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TEORÍA DEL CONOCIMIENTO III

POSICIÓN DE LOS AUTORES FRENTE AL CONCOCIMIENTO.

Para algunos autores, el fundamento de la posibilidad del conocimiento es la realidad, bien la sensible (como han defendido los filósofos de orientación empirista), bien la inteligible (como aquellos racionalistas que han defendido el carácter realmente existente de las entidades conceptuales o nociones generales).

El primer gran filósofo que abordó el estudio del conocimiento fué el francés René Descartes, en el siglo XVII. Descartes intentó descubrir un fundamento del conocimiento que fuera independiente de límites y supuestos. Para él, conocer es partir de una proposición evidente, que se apoya en una intuición primaria. Descartes formuló tal proposición en su célebre sentencia: "pienso, luego existo".

Kant negó que la realidad pudiera ser explicada mediante los solos conceptos y se propuso conseguir el mismo objetivo, pero intentando determinar los límites y capacidades de la razón. Si bien existen, efectivamente, juicios sintéticos apriori, que son la condición necesaria de toda comprehensión de la naturaleza (trascendentales), el ámbito del conocimiento de limita, sin embargo en el pensamiento de Kant, al reino de la experiencia.

Según el británico John Locke, representante moderado del empirismo, las impresiones de la sensibilidad sólo formaban la base primaria del conocimiento. El también británico David Hume y algunos autores neopositivistas posteriores consideraron, por el contrario, que las nociones de las ciencias formales no son empíricas ni conceptuales, sino formales y, por lo tanto, vacías de conocimiento.

De acuerdo con determinadas formas de empirismo existen otras experiencias además de la sensible, como la experiencia histórica, la experiencia intelectual, etc. En estas posiciones, a algunos de cuyos precursores - los alemanes Friedrich Nietzsche y Wilhelm Dilthey- difícilmente se les puede considerar como empiristas, el término experiencia se entiende en un sentido más amplio. Los autores más representativos de estas posiciones son el alemán Martin Heidegger y el francés Jean- Paul- Sartre, que defendieron posturas existencialistas; los estadounidenses John Dewey y William James, de orientación pragmatista; y el español José Ortega y Gasset, que mantuvo la postura que él llamó raciovitalismo, en la que vida y razón constituían los dos polos de su concepción del mundo.

EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Mientras que la epistemología ha sido entendida tradicionalmente como una teoría del conocimiento en general, en el siglo XX los filósofos se interesaron principalmente por construir una teoría del conocimiento científico, suponiendo que si se lograra disponer de teoría adecuadas que explicaran los mecanismos de un conocimiento de este tipo, podrían avanzar considerablemente por la misma vía en la solución de problemas gnoseológicos (doctrinas filosófica y religiosa que pretendía tener un conocimiento misterioso e instintivo de las cosas divinas) más generales.

La elaboración de una epistemología de este tipo constituyó la tarea abordada especialmente por los autores del Círculo de Viena, que fueron el germen de todo movimiento del empirismo o positivismo lógico. Para éstos filósofos se trataba de conseguir un sistema unitario de saber y conocimiento, lo que requería la unificación del lenguaje y la metodología de las distintas ciencias. Este lenguaje debería ser insersubjetivo - lo que exigía la utilización de formalismos y de una semántica común- y universal, es decir, cualquier proposición debía poder traducirse a él.

Lo único que puede hacerse es formular la hipótesis de la existencia de una realidad independiente de nuestra experiencia e indicar criterios para su contrastación en la medida en que una afirmación de existencia implica determinados enunciados perceptivos. No hay ninguna posibilidad de decisión respecto a una realidad o idealidad absolutas. Ello sería, en palabras de Carnap, un seudoproblema. Todas las formas epistemológicas de la tradición filosófica inspiradas en posiciones metafísicas - el idealismo y el realismo filosófico, el fenomelanismo, el solipsismo, etc.- caerían, así, fuera del ámbito del conocimiento empírico, ya que buscarían responder a una pregunta imposible.

EPISTEMOLOGÍA EN EL SIGLO XX.

A principios del siglo XX los problemas epistemológicos fueron discutidos a fondo y sutiles matices de diferencia empezaron a dividir a las distintas escuelas de pensamiento rivales. Se prestó especial atención a la relación entre el acto de percibir algo, el objeto percibido de una forma directa y la cosa que se puede decir que se conoce como resultado de la propia percepción. Los autores fenomenológicos afirmaron que los objetos de conocimiento son los mismos que los objetos percibidos. Los neorealistas sostuvieron que se tienen percepciones directas de los objetos físicos o partes de los objetos físicos en vez de los estados mentales personales de cada uno. Los realistas críticos adoptaron una posición intermedia, manteniendo que aunque se perciben sólo datos sensoriales, como los colores y los sonidos, éstos representan objetos físicos sobre los cuales aportan conocimiento.

Un método para enfrentarse al problema de clarificar la relación entre el acto de conocer y el objeto conocido fue elaborado por el filósofo alemán Edmund Husserl. Perfiló un procedimiento elaborado, al que llamó fenomenología, por medio del cual se puede distinguir cómo son las cosas a partir de cómo uno piensa que son en realidad, alcanzando así una comprensión más precisa de las bases conceptuales del conocimiento.

Durante el segundo cuarto del siglo XX surgieron dos escuelas de pensamiento, ambas deudoras del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein. Por una parte, la escuela del empirismo o positivismo lógico, tuvo su origen en Viena, Austria, pero pronto se extendió por todo el mundo. Los empiristas lógicos hicieron hincapié en que sólo hay una clase de conocimiento: el conocimiento científico; que cualquier conocimiento válido tiene que ser verificable en la experiencia; y, por lo tanto, que mucho de lo que había sido dado por bueno por la filosofía no era ni verdadero ni falso, sino carente de sentido. A la postre, siguiendo a Hume y a Kant, se tenía que establecer una clara distinción entre enunciados analíticos y sintéticos. El llamado criterio de verificabilidad del significado ha sufrido cambios como consecuencia de las discusiones entre los propios empiristas lógicos, así como entre sus críticos, pero no ha sido descartado.

La última de estas recientes escuelas de pensamiento, englobadas en el campo del análisis lingüístico o en la filosofía del lenguaje corriente, parece romper con la epistemología tradicional. Los analistas lingüísticos se han propuesto estudiar el modo real en que se usan los términos epistemológicos claves —términos como conocimiento, percepción y probabilidad— y formular reglas definitivas para su uso con objeto de evitar confusiones verbales. El filósofo británico John Langshaw Austin afirmó, por ejemplo, que decir que un enunciado es verdadero no añade nada al enunciado excepto una promesa por parte del que habla o escribe. Austin no considera la verdad como una cualidad o propiedad de los enunciados o elocuciones.

CONCLUSIÓN.

Si la epistemología - el estudio del conocimiento- constituye, por su propia naturaleza, una de las partes esenciales de la filosofía, la creciente importancia en la ciencia y la consiguiente necesidad de dotarla de sólidos fundamentos teóricos ha acrecentado aún más el interés por la misma en el moderno pensamiento filosófico.” 

Hasta aquí llegamos con el artículo, chic@s.

Confío en que, como a mí, os haya resultado interesante.

Ahora buscaré algo relacionado con el postmodernismo que decía JML, y, a partir de ahí, espero -contando con vuestras aportaciones- que hayamos llegado a un fondo de conocimiento compartido a partir del cual podamos llegar a entablar un diálogo, ¿si?...

Un cordial saludo.

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO II

EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO.

1.- Racionalismo

Se denomina racionalismo a la doctrina epistemológica que sostiene que la causa principal del conocimiento reside en el pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento solo es realmente tal, cuando posee necesidad lógica y validez universal. El planteamiento más antiguo del racionalismo aparece en Platón. El tiene la íntima convicción de que el conocimiento verdadero debe distinguirse por la posesión de las notas de la necesidad lógica y de la validez universal.

2.- El empirismo

Frente a la tesis del racionalismo, el pensamiento, la razón, es el único principio del conocimiento, el empirismo (del griego Empereimía = experiencia) opone la antitesis: la única causa del conocimiento humano es la experiencia. Según el empirismo, no existe un patrimonio a priori de la razón. La conciencia cognoscente no obtiene sus conceptos de la razón, sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento.

El racionalismo es guiado por la idea determinada, por el conocimiento ideal, mientras que el empirismo, se origina en los hechos concretos.

Los racionalistas casi siempre surgen de la matemática; los defensores del empirismo, según lo prueba su historia, frecuentemente vienen de las ciencias naturales. Esto se entiende sin esfuerzo. La experiencia es el factor determinante en las ciencias naturales.

En ellas, lo más importante es la comprobación exacta de los hechos por medio de una cuidadosa observación. El investigador depende totalmente de la experiencia. Suelen distinguirse dos clases de experiencia: una interna y otra externa. El fundamento de un conocimiento válido, no se encuentra en la experiencia, sino en el pensamiento.

3.- Apriorismo.

En la historia de la Filosofía existe también un segundo esfuerzo de intermediación entre el racionalismo y el empirismo: el apriorismo. El cual también considera que la razón y la experiencia son a causa del conocimiento. Pero se diferencia del intelectualismo porque establece una relación entre la razón y la experiencia, en una dirección diametralmente opuesta a la de éste. En la tendencia de apriorismo, se sostiene que nuestro conocimiento posee algunos elementos a priori que son independientes de la experiencia. Esta afirmación también pertenece al racionalismo. Si relacionáramos el intelectualismo y el apriorismo con los dos extremos contrarios entre los cuales pretenden mediar, inmediatamente descubriríamos que el intelectualismo tiene afinidad con el empirismo, mientras que el apriorismo, se acerca al racionalismo. El intelectualismo forma sus conceptos de la experiencia; el apriorismo rechaza tal conclusión y establece que el factor cognoscitivo procede de la razón y no de la experiencia.

LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.

1.- El dogmatismo.

Para el, resulta comprensible el que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehenda su objeto, esta actitud se fundamenta en una confianza total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda.

El dogmatismo supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.

Para Kant el dogmatismo es la actitud de quien estudia la metafísica sin haber determinado con anterioridad cuál es la capacidad de la razón humana para tal estudio.

2.-El escepticismo.

El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad. El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, no podemos externar ningún juicio, y debemos abstenernos totalmente de juzgar.

Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.

El escepticismo se puede hallar, principalmente, en la antigüedad. Su fundador fue Pirrón de Elis ( 360 a 270 ) . El afirma que no puede lograrse un contacto entre el sujeto y el objeto. La conciencia y cognoscente esta imposibilitada para aprehender su objeto.

3.- El subjetivismo y el relativismo.

El escepticismo sostiene que no hay verdad alguna. El subjetivismo y el relativismo no son tan radicales. Con ellos se afirma que si existe una verdad; sin embargo, tal verdad tiene una validez limitada. El subjetivismo, como su nombre lo indica, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. El relativismo afirma que no existe alguna verdad, alguna verdad absolutamente universal.

El subjetivismo y el relativismo son análogos, en su contenido, al escepticismo. En efecto, ambos niegan la verdad; no en forma directa como el escepticismo, pero sí en forma indirecta al dudar de su validez universal.

4.- El pragmatismo

El escepticismo presenta una actitud esencialmente negativa. Formula la negación de la posibilidad del conocimiento. El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. El pragmatismo, al igual que el escepticismo, desecha el concepto de la verdad considerado como concordancia.

El pragmatismo cambia el concepto de la verdad en cuanto que es originado por una peculiar concepción de lo que es el ser humano. Dentro de tal concepción el hombre no es primordialmente un ser especulativo y pensante, sino un ser práctico, un ser volitivo.

5.- El criticismo.

Existe una tercer postura que resolvería la antitesis en una síntesis. Esta postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo recibe el nombre de criticismo. Al igual que el dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento de que existe la verdad. Pero mientras que tal confianza conduce al dogmatismo, a la aceptación candorosa, para decirlo en alguna forma, de todas las aseveraciones de la razón humana y al no fijar límites al poder del conocimiento humano, el criticismo pone, junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto.

El criticismo examina todas y cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia. 

RAZÓN CONTRA PERCEPCIÓN

Desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX la cuestión principal en epistemología contrastó la razón contra el sentido de percepción como medio para adquirir el conocimiento. Para los racionalistas, entre los más destacados el francés  René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, la principal fuente y prueba final del conocimiento era el razonamiento deductivo basado en principios evidentes o axiomas. Para los empiristas, empezando por los filósofos ingleses Francis Bacon y John Locke, la fuente principal y prueba última del conocimiento era la percepción.

Bacon inauguró la nueva era de la ciencia moderna criticando la confianza medieval en la tradición y la autoridad y aportando nuevas normas para articular el método científico, entre las que se incluyen el primer grupo de reglas de lógica inductiva formuladas. Locke criticó la creencia racionalista de que los principios del conocimiento son evidentes por una vía intuitiva, y argumentó que todo conocimiento deriva de la experiencia, ya sea de la procedente del mundo externo, que imprime sensaciones en la mente, ya sea de la experiencia interna, cuando la mente refleja sus propias actividades. Afirmó que el conocimiento humano de los objetos físicos externos está siempre sujeto a los errores de los sentidos y concluyó que no se puede tener un conocimiento certero del mundo físico que resulte absoluto.

El filósofo irlandés George Berkeley estaba de acuerdo con Locke en que el conocimiento se adquiere a través de las ideas, pero rechazó la creencia de Locke de que es posible distinguir entre ideas y objetos. El filósofo escocés David Hume siguió con la tradición empirista, pero no aceptó la conclusión de Berkeley de que el conocimiento consistía tan sólo en ideas. Dividió todo el conocimiento en dos clases: el conocimiento de la relación de las ideas —es decir, el conocimiento hallado en las matemáticas y la lógica, que es exacto y certero pero no aporta información sobre el mundo— y el conocimiento de la realidad —es decir, el que se deriva de la percepción. Hume afirmó que la mayor parte del conocimiento de la realidad descansa en la relación causa-efecto, y al no existir ninguna conexión lógica entre una causa dada y su efecto, no se puede esperar conocer ninguna realidad futura con certeza. Así, las leyes de la ciencia más certeras podrían no seguir siendo verdad: una conclusión que tuvo un impacto revolucionario en la filosofía.

El filósofo alemán Immanuel Kant intentó resolver la crisis provocada por Locke y llevada a su punto más alto por las teorías de Hume; propuso una solución en la que combinaba elementos del racionalismo con algunas tesis procedentes del empirismo. Coincidió con los racionalistas en que se puede tener conocimiento exacto y certero, pero siguió a los empiristas en mantener que dicho conocimiento es más informativo sobre la estructura del pensamiento que sobre el mundo que se halla al margen del mismo. Distinguió tres tipos de conocimiento: analítico a priori, que es exacto y certero pero no informativo, porque sólo aclara lo que está contenido en las definiciones; sintético a posteriori, que transmite información sobre el mundo aprendido a partir de la experiencia, pero está sujeto a los errores de los sentidos, y sintético a priori, que se descubre por la intuición y es a la vez exacto y certero, ya que expresa las condiciones necesarias que la mente impone a todos los objetos de la experiencia. Las matemáticas y la filosofía, de acuerdo con Kant, aportan este último tipo de conocimiento. Desde los tiempos de Kant, una de las cuestiones sobre las que más se ha debatido en filosofía ha sido si existe o no el conocimiento sintético a priori.

Durante el siglo XIX, el filósofo alemán George Wilhelm Friedrich Hegel retomó la afirmación racionalista de que el conocimiento certero de la realidad puede alcanzarse con carácter absoluto equiparando los procesos del pensamiento, de la naturaleza y de la historia. Hegel provocó un interés por la historia y el enfoque histórico del conocimiento que más tarde fue realzado por Herbert Spencer en Gran Bretaña y la escuela alemana del historicismo. Spencer y el filósofo francés Auguste Comte llamaron la atención sobre la importancia de la sociología como una rama del conocimiento y ambos aplicaron los principios del empirismo al estudio de la sociedad.

La escuela estadounidense del pragmatismo, fundada por los filósofos Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey a principios de este siglo, llevó el empirismo aún más lejos al mantener que el conocimiento es un instrumento de acción y que todas las creencias tenían que ser juzgadas por su utilidad como reglas para predecir las experiencias.

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO I

Para que tengamos ocasión de comprobar hasta qué punto cualquier concepción de la realidad no sólo tiene sus orígenes, sino que está relacionada con una u otra concepción de nuestro modo de conocimiento, reproduzco en esta ocasión un artículo que podréis encontrar en internet relacionado con la Epistemología que, como es un poco extenso, lo distribuiré a lo largo de esta semana en tres apartados. Dice así: 
 “La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.

INTRODUCCIÓN.

He aquí unos de los grandes temas de la filosofía de todos los tiempos: elucidar en que consiste el acto de conocer, cual es la esencia del conocimiento, cual es la relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. A pesar de que es una operación cotidiana no hay un acuerdo acerca de lo que sucede cuando conocemos algo. La definición más sencilla nos dice que conocer consiste en obtener una información acerca de un objeto. Conocer es conseguir un dato o una noticia sobre algo. El conocimiento es esa noticia o información acerca de ése objeto.

La teoría del conocimiento es una doctrina filosófica. Para precisar su ubicación en el todo que es la filosofía, es necesario que antes aparezca una definición esencial de esta.

Una definición esencial de la filosofía se podría obtener atendiendo el significado de la palabra. El termino filosofía deriva del griego y quiere decir amor a la sabiduría o, lo que es lo mismo, deseo de saber, de conocer. Inmediatamente se nota que no se puede obtener de la filosofía una definición esencial, y, por lo tanto, obligatoriamente se debe de emplear otro método.

Por ejemplo la definición de filosofía que presentan Platón y Aristóteles como ciencia pura, es respectivamente la búsqueda de la virtud o de la felicidad.

Como dice Dilthey, “Lo primero que debemos intentar es descubrir un objetivo común contenido en todos aquellos sistemas a cuya vista se constituyen todos aquellos sistemas de la filosofía".

Estos sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibnitz, Kant y Hegel, ya que en todos ellos hallaremos una inclinación en la universalidad, una orientación en la totalidad objetiva por ejemplo: el ser, la esencia, el conocimiento.

En los principios de la edad moderna retomamos los caminos del concepto Aristotélico (tiene como centro una ciencia universal del ser). Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibnitz, presentan la misma orientación que caracteriza al Estagirita, ya que todos tienden al conocimiento del mundo objetivo. Kant por el contrario revive el estilo Platónico (procura elevar la vida, con todos sus conceptos a la conciencia filosófica).

Es verdad que Kant en su primera manifestación surge como una teoría del conocimiento como base crítica del estudio científico. Pero no se detiene en el ámbito teórico sino que avanza a formular la base crítica de todos los campos conocibles. Al lado de la Crítica de la razón pura, se encuentra la Crítica de la razón práctica, que aborda el tema de la valorización moral, y la Crítica del juicio, cuyo objetivo son las investigaciones críticas de los valores estéticos. Así pues, en Kant aparece la filosofía como una reflexión universal del pensamiento sobre sí mismo, como una reflexión del hombre estudioso sobre los valores de su conducta.

La supresión de todos los principios materiales y objetivos, los cuales existen indudablemente en Kant, de manera que la filosofía asume un carácter puramente formal y metodológico. Ésta postura intelectual provoca una reacción que forja un nuevo movimiento en el pensamiento filosófico, el cual vuelve a inclinarse a lo material y objetivo, constituyendo una renovación del carácter aristotélico.

Éste breve repaso de toda la evolución histórica del pensamiento filosófico, nos permite determinar otros dos elementos del concepto esencial de la filosofía. Al primero se conoce con la expresión "concepción del yo"; al segundo se le llama "concepción del universo". La filosofía es ambas cosas: una concepción del yo y una concepción del universo.

En todo conocimiento podemos distinguir cuatro elementos: 

  • El sujeto que conoce. 
  • El objeto conocido.
  • La operación misma de conocer.
  •  El resultado obtenido que es la información recabada acerca del objeto.

Dicho de otra manera: el sujeto se pone en contacto con el objeto y obtiene una información acerca del mismo. Cuando existe congruencia o adecuación entre el objeto y la representación interna correspondiente, decimos que estamos en posesión de una verdad.

PROBLEMAS FILOSÓFICOS GRIEGOS Y MEDIEVALES.

En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Por ello, uno de los principales sofistas, Gorgías, afirmó que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica.  La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.

Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo escolástico  Santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.

LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.

El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.

En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible y el conceptual reside en la singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.

En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual. Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego). La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.

Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico vislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados (conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.

La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.

La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad”.

(Continuremos mañana con la T.C.II)

SENTIDO DE ETERNIDAD

Como en otras ocasiones, reproduzco ahora el comentario del P. Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia- a la Liturgia de la Palabra del domingo III de Cuaresma (Éxodo 17, 3-7; Romanos 5, 1-2 5-8; Juan 4, 5-42). Suelo incluirlos en la medida en que me interesan, en la confianza de que a vosotros también lo hagan. En esta ocasión se refiere al sentido de la eternidad, y a mí me ha parecido una bella manera de hablar de los temas que, precisamente, venimos tratando. A ver lo que a vosotros os parece.

Dice así: 

“A la samaritana, y a todos los que en alguna medida se reconocen en susituación, Jesús hace una propuesta radical en el Evangelio de este domingo: buscar otro «agua», dar un sentido y un horizonte nuevo a la propia vida. ¡Un horizonte eterno! «El agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna». Eternidad es una palabra que ha caído en «desuso». Se ha convertido en una especie de tabú para el hombre moderno. Se cree que este pensamiento puede apartar del compromiso histórico concreto para cambiar el mundo, que es una evasión, un «desperdiciar en el cielo los tesoros destinados a la tierra», decía Hegel.  

¿Pero cuál es el resultado? La vida, el dolor humano, todo se hace inmensamente más absurdo. Se ha perdido la medida. Si falta el contrapeso de la eternidad, todo sufrimiento, todo sacrificio, parece absurdo,desproporcionado, nos «desequilibra», nos echa por tierra. San Pablo escribió: «La leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna». En comparación con la eternidad de la gloria, el peso de la tribulación le parece «ligero» (¡a él, que sufriótanto en la vida!) precisamente porque es «de un momento». En efecto, añade:«Las cosas visibles son pasajeras, más las invisibles son eternas» (2 Co 4,17-18). 

El filósofo Miguel de Unamuno (que además era un pensador «laico»), a un amigo que le reprochaba, como si fuera orgullo o presunción, su búsqueda de eternidad, respondía en estos términos: «No digo que merezcamos un más allá, ni que la lógica lo demuestre; digo que lo necesitamos, merezcámoslo o no, simplemente. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ésta todo me es indiferente. Sin ella no existe ya alegría de vivir... Es demasiado fácil afirmar: "Hay que vivir, hay que conformarse con esta vida". ¿Y los que no se conforman?». No es quien desea la eternidad el que muestra que no ama la vida, sino quien no la desea, dado que se resigna tan fácilmente al pensamiento de que aquella deba terminar.  

Sería una enorme ganancia, no sólo para la Iglesia, sino también para la sociedad, redescubrir el sentido de eternidad. Ayudaría a reencontrar el equilibrio, a relativizar las cosas, a no caer en la desesperación ante las injusticias y el dolor que hay en el mundo, aún luchando contra ellas. A vivir menos frenéticamente.  

En la vida de cada persona ha habido un momento en que se ha tenido cierta intuición de eternidad, aún confuso... Hay que estar atentos a no buscar la experiencia del infinito en la droga, en el sexo desenfrenado y en otras cosas en las que, al final, sólo queda desilusión y muerte. «Todo el que beba de este agua volverá a tener sed», dijo Jesús a la samaritana. Hay que buscar lo infinito en lo alto, no hacia abajo; por encima de la razón, no por debajo de ella, en las ebriedades irracionales.  

Está claro que no basta con saber que existe la eternidad; se necesita también saber qué hacer para alcanzarla. Preguntarse, como el joven rico del Evangelio: «Maestro, ¿qué debo hacer para tener la vida eterna?». Leopardi, en la poesía El Infinito, habla de un cercado que oculta de la vista el último horizonte. ¿Cual es para nosotros este cercado, este obstáculo que nos impide mirar hacia el horizonte último, hacia lo eterno? La samaritana, aquel día, comprendió que debía cambiar algo en su vida si deseaba obtenerla "vida eterna", porque en poco tiempo la encontramos transformada en una evangelizadora que relata a todos, sin vergüenza, cuanto le ha dicho Jesús.” 

¿Qué os ha parecido?

Y más concretamente…

… ¿qué os ha parecido el pensamiento de Unamuno?...

(Sabíais que era de Bilbao, ¿verdad?)

CURIOSA MISIVA

Benedicto XVI ha escrito una carta de agradecimiento al padre Peter-Hans Kolvenbach, S.I., hasta ahora prepósito general de la Compañía de Jesús, en la que reconoce que la Iglesia tiene particular necesidad en estos momentos de la fidelidad de los jesuitas. La misiva, con fecha del 10 de enero, ha sido distribuida por la curia general de la Compañía en plena 35ª Congregación General que, entre las tareas previstas, elegirá al sucesor del padre Kolvenbach (ésta información nos la da el firmante del artículo). 

«Querría expresar mi agradecimiento en primer lugar a usted, querido y venerado padre prepósito general -confiesa el Papa-, que desde 1983 está guiando de modo iluminado, sabio y prudente la Compañía de Jesús, tratando por todos los modos de mantenerla en el cauce del carisma ignaciano». 

«Usted -añade-, por razones objetivas, ha pedido varias veces ser exonerado de su cargo, asumido con gran sentido de responsabilidad en un momento no fácil de la historia de la Orden». 

El Papa da la gracias, además, a los «directos colaboradores» del padre Kolvenbach,

«a los participantes en la Congregación General y a todos los jesuitas esparcidos por todas las partes del planeta». 

«¿Cómo no reconocer la valiosa contribución que la Compañía ofrece a la acción de la Iglesia en varios campos y de muchas maneras?», se pregunta el obispo de Roma.

«¡Contribución verdaderamente grande y benemérita, que sólo el Señor podrá recompensar debidamente!». 

El Papa quiere que sus palabras

«sirvan de aliento y estímulo para realizar cada vez mejor el ideal de la Compañía, en plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia». 

«Se trata de una "peculiar" fidelidad, sancionada también, para no pocos de vosotros, por un voto de obediencia inmediata al Sucesor de Pedro "perinde ac cadáver"», explica. 

«De esta vuestra fidelidad, que constituye la señal distintiva de la Orden, la Iglesia tiene aún mayor necesidad hoy, en una época en que se advierte la urgencia de transmitir, de manera integral, a nuestros contemporáneos, distraídos por tantas voces discordantes, el único e inmutado mensaje de salvación que es el Evangelio». 

Para ello, el pontífice pide

«que la vida de los miembros de la Compañía de Jesús, como también su investigación doctrinal, estén siempre animadas de un verdadero espíritu de fe y comunión en dócil sintonía con las indicaciones del Magisterio». 

En este sentido, el Papa confiesa:

«deseo vivamente que la presente Congregación General reafirme con claridad el auténtico carisma del fundador, para alentar a todos los Jesuitas a promover la verdadera y sana doctrina católica». 

Por este motivo, considera que

«podría resultar muy útil que la Congregación General reafirme, en el espíritu de san Ignacio, la propia adhesión total a la doctrina católica, en particular sobre puntos neurálgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular, como, por ejemplo, la relación entre Cristo y las religiones, algunos aspectos de la teología de la liberación y varios puntos de la moral sexual, sobre todo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de las personas homosexuales». 

Acompañando la carta papal, la curia general ha publicado un comunicado en el que explica que «la Compañía de Jesús, son palabras del padre Kolvenbach, declara la voluntad de responder sinceramente a las invitaciones y a las peticiones del Santo Padre». 

«La congregación general dedicará a éstas toda la atención debida en el transcurso de sus sesiones de trabajo, una considerable parte de las cuales será consagrada precisamente a los temas de la identidad y de la misión de los jesuita y de la obediencia religiosa y apostólica, en particular de la obediencia al Papa», concluye el comunicado. 

La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola, en 1540, está hoy extendida por 127 países y compuesta por 19.564 religiosos, un dato que aporta el autor del comentario, Jesús Colina 

La misiva de Benedicto XVI al P. Kolvenbach no deja de ser “una curiosa misiva”, ¿no lo creéis así?.

Seguro que los componentes de la Compañía de Jesús seguirán siendo fieles (como lo han sido siempre) a la búsqueda de la Verdad,

  • dentro de la Iglesia,
  • bajo la obediencia filial al Papa,
  • pero poniendo en juego ese “particular carisma ignaciano” que les lleva a actuar bajo la luz del Espíritu, lo que posiblemente haga que disfruten de tanta actualidad.

Como decía Joaquim en otra ocasión, "sea por muchos años".

AGUR, P. KOLVENBACH

Puesto que "agur" es en euskera una palabra que implica reconocimiento y que se usa tanto para las acogidas como para las despedidas, sirva a modo de reconocimiento este particular agur por nuestra parte a la figura y a la tarea del P. Kolvenbach.

"LA SOTANA"

"Se va el padre Kolvenbach, discreto, tímido, gran oyente, o escuchante, y sumamente asceta. Igual le pasa lo que al enorme teólogo Karl Rahner, que, ya en edad de jubilación y sin docencia, atendía la portería de la casa de Jesuitas en la que residía, mientras seguía produciendo. A Kolvenbach podría sucederle lo mismo y seguro que lo haría con sumo gusto y con convicción de que tanto se sirve a Dios guiando la orden religiosa más importante del catolicismo como abriéndole la puerta al cartero. Quiere esto decir que los Jesuitas desempeñan altísimos cargos de gobierno -piensen en el rector de la Universidad de Georgetown, o en el de Deusto-, pero, llegado el tiempo, descienden a la base de donde surgieron. Esto le sucede ahora a su general, el primero en la Historia que ha renunciado a un cargo vitalicio. Si esta misma dinámica, común a todos los religiosos, se aplicara parcialmente al tácito escalafón de los obispos, algunas cosas cambiarían.

Por lo demás, la congregación general de los Jesuitas elegirá ahora al sucesor de Kolvenbach. Observando fotos de este «cónclave» de los Jesuitas, el agudo e implacable comentarista Francisco José Fernández de la Cigoña mostraba en su blog religioso su sorpresa, porque no veía, no ya sotanas, sino unos míseros alzacuellos en la congregación, de tal modo que le parecía casi una convención de agentes comerciales, o algo semejante. Existe al respecto una anécdota de Kolvenbach, que sí usa una sotana de corte oriental, suelta, sin fajín y añosa. Un jesuita en ropa de seglar se le acercó un día: «Padre general, ¿cómo no retira usted esa sotanilla de una vez?».

Con la ironía demoledora que le caracteriza, Kolvenbach respondió: «Joven, yo uso esta sotanilla para que usted pueda vestir como quiera». Imagínense la turbación en la Santa Sede si el «Papa negro» entrara al palacio apostólico o a la Secretaría de Estado con corbata o cuello de cisne. Y, sin embargo, los hijos de San Ignacio no basan su identidad en el hábito.

JAVIER MORÁN, La Nueva España, 16 enero 2007

 

DEL EROS AL ÁGAPE

Del libro no puedo hablaros, puesto que su lectura me la propongo para fechas posteriores, pero sí del autor. Se trata de un sacerdote joven, de un profesor tremendamente empático e imaginativo, y de un excelente ensayista que al parecer ha tenido el salero de investigar en base a una serie de textos de la literatura contemporánea, sobre aquello que en realidad subyace en las dos formas sublimes de, como él dice, realizar una vida enamorada.

A modo de presentación de su libro, os incluyo una entrevista muy sugerente aparecida hace poco en la revista Zenit, que considero por sí misma susceptible de provocar vuestras intervenciones y cuyo contenido es el siguiente:

José Pedro Manglano, ensayista y sacerdote,  afirma que «la historia nos enseña que en los tiempos en que está en crisis el matrimonio también lo está el celibato». De amor, celibato, matrimonio y libertad habla en su nuevo libro, “El amor y otras idioteces. Guía práctica para no perder a quien tú quieres”, que acaba de ser editado por la editorial Planeta.Sus ensayos versan sobre el sentido de la vida, la felicidad, la culpa o la libertad, y éste es un avance de las opiniones vertidas por el autor sobre la última de sus obras:

-Un cura hablando del amor y otras idioteces... no deja de ser llamativo

Manglano: ¡Me hace gracia que empieces por ahí! Me lo preguntan todos.

-Perdone por el tópico, pero insisto: no es habitual

Manglano: Efectivamente, se ve que es un hecho que llama la atención. Pero... ¿por qué es la primera cuestión que viene a la cabeza?. Quizá lo que se está planteando se podría formular de esta otra manera: ¿qué puede decir un célibe acerca del amor?, como quien da por sentado que quien opta por el celibato se hace extraño a la cuestión del amor. Me parece que este hecho, aparentemente sin importancia, manifiesta una situación de fondo delatada por Benedicto XVI en «La sal de la tierra»: la historia nos enseña que en los tiempos en que está en crisis el matrimonio también lo está el celibato.

-¿Por qué la crisis del matrimonio y la del celibato van relacionadas?-

Manglano: El celibato y el matrimonio, tal y como lo propone la Iglesia, son las dos formas sublimes de realizar una vida enamorada. Hay otras formas de vidas amorosas, sí, pero no otras formas sublimes. Hoy vivimos cierta crisis del matrimonio, y vivimos cierta crisis del sentido del celibato. No se entiende que el célibe sea un amante y pueda saber del amor. Sin embargo, su vida es ejercicio amoroso al Hombre Cristo y a todos los hombres y mujeres, cercanos o desconocidos. No solo eso: el célibe cristiano tiene una experiencia del Dios que es Amor, y de él recibe la sabiduría. Y si no, que le pregunten a San Juan de la Cruz, cuyo cántico es paradigma de cualquier relación amorosa.

-Pero su libro habla del amor de los novios y de los esposos-

Manglano: El libro trata del amor de pareja, no del celibato. Pero el amor de pareja es amor, y la naturaleza del amor, sus etapas, sus crisis y sus sentimientos... tienen mucho en común. Y para evitar las abstracciones, parto en todos los temas de relatos formidables de la literatura contemporánea, para analizar las ideas que subyacen a los distintos planteamientos acerca del amor que manejamos en nuestra cultura.

-¿El matrimonio es una carga que dificulta el vuelo hacia la felicidad, como sostienen algunos, o las alas para realizar esta utopía, como dice usted, y yo le corroboraría?-

Manglano: Para quien entienda el matrimonio como oficialización de una relación subjetiva por la que yo me agrupo con otro, no cabe duda de que casarse supondrá una carga. El matrimonio, entonces, limita mis posibilidades y no aporta nada. Sin embargo, para quien entienda el matrimonio como la creación de un vínculo que transforma el yo, casarse supone un acto de libertad que constituye un nosotros, una ayuda para realizar la entrega libre del yo transformado por esa unión.

-Entonces..., ¿cuál es el verdadero significado del amor?-

Manglano: El amor es obra de nuestra libertad: no biología, sino libertad. La atracción involuntaria -‘hay química', decimos- es transformada por la libertad en unión voluntaria. Amor significa unión libre que se originó por una atracción padecida. Sí. Amor es libertad, realización de la persona, superación de la soledad.

-Cristianamente amar es dar la vida por los enemigos. ¿Esto es realizable?-

Manglano: Exige una purificación del corazón que no es fácil. Cristo puede exigírnoslo porque él nos lo concede. Es realizable solo por quien es transformado por la acción del Espíritu. Ese comportamiento se nos da y después, solo después, se nos exige.

-«Quien bien te quiere, te hará llorar. Quien mal te quiere, te hará flotar». ¿El amor es exigente por definición?-

Manglano: Quizá nuestra cultura tiene una mirada simple sobre el matrimonio. Mira el punto de partida y el de llegada, pero fácilmente elimina de su campo visual cada uno de los pasos que es preciso librar para recorrer ese trayecto. Unos pasos se dan acompañados del placer de una buena sombra, otros bañados en el sudor, unas veces ahogan las risas y otros los jadeos... Amar es realizar una unión formidable que no es gratuita: se trata del éxodo que lleva del eros al ágape. Pero el amor es exigente también con el otro. No se trata de hacer llorar por capricho, sino porque lo exige su crecimiento. No se trata de crear ocasiones difíciles al otro, sino de no evitar las que surgen: se le enfrenta con la realidad y se le ayuda. Si no le gusta estar con determinadas personas, o si prefiere estar conmigo saltándose su horario de trabajo, o si tiende a los celos o a la posesión... son situaciones en las que necesita de mí para ser capaz de asumirlas; darle mi blanda compasión no le hace mejor. Quiere mal quien, en lugar de acompañar mientras el otro pisa el terreno, le ayuda a vivir flotando sobre la realidad, sin enfrentarse a las cosas.

-¿Por qué hemos pasado de la creencia del «amor eterno» a la práctica del «amor efímero»?-

Manglano: A partir de Spinoza, la filosofía ha propuesto un amor subjetivo: el amor sería una pasión que despierta mi felicidad con ocasión de mi relación con otra persona con la que hay química, como solemos decir. Amor vendría a ser una sensación que encuentro en mí. Entonces, lo que amo cuando digo que amo no es nada distinto a mí mismo. Así las cosas, el amor durará tanto como dure la sensación: en el momento en el que la sensación desaparezca, o me la despierte otra persona distinta, aquel primer amor habrá muerto; y así sucesivamente. El amor así entendido es necesariamente efímero. Sin embargo, otras filosofías entienden que el amor es algo objetivo: es el ejercicio libre de amar a otra persona, de unirme a ella. El «tú» no es una ocasión de sentirme enamorado, sino que el «tú» es el motivo por el que yo salgo de mí para instalarme en otro centro vital que es la persona del amado. El amor es referencial: salgo de mí hasta otro al que me doy. Entonces sí es posible realizar un amor eterno, que, por otro lado, es lo que a todos nos gustaría. Como he oído repetidas ocasiones a quienes llevan varias experiencias matrimoniales, «lo ideal sería que durase siempre, pero... no es fácil: ya me gustaría».”

Hasta aquí llega la entrevista. ¿No creéis que este hombre tenga mucho que decir en su libro?.

Su lectura es algo que -como os he dicho- próximamente me propongo, pero sus opiniones merecen por sí mismas una reflexión, si así os lo parece...

LA TEOLOGÍA DE LA BRÚJULA

Vuelvo a incluir en mi página una crítica que considero objetiva. Es sobre la película "La brújula dorada". La fuente es decine 21 y el autor Hildy Johnson. Al final os diré lo que a mí me ha parecido, pero la crítica dice así:

"Una de las películas más esperadas para las fiestas navideñas es "La brújula dorada", título de corte fantástico basado en el primer libro de una trilogía, “La materia oscura” y, oh, casualidad, producido por New Line Cinema, la responsable de adaptar una popularísima, la de “El Señor de los Anillos”.

Se trata de una peli con niña protagonista, mucha magia y brujería, donde se prometen 1.100 efectos especiales diferentes, y con un presupuesto de 125 millones de euros. O sea, con sus impulsores desean que la peli triunfe en taquilla “como sea” entre un público familiar amplio.

Pero ese “como sea” choca con un pequeño problema. El autor de la trilogía, Philip Pullman, es un ateo declarado que, a la hora de crear su mundo fantástico, mezcla elementos del cristianismo, de la ciencia y de la filosofía de Nietzsche en un “totum revolutum” que algunos considera antirreligioso, y por matizar más, anticristiano.

Desde luego a nadie que se gasta 125 milloncejos le apetece que un amplio sector del público pueda rechazar la película, por el motivo que sea, religioso, o porque se atreva a poner en duda el cambio climático, por poner otro poner. Así que los chicos de New Line ya están diciendo que de “antirreligiosa”, nada de nada, que la peli es sobre todo una gran aventura, un relato de heroísmo y bla, bla, bla… Aunque eso sí, luego tienen a los fans de “La materia oscura”, a los que les dicen que “tranquis”, que nada se pierde del original, que la fidelidad es asombrosa, y por si acaso, se traen al Pullman ese, para que lo corrobore.

La trama de la película habla de unos villanos conocidos como “El Magisterio”, y que en el libro son más claramente identificados como “La Iglesia”, que secuestran niños para robarles el alma y descubrir la verdadera naturaleza de unas partículas conocidas como “Polvo”. Las posiciones de Pullman son bien conocidas, aunque ahora trata por lo visto de recular afirmando que su obra sólo ajusta cuentas con “la naturaleza fundamentalista y que interpreta las cosas literalmente del poder absoluto” y con “los que pervierten y usan mal la religión o cualquier otro tipo de doctrina con un libro santo, un sacerdocio y un aparato de poder con autoridad indesafiable, para dominar y suprimir la libertad humana”. Por supuesto, el novelista no afirma ni niega explícitamente que esté aludiendo a la Iglesia católica u otras confesiones cristianas en “La materia oscura”.

El director Chris Weitz, que se define como “católico en desuso y criptobudista”, no sé si en serio o en broma, dice que ha introducido cambios en el film para que no se perciba antirreligiosidad por ninguna parte. Y la católica Nicole Kidman, una de las actrices importantes del film, afirma que “la Iglesia católica es parte esencial de mi vida. No habría hecho este film si creyere que es anticatólico”. En fin, la polémica está servida."

Si la véis o ya la hubiérais visto, tenéis ocasión de opinar.

Yo lo he hecho y sólo me ha parecido un montaje con pretensiones, hecho para sacar dinero por vías ya ensayadas, en el que la ternura está ligada a la supervivencia, la violencia es gratuíta, la imaginación es predecible, y las ofensas no pasan de ser lo que os digo: meras pretensiones...

¡En fín!...

... que más que una película parece un juego de la wii, con efectos y todo...

Pero en mi tierra somos muy dados a decir que "no hay mayor desprecio que no hacer aprecio" así que no se...

Claro que si lo que queréis es hablar de cine, estoy dispuesta a aprender...