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::: Dorotatxu :::

LA EPIFANÍA DE MICAELA

La posibilidad de haber oído mal fue lo que hizo que me levantara, pero no había sido así.  Bajé al piso inferior y en el salón estaba Micaela, un ser que pareciese haber sido creado para hacer felices a los demás. Quería explicarme su experiencia “en la fiestuqui” de la Epifanía, su primer Cotillón.

Quería "cotillear".

Así, nos sentamos ante un refresco, y comenzamos a hablar. Yo ya había estado allí otras veces, y sin embargo despertaba mi interés todo lo que ella tenía que contar.

Lo primero que me dijo es que allí todos le parecíamos seres bellísimos. Ella misma llegaba realmente transfigurada.

¿Incluso Klaus, le pregunté yo? -porque no os lo había dicho, pero yo me llevé conmigo a mi amiguito al Cotillón- Y sí, me contestó ella: tu perrito también. Hasta las hortalizas, las naranjas y las flores que allí había le parecieron especialmente frescas y olorosas según me comentó.

También me comentó lo mucho que le habían llamado la atención los Reyes Magos. Dice que se les veía sencillos y grandes dignatarios a la vez. Que por un lado eran como nosotros, y, por otro, no dudaban en arrodillarse y rendir pleitesía a aquel Chiquitín que ellos reconocían como a su Rey…

Vió la ternura de María y la solicitud de José, pero lo que sobre todo le impresionó fue la mirada de aquel Niño. No hablaba, ¡claro! (decía ella), pero te miraba de un modo tan especial… 

Parecía que te conociese desde hace mucho. Que no fuera necesario explicarle nada. Que sólo quisiera que le quisieras a Él.

Yo nada le dije (me confesó Micaela), ni siquiera le hice una carantoña. Sólo estaba allí,

 … ¡y Él me sonrió!...

También le pareció que su mirada sembraba futuro.

Esto no sabía explicármelo muy bien, pero yo le comprendía, porque con ella yo estaba recordando a mi vez el momento en el que Él me enamoró...

Fue un momento de cambio. Lo recuerdo perfectamente, porque entonces fue cuando fui capaz de distinguir entre lo que yo estimaba amable y el verdadero Amor.

Comprendí que Él estaba allí, que Él era el Amor, y que Él estaba allí “amándome” y “para mí” desde siempre y aunque aún yo mo me hubiera fijado nunca en Él.

Y, si esto era así, ¿cómo podía no confiarme?...

Desde entonces comencé a tratarle como a un amigo; a tratar de complacerle para que me sonriera porque quería -como ahora quiero- seguir enamorada por su sonrisa y seguir sabiéndome hermosa para Él.

Me di cuenta de que realmente estaba mirando al Niño con los mismos ojos que lo hacían los Reyes Magos, y me dí cuenta también de cómo su regalo era ya una realidad en mí.

Desde aquel día, yo sigo acudiendo al Cotillón de la Epifanía para disfrutar de esa experiencia y para compartirme: decidida a ser un regalo a mi vez para los demás.

Un regalo que, aunque antes se sentía pobre y desvencijado, de repente se siente bello y valioso,

… porque aquel Niño que sabe cuanto soy, he sido y seré, hace –viéndome a través de sus ojos- que me sienta hermosa: que me hermosee, sabiéndome hermosa para Él.

Eso es precisamente lo que sucede ante la Luz de la Navidad…

Todas estas reflexiones venían a mi cabeza mientras le escuchaba a Micaela.

Yo ya se que no podrá desenamorarse de Ti, Chiquito mío, y por eso me alegro mucho de haberle invitado a tu fiesta, de haberos presentado, de que ya seáis amigos los dos…

Y se también que, a partir de ahora, todos los que allí estábamos celebraremos cada año, juntos y contigo, el haberte cooncido:

... tu radiante Epifanía, y tu gozosa Navidad...

Asko maite zaitut (te amo).

Yo me comprometo a estar allí.

 

DEL EROS AL ÁGAPE

Del libro no puedo hablaros, puesto que su lectura me la propongo para fechas posteriores, pero sí del autor. Se trata de un sacerdote joven, de un profesor tremendamente empático e imaginativo, y de un excelente ensayista que al parecer ha tenido el salero de investigar en base a una serie de textos de la literatura contemporánea, sobre aquello que en realidad subyace en las dos formas sublimes de, como él dice, realizar una vida enamorada.

A modo de presentación de su libro, os incluyo una entrevista muy sugerente aparecida hace poco en la revista Zenit, que considero por sí misma susceptible de provocar vuestras intervenciones y cuyo contenido es el siguiente:

José Pedro Manglano, ensayista y sacerdote,  afirma que «la historia nos enseña que en los tiempos en que está en crisis el matrimonio también lo está el celibato». De amor, celibato, matrimonio y libertad habla en su nuevo libro, “El amor y otras idioteces. Guía práctica para no perder a quien tú quieres”, que acaba de ser editado por la editorial Planeta.Sus ensayos versan sobre el sentido de la vida, la felicidad, la culpa o la libertad, y éste es un avance de las opiniones vertidas por el autor sobre la última de sus obras:

-Un cura hablando del amor y otras idioteces... no deja de ser llamativo

Manglano: ¡Me hace gracia que empieces por ahí! Me lo preguntan todos.

-Perdone por el tópico, pero insisto: no es habitual

Manglano: Efectivamente, se ve que es un hecho que llama la atención. Pero... ¿por qué es la primera cuestión que viene a la cabeza?. Quizá lo que se está planteando se podría formular de esta otra manera: ¿qué puede decir un célibe acerca del amor?, como quien da por sentado que quien opta por el celibato se hace extraño a la cuestión del amor. Me parece que este hecho, aparentemente sin importancia, manifiesta una situación de fondo delatada por Benedicto XVI en «La sal de la tierra»: la historia nos enseña que en los tiempos en que está en crisis el matrimonio también lo está el celibato.

-¿Por qué la crisis del matrimonio y la del celibato van relacionadas?-

Manglano: El celibato y el matrimonio, tal y como lo propone la Iglesia, son las dos formas sublimes de realizar una vida enamorada. Hay otras formas de vidas amorosas, sí, pero no otras formas sublimes. Hoy vivimos cierta crisis del matrimonio, y vivimos cierta crisis del sentido del celibato. No se entiende que el célibe sea un amante y pueda saber del amor. Sin embargo, su vida es ejercicio amoroso al Hombre Cristo y a todos los hombres y mujeres, cercanos o desconocidos. No solo eso: el célibe cristiano tiene una experiencia del Dios que es Amor, y de él recibe la sabiduría. Y si no, que le pregunten a San Juan de la Cruz, cuyo cántico es paradigma de cualquier relación amorosa.

-Pero su libro habla del amor de los novios y de los esposos-

Manglano: El libro trata del amor de pareja, no del celibato. Pero el amor de pareja es amor, y la naturaleza del amor, sus etapas, sus crisis y sus sentimientos... tienen mucho en común. Y para evitar las abstracciones, parto en todos los temas de relatos formidables de la literatura contemporánea, para analizar las ideas que subyacen a los distintos planteamientos acerca del amor que manejamos en nuestra cultura.

-¿El matrimonio es una carga que dificulta el vuelo hacia la felicidad, como sostienen algunos, o las alas para realizar esta utopía, como dice usted, y yo le corroboraría?-

Manglano: Para quien entienda el matrimonio como oficialización de una relación subjetiva por la que yo me agrupo con otro, no cabe duda de que casarse supondrá una carga. El matrimonio, entonces, limita mis posibilidades y no aporta nada. Sin embargo, para quien entienda el matrimonio como la creación de un vínculo que transforma el yo, casarse supone un acto de libertad que constituye un nosotros, una ayuda para realizar la entrega libre del yo transformado por esa unión.

-Entonces..., ¿cuál es el verdadero significado del amor?-

Manglano: El amor es obra de nuestra libertad: no biología, sino libertad. La atracción involuntaria -‘hay química', decimos- es transformada por la libertad en unión voluntaria. Amor significa unión libre que se originó por una atracción padecida. Sí. Amor es libertad, realización de la persona, superación de la soledad.

-Cristianamente amar es dar la vida por los enemigos. ¿Esto es realizable?-

Manglano: Exige una purificación del corazón que no es fácil. Cristo puede exigírnoslo porque él nos lo concede. Es realizable solo por quien es transformado por la acción del Espíritu. Ese comportamiento se nos da y después, solo después, se nos exige.

-«Quien bien te quiere, te hará llorar. Quien mal te quiere, te hará flotar». ¿El amor es exigente por definición?-

Manglano: Quizá nuestra cultura tiene una mirada simple sobre el matrimonio. Mira el punto de partida y el de llegada, pero fácilmente elimina de su campo visual cada uno de los pasos que es preciso librar para recorrer ese trayecto. Unos pasos se dan acompañados del placer de una buena sombra, otros bañados en el sudor, unas veces ahogan las risas y otros los jadeos... Amar es realizar una unión formidable que no es gratuita: se trata del éxodo que lleva del eros al ágape. Pero el amor es exigente también con el otro. No se trata de hacer llorar por capricho, sino porque lo exige su crecimiento. No se trata de crear ocasiones difíciles al otro, sino de no evitar las que surgen: se le enfrenta con la realidad y se le ayuda. Si no le gusta estar con determinadas personas, o si prefiere estar conmigo saltándose su horario de trabajo, o si tiende a los celos o a la posesión... son situaciones en las que necesita de mí para ser capaz de asumirlas; darle mi blanda compasión no le hace mejor. Quiere mal quien, en lugar de acompañar mientras el otro pisa el terreno, le ayuda a vivir flotando sobre la realidad, sin enfrentarse a las cosas.

-¿Por qué hemos pasado de la creencia del «amor eterno» a la práctica del «amor efímero»?-

Manglano: A partir de Spinoza, la filosofía ha propuesto un amor subjetivo: el amor sería una pasión que despierta mi felicidad con ocasión de mi relación con otra persona con la que hay química, como solemos decir. Amor vendría a ser una sensación que encuentro en mí. Entonces, lo que amo cuando digo que amo no es nada distinto a mí mismo. Así las cosas, el amor durará tanto como dure la sensación: en el momento en el que la sensación desaparezca, o me la despierte otra persona distinta, aquel primer amor habrá muerto; y así sucesivamente. El amor así entendido es necesariamente efímero. Sin embargo, otras filosofías entienden que el amor es algo objetivo: es el ejercicio libre de amar a otra persona, de unirme a ella. El «tú» no es una ocasión de sentirme enamorado, sino que el «tú» es el motivo por el que yo salgo de mí para instalarme en otro centro vital que es la persona del amado. El amor es referencial: salgo de mí hasta otro al que me doy. Entonces sí es posible realizar un amor eterno, que, por otro lado, es lo que a todos nos gustaría. Como he oído repetidas ocasiones a quienes llevan varias experiencias matrimoniales, «lo ideal sería que durase siempre, pero... no es fácil: ya me gustaría».”

Hasta aquí llega la entrevista. ¿No creéis que este hombre tenga mucho que decir en su libro?.

Su lectura es algo que -como os he dicho- próximamente me propongo, pero sus opiniones merecen por sí mismas una reflexión, si así os lo parece...

DE FIESTA CON SS. MM. LOS REYES MAGOS

En oriente -de donde provenían-, el término Mago equivalía a Sabio. Eran pues, tres hombres sabios que habían dejado todo para, guiados por la luz de la Navidad, acudir en busca de la verdadera Sabiduría. Mientras su viaje transcurría, el Niño Dios había nacido, y así fué anunciado por un ángel a algunos pastorcillos, al tiempo que un coro de seres celestiales cantaba la Gloria de Dios y anunciaba su Paz para todos los hombres y mujeres que ama El Señor.

En Belén se encontraron Sus Majestades, pues, con un Niño chiquito. Un Niño que les enamoró.

Comprendieron que Él mismo era la Sabiduría de Dios, y ante Él se postraron y presentaron sus ofrendas: oro como rey, incienso como Dios, y mirra como hombre. Pero ellos fueron los principalmente regalados, puesto que a la vista del Niño Dios, Sus Majestades vieron cumplida la razón de su esperanza.

Así nos dice el Evangelio que fue la Epifanía del Señor, es decir, la primera manifestación sensible de Dios a los hombres. El 6 de Enero, por tanto, aunque celebramos la fiesta de los Reyes Magos, en realidad lo que estamos celebrando es la fiesta de la presentación ante todos nosotros del Hijo de Dios. 

Compartiendo en espíritu aquel momento y en recuerdo de los presentes que los Magos depositaron ante Aquel Niño, los que nos aman y a quienes amamos nos ofrecen y nosotros también les ofrecemos algunos regalos, que no son sino expresión del don de nosotros mismos: de lo que somos y tenemos. Una manifestación de nuestro amor.

Pero puesto que si algo no está limitado por el tiempo y el espacio es el Amor (todos sabemos que amamos cosas presentes, pasadas y por venir), trasladémonos ahora con nuestro amor y con nuestras familias hasta aquella gruta, y compartamos aquella fiesta y aquel don de cadaquién.

Así las cosas, celebraremos nuestro particular Cotillón.

La cita sería en Belén. La Luz, provendría del Niño Dios, y el "subidón" nos lo provocaría el sentirnos enamorados y el sabernos compartiéndonos en el Amor.

Cuando el Niño Jesús vea nuestros intentos, no podrá por menos que sonreírnos, y así nosotros -de Él enamorados como les pasó a los Reyes Magos- volveríamos de nuestra fiesta completamente dispuestos a ser sus apóstoles y a dar razón a quienes nos quisieran escuchar, de la Buena Nueva...

Pero voy a aprovecharme un poquito de la situación.

Puesto que en esta fiesta cada uno estaríamos compartiendo cuanto somos y tenemos con el Niño Dios y entre nosotros, y entre nosotros estarían también los Reyes Magos, tal vez SS. MM. quisieran  hacernos a todos  un regalo muy especial... 

Si así fuera, yo les pediría que nos regalaran un poquito de su Magia, es decir, un poquito de su Sabiduría, para que pudiéramos mirar al Niño con los mismos ojos que le vieron Ellos...

... ¿vosotros creéis que nos lo concederán?...

Así, contando con nuestra disposición, enamorados por el Niño Dios, y con el regalo tan especial que sin duda nos harían SS.MM. los Reyes Magos, realmente podríamos hacer entre todos y de nuestra vida, una Feliz Navidad (que era lo que desde el principio nos proponíamos), ¿no lo creéis así?...

Una vez hecha la convocatoria, y al tiempo que a todos invito, os deseo, pues,

  • Que disfrutéis mucho de esta fiesta,
  • que siempre tengáis mucho amor a vuestro alrededor,
  • que sepamos hacer don de nosotros mismos,
  • ... y que hagamos de nuestro Cotillón -en lo que de nosotros dependa- una manifestación de gozoso Amor...

¡Quiera Dios que asi sea!

LA FAMILIA DE LOS HIJOS DE DIOS

La Iglesia, como común-unión de cuantos nos compartimos entre nosotros y con Él mismo actuados por el Poder del Espíritu de Dios, es ontológicamente una, santa, católica y apostólica. Una, porque es el mismo Espíritu quien la constituye, mantiene y vivifica. Santa, porque es Él mismo quien la justifica. Católica, porque su vocación es la universalidad, y Apostólica, porque el mismo Cristo tuvo a bien fundarla en base a la fe de los primeros Apóstoles.

Cuantos la constituimos, es decir, la comunidad de los bautizados, formamos un pueblo de profetas, sacerdotes y reyes, y esa es nuestra irrenunciable condición.

Así, bajo la acción del Poder del Espíritu de Dios (del Espíritu Santo) la profundidad de campo que nos da la fe nos hace proclamar a Dios como nuestro origen y nuestro común destino, y la experiencia del trato con Él, también bajo la acción del Espíritu Santo, lo que nos convierte en sus apóstoles.

Pero esto no quiere decir que en todo momento –individual ni colectivamente- seamos merecedores de semejante condición. Ésa condición tendríamos que ganárnosla, y para ello habríamos de responder correcta y permanentemente a las mociones del Espíritu de Dios, y ésto no siempre es así.

En realidad, y supuesta nuestra buena intención, andamos siempre “corrigiendo el rumbo”.

Si todo funcionara bien, seríamos una armónica familia. Serían impensables las exclusiones. Seríamos los amados amantes de Dios, y por ende de toda la creación, pero por desgracia por medio quedan nuestras actuaciones...

Si os pongo estos antecedentes, es para argumentar a continuación cómo se puede ser plenamente consciente de la pertenencia a la Iglesia de Dios,

o         cómo se puede considerar que la familia es un bien a proteger,

o         cómo se puede creer en la virtualidad del matrimonio cristiano precisamente como efecto de la Gracia de ese Sacramento (de la que ya hemos hablado),

o         y no dar por buenas determinadas interpretaciones de algunos miembros de la Iglesia que resultan excluyentes para otr@s de l@s que -con todo derecho- son, se consideran, y quieren seguir perteneciendo a la comunidad de los hijos de Dios.

Más que de interpretaciones, tendríamos que hablar de intencionalidades quizá. Su análisis podría resultar más o menos sencillo, si no representara para quienes se sienten excluíd@s un motivo de sufrimiento.

Ell@s y nosotr@s, y ell@s con nosotr@s, formamos una misma Iglesia. Dinámica. Sujeta a evolución hasta que lleguemos a alcanzar, unid@s tod@s, nuestro común destino. Como hermanos, o mejor, como co-herederos. Sólo nosotros podemos renunciar a tal condición, porque no nos la ha dado nadie sino nuestro Padre Dios.

Las circunstancias personales de cada uno son diversas. Las modalidades de familia que coexisten hoy en día también.

No es que haya más o menos homosexualidad o más o menos separaciones o uniones de hecho que antes. La cantidad no es importante.

    • Lo que realmente importa es la ordenación de los afectos al Amor.

Informar de éllo es la función que –a mi modo de ver- con todo amor, ha de cumplir la Iglesia.

No desuniendo, sino convocando. Pero no sólo los miembros de la jerarquía, sino tú y yo: comprendiendo, amando, y haciendo extensivo el Amor.

La familia cristiana constituida en base al Sacramento del Matrimonio y bajo el influjo de la Gracia es la mejor de las posibilidades,

o        pero es que a mí se me antoja existente también en otro tipo de uniones, siempre que lo que se comparta sea el verdadero Amor.

Cierto que en la unión hombre-mujer se basa la continuidad de la especie humana,

o        pero no es eso sino el Sacramento del Bautismo lo que nos da la dignidad de los hijos de Dios.

Hay que recordar también, que de la conformidad para la unión en el Amor de Dios de dos bautizad@s, sólo saben esas dos personas y Dios.

o        Ellos son los ministros de su unión, y todos los demás en una unión de ese tipo presentes (me refiero a la celebración en un Templo de un matrimonio cristiano), incluido el Sacerdote, somos únicamente testigos de la expresión de su voluntad, pero no mediamos en la celebración del Sacramento, que únicamente tiene lugar entre los contrayentes y Dios.

Así, pues, una familia cristiana –a mi modo de ver- no es únicamente la constituida por relaciones de parentesco,

o        sino la constituida en base al Amor que Cristo nos participó...

Una familia en la que cabemos todos. Cada uno con sus circunstancias personales. Amándonos como somos, y a partir de ahí, ayudándonos a caminar y a ser individual y colectivamente cada vez mejor.

En eso se notará que somos hijos de la Iglesia.

o        No en las manifestaciones ni en los eslóganes.

o        No en los miedos ni en la desconfianza.

o        No en la manipulación, aunque estimemos que sea en evitación de posibles perjuicios o por un bien mayor,

o        sino en sabernos todos libres, iguales, coexistentes, y amados por el mismo Dios, ¿no lo creéis así?.

 

LA TEOLOGÍA DE LA BRÚJULA

Vuelvo a incluir en mi página una crítica que considero objetiva. Es sobre la película "La brújula dorada". La fuente es decine 21 y el autor Hildy Johnson. Al final os diré lo que a mí me ha parecido, pero la crítica dice así:

"Una de las películas más esperadas para las fiestas navideñas es "La brújula dorada", título de corte fantástico basado en el primer libro de una trilogía, “La materia oscura” y, oh, casualidad, producido por New Line Cinema, la responsable de adaptar una popularísima, la de “El Señor de los Anillos”.

Se trata de una peli con niña protagonista, mucha magia y brujería, donde se prometen 1.100 efectos especiales diferentes, y con un presupuesto de 125 millones de euros. O sea, con sus impulsores desean que la peli triunfe en taquilla “como sea” entre un público familiar amplio.

Pero ese “como sea” choca con un pequeño problema. El autor de la trilogía, Philip Pullman, es un ateo declarado que, a la hora de crear su mundo fantástico, mezcla elementos del cristianismo, de la ciencia y de la filosofía de Nietzsche en un “totum revolutum” que algunos considera antirreligioso, y por matizar más, anticristiano.

Desde luego a nadie que se gasta 125 milloncejos le apetece que un amplio sector del público pueda rechazar la película, por el motivo que sea, religioso, o porque se atreva a poner en duda el cambio climático, por poner otro poner. Así que los chicos de New Line ya están diciendo que de “antirreligiosa”, nada de nada, que la peli es sobre todo una gran aventura, un relato de heroísmo y bla, bla, bla… Aunque eso sí, luego tienen a los fans de “La materia oscura”, a los que les dicen que “tranquis”, que nada se pierde del original, que la fidelidad es asombrosa, y por si acaso, se traen al Pullman ese, para que lo corrobore.

La trama de la película habla de unos villanos conocidos como “El Magisterio”, y que en el libro son más claramente identificados como “La Iglesia”, que secuestran niños para robarles el alma y descubrir la verdadera naturaleza de unas partículas conocidas como “Polvo”. Las posiciones de Pullman son bien conocidas, aunque ahora trata por lo visto de recular afirmando que su obra sólo ajusta cuentas con “la naturaleza fundamentalista y que interpreta las cosas literalmente del poder absoluto” y con “los que pervierten y usan mal la religión o cualquier otro tipo de doctrina con un libro santo, un sacerdocio y un aparato de poder con autoridad indesafiable, para dominar y suprimir la libertad humana”. Por supuesto, el novelista no afirma ni niega explícitamente que esté aludiendo a la Iglesia católica u otras confesiones cristianas en “La materia oscura”.

El director Chris Weitz, que se define como “católico en desuso y criptobudista”, no sé si en serio o en broma, dice que ha introducido cambios en el film para que no se perciba antirreligiosidad por ninguna parte. Y la católica Nicole Kidman, una de las actrices importantes del film, afirma que “la Iglesia católica es parte esencial de mi vida. No habría hecho este film si creyere que es anticatólico”. En fin, la polémica está servida."

Si la véis o ya la hubiérais visto, tenéis ocasión de opinar.

Yo lo he hecho y sólo me ha parecido un montaje con pretensiones, hecho para sacar dinero por vías ya ensayadas, en el que la ternura está ligada a la supervivencia, la violencia es gratuíta, la imaginación es predecible, y las ofensas no pasan de ser lo que os digo: meras pretensiones...

¡En fín!...

... que más que una película parece un juego de la wii, con efectos y todo...

Pero en mi tierra somos muy dados a decir que "no hay mayor desprecio que no hacer aprecio" así que no se...

Claro que si lo que queréis es hablar de cine, estoy dispuesta a aprender...

PRESUPUESTO 2008

Sabemos que “presupuesto” es aquello que va “delante del supuesto”. Vamos ahora a tratar de pre-supuestar, pues, los distintos supuestos que pudieran dársenos en el 2008.  

Para un mejor posicionarnos, comenzaremos recordando que,

  • cuando hablamos del Espíritu Santo lo hacemos refiriéndonos al Poder del Espíritu de Dios,
  •  y que cuando hablamos del Hijo, hablamos de la manifestación mediante obras de la Voluntad y el Poder del Espíritu de Dios.  

Así, y por la participación en la persona del Hijo encarnado de su naturaleza humana y de su Gracia creada, aunque nos cueste creerlo se nos alcanza la comunicación con Él. 

Para creérnoslo necesitamos la fe,

  • una fe que nos permita conocer superando las limitaciones de nuestro conocimiento sensible,
  • una fe que nos permita también confiar, es decir, poner nuestra confianza en aquello conocido y con ello nuestra esperanza en llegar a alcanzar nuestra libre comunicación con Él,
  • y una esperanza que nos motive para actuar de un modo tendente a ello, empeñando decididamente nuestra voluntad.

Es, pues, la Gracia de la que participamos por nuestra adhesión al Cristo lo que plenifica nuestras capacidades de conocer (la fe), de tender (la esperanza) y de actuar (la caridad) de un modo progresivo hacia la plena unión con Dios…

Pero con esto nosotros no hacemos sino corresponder,

  • porque es la acción del Espíritu Santo, es decir, la acción del Poder del Espíritu de Dios que se nos alcanza por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo quien actúa sobre nosotros y a través nuestro.

Pues bien. 

  • Que la comunión con Él a través del Espíritu Santo, sea para nosotros valor ante nuestro temor y alegría en nuestra tristeza ante las circunstancias adversas del 2008,
    •  Que plenifique nuestro conocimiento para que seamos conscientes, agradecidos y coherentes ante las favorables,
    • Y en todo caso, que plenifique nuestro deseo de tender a Él, en comunión con aquellos que amamos y con aquellos que deberíamos amar más. 

Que sea ésta la idea que justifique nuestra esperanza,

  • y que ante Él sepamos rendir, en suma, nuestro conocimiento, nuestra voluntad y nuestra libertad para que seamos, conforme a sus designios, más libres, más conscientes y más gozosamente humanos. 

Digamos que en esto se concretan mis buenos deseos,

… todo ello a mayor gloria de Dios… 

Que Nuestra Señora nos acompañe en nuestro caminar, y que nunca nos falte la paz y la alegría que, viniendo de quien vienen, colman por completo nuestro corazón. 

Así, pues, sea como sea…

… recibamos y transcurramos con paz y alegría a lo largo de este que seguro será un FELIZ Y FECUNDO 2008… 

CUANTO AÑORAMOS

Dicen que la Navidad es un tiempo de añoranza. Añoramos lo que fué, añoramos lo que podía haber sido y añoramos también lo que creemos llamado a ser, apenas sin darnos cuenta de que lo que subyace en todas nuestras añoranzas, es el deseo de ser felices compartiendo nuestra felicidad.

Este íntimo deseo hace que lo que añoremos (haya o no sucedido) realmente lo amemos en nuestro presente histórico:

  • que lo amemos ya,
  • que lo atesoremos en nuestro corazón,
  • y que velemos para que en la medida en que de nosotros dependa, aquello que añoramos llegue a ser en nuestro presente (aunque sea como un recuerdo) una realidad.

Pues bien.

Aquí es donde coge una cierta dosis de relatividad,

  • porque las cosas ciertamente ni han sido, ni son, ni serán como nosotros ni porque nosotros queramos que sean,
  • sino que han sido, son o serán como están llamadas (a veces con nuestra intervención) a ser.

En ello está implicada una cierta dosis de indeterminación, y también lo están las decisiones de nuestra voluntad.

Pero sucedan como sucedan, o hayan sucedido como hayan sucedido las cosas, todos podemos comprobar que nuestro deseo de felicidad subsiste, pese a lo acontecido, y pese a la indeterminación de lo llamado a acontecer,

  • porque lo que realmente amamos y tutelamos, no es otra cosa que aquello que concebimos como el modo de ser felices, llegando a compartir con otros nuestros momentos de felicidad.

Así, echamos de menos momentos especiales en los que ya nos hemos compartido, o intuimos momentos especiales en los que podríamos llegar a compartirnos sintiéndonos enormemente dichosos, sin darnos cuenta de que,

  • aunque somos puntualmente felices,
  • la felicidad no tiene propiamente una dimensión de temporalidad.

Nos sucede además, que en llegar a alcanzar estos momentos de felicidad ciframos nuestra esperanza, sin pararnos a considerar que algunos de esos momentos que añoramos ni siquiera son realistas, y que otros, ni siquiera lo son convenientes para nuestra propia realidad; pero, en todo caso ciframos en ellos nuestra esperanza,

  • porque precisamente en disfrutarlos es donde identificamos se encuentra nuestra auténtica felicidad.

Así, algunas de nuestros momentos añorados son convenientes y realistas, y otros sin embargo no.

Podría pensarse que puesto que todos subsisten en el mismo sujeto, se tratara de un fenómeno subjetivo, pero no es así:

  • hay un ámbito y un rango en esto de las añoranzas.

Todos tenemos la experiencia de que, aunque algunos de esos momentos añorados pudieran llegar a ser realidades o ya lo hubieran sido en nuestras vidas (bienestar, familia, salud, éxito...), aún y cuando hubiera podido ser excelentes,

  • inexorablemente nos desilusionan por cuanto perecederos,
  • si no los tenemos ordenados en base a algo más profundo que los de cohesión y que eleve nuestras expectativas a una nueva dimensión.

Esa dimensión no es otra cosa que la esperanza cristiana, y es en su ámbito donde nuestras expectativas cobran una dimensión de intemporalidad que nos permite a su vez juzgar sobre ellas y otorgarles a cada una el rango que les corresponde en aras a alcanzar nuestra auténtica felicidad, aún dentro ya de nuestro presente histórico.

El P. Cantalamessa se refiere a cuanto os digo con esta luminosa imagen.

“Miremos lo que sucede con la tela de araña; es una obra de arte, perfecta en su simetría, elasticidad, funcionalidad, tensa desde todos los puntos por hilos que tiran de ella horizontalmente. Se sujeta en el centro por un hilo desde arriba, el hilo que la araña ha tejido descendiendo. Si uno desprende uno de los filamentos laterales, la araña sale, lo repara rápidamente y vuelve a su sitio. Pero si se rompe ese hilo de lo alto, todo se distiende. La araña sabe que no hay nada que hacer y se aleja.

La Esperanza teologal es el hilo de lo alto en nuestra vida, lo que sustenta toda la trama de nuestras esperanzas”.

Los que esperamos, por tanto, -como dice en su último discurso de Adviento, el P. Cantalamessa refiriéndose a quienes esperan-

  • “No es gente que espera ser feliz, sino gente que es feliz de esperar; feliz ya, ahora,  por el simple hecho de esperar”

Precisamente a esta esperanza unitiva y permanente, sustentada por la fe y motivadora de nuestra caridad de la que nos habla Benedicto XVI, que nos aviene a través de la Gracia del Niño Dios que nació en Belén y que nos es tan necesaria para llegar a ser en plenitud y por lo tanto felices, es también a la que hoy os conmino y la que pretendo compartir con todos vosotros, a fin de que podamos celebrar dignamente, haciéndola presente a lo largo de nuestras vidas, esta gozosa Navidad.

Con infinito cariño... 

FELIZ NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD

Que la Gracia del Niño Dios inunde nuestros corazones,

para que entre todos sepamos hacer de nuestra vida una

FELIZ NAVIDAD