanciales en los diferentes seres de cada naturaleza y habita en nosotros…

En el caso de los difuntos, habita en ellos en el modo propio que les corresponde como miembros de una naturaleza espiritual, una vez que ésta se ha separado de su naturaleza material.

Cuando el designio de Dios se cumpla (es decir, cuando todas las naturalezas sean recreadas en Xto. y su Amor sea en nosotros), cada ser disfrutará de la plenitud de su naturaleza, y todos nosotros tomaremos de nuevo cuerpo puesto que nuestra naturaleza incluye un componente material…

… un cuerpo “transfigurado”, lleno de Luz, lleno del Espíritu Santo, de la fuerza de Dios…

Mientras tanto, y como las personas nos trascendemos y podemos comunicarnos con otros seres personales a un nivel intencional (un nivel que excluye la limitación de la materia), también podemos participarnos y participar de su amor y del Amor de Dios con los difuntos…

… ¡y eso es la Comunión de los Santos!...

 (Begoñi):

Eso es la fe, lo que yo no tengo. Por eso creo que si pongo una vela estaré cumpliendo un rito, estaré haciendo como los demás; lo haría sólo para no complicarme la vida. Pero mientras sienta como siento, creo que no voy a poner ninguna vela. Y eso me pone un poco triste.

 (Maruchi):

¡Fíate, Begoñi!...

¡Si no, no podrás experimentar!

Dale la modalidad que quieras, ¡pero ora!...

… ¡o dí lo que te diga el corazón!...

Inténtalo y observa…

… ¡verás hasta dónde llega la fuerza de la oración!...

 (Begoñi):

Creo que sólo me va a salir echarme a llorar…

 (Maruchi):

Antes o después, Begoñi…

… ¡déjate alcanzar por Dios!...

Él sabe lo que sientes, y tu sientes así porque Él tiene tus mismos sentimientos…

No es una “chocholada” lo que te digo:

Tú eres porque Él es…

… y eres a su “imagen y semejanza”…

Él es y actúa “ilimitadamente”…

… ¡imagínate su dolor!...

No tiene cuerpo: es Espíritu Puro…

… y es a ese nivel espiritual como podemos compartirnos con Él y con nuestros hermanos difuntos…

¡Aunque no digamos nada!...

… ¡aunque sólo lloremos!...

 (Begoñi):

Gracias por lo que me dices; me dejaré llevar.

 

Bilbao, 14 de septiembre de 2004