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::: Dorotatxu :::

¿QUÉ ES LA FE?

Contando con las limitaciones que impone el lenguaje, podríamos hablar de la fe como de un cierto conocimiento de las cosas de Dios, un conocimiento que de por sí no nos es posible, pero que sí nos es posible porque Dios mismo se nos ha manifestado, y posible también, porque es Él mismo quien nos capacita para alcanzarlo con su Gracia.  

Para analizar correctamente el contenido de estas afirmaciones tendremos que hablar de las características de los seres personales (una categoría a la que se pertenece por el mero hecho de participar en una naturaleza espiritual); pero para un mejor entender aquello que pretendemos dilucidar, me van a permitir Vds. ahora la inclusión de un concepto que espero les resulte especialmente clarificador y que es el siguiente:

Concepto de ente 

Partiendo de la definición del ente como de la de “aquello que es” (es decir, cualquier cosa, por el hecho de ser, ya es un ente), diremos que,  aunque los entes antes que nada sean, también son de una determinada manera, y como tales se nos manifiestan.  

Es de este modo como los distinguimos, y es así también como los llegamos a considerar como convenientes o no para nosotros mismos.  Así, y en tanto que convenientes, llegamos a planteárnoslos como deseables, y es esa consideración de valor que nosotros les otorgamos, la que motiva en aras a su consecución, nuestra conducta.  

Esta afirmación, es válida para todos los seres dotados de conocimiento, pero mientras que para los seres irracionales su modo de conocimiento y de actuación está mediado por el instinto, en el caso de los seres personales todas estas operaciones cognoscitivo-volitivas se llevan a cabo regidas por la razón.  

Es la razón la que sintetiza nuestro conocimiento y nuestra voluntad, y es esta síntesis que la razón hace y la posibilidad de llevarla a cabo, lo que nos constituye en seres responsables y libres a nuestra vez.  

El sentido de esto que afirmamos les será deducible del contenido de nuestro trabajo. Pero para seguir profundizando ahora un poco más en el contenido de la virtud de la fe, vamos a pasar a considerar las características de los seres personales, una categoría a la que como hemos dicho se pertenece por el mero hecho de compartir una naturaleza espiritual, pero de la que no todos cuantos participan de ella lo hacen en el mismo grado, sino que su grado de participación se corresponde con las específicas formas de ser y de actuar con las que su acto de ser les caracteriza, siendo que cuantos seres comparten una misma forma de ser, de actuar y de participarse, constituyen por cuanto que la integran, una misma naturaleza, como diremos en posterior ocasión. 

(Éste artículo viene siendo extractado del texto Peldaños de Luz, del que tendrán noticia en la sección de textos comentados) 

EFECTOS DE LA FE

En el caso de los seres personales, su forma de ser, de actuar y de relacionarse incluye la capacidad de transcenderse y de compartirse con otros seres espirituales, tras la manifestación que de sí mismo y de su intención unos y otros hacen mediante su palabra. 

Esto les permite, mediado su conocimiento, asimilar como propias las formas sustanciales de otros seres (es decir, su capacidad de ser y de actuar, que no su materia), lo que conlleva la evolución en su ser correspondiente a través de los efectos de sus actos, toda vez que por el acto de conocimiento, lo conocido llega a formar parte del cognoscente posibilitando que éste actúe, contando con lo conocido, según su capacidad.. 

Ésto es precisamente lo que acontece tras la manifestación que de su ser y de su voluntad Dios hace por su Palabra, y, tras asumirla, como efecto de la comunicación de la forma de vida divina que se nos alcanza por la Gracia. 

Es tras la manifestación que de sí mismo y de su voluntad Dios hace por su Palabra, como llegamos a conocer su entidad y su bondad ontológica.  

Esto es posible porque, por nuestra participación en la Gracia, nuestro modo de conocimiento (de por sí experiencial, procesual, acumulativo, episódico y mediato) adquiere unas características ilimitadas que posibilitan que el conocimiento de Dios llegue a ser una evidencia para aquel que conoce.  

Así, es por efecto de la fe sobre el intellectus y la sindéresis humana, y como consecuencia de la manifestación sensible que de Sí mismo y de su voluntad Dios nos hace por su Palabra, como podemos llegar a conocer con certeza la inefabilidad de Dios y su benevolencia.  

Pero es a través del conocimiento de sus obras, del conocimiento que el ser humano tiene de su propia realidad así como de la del resto de las criaturas, y merced a su capacidad de ponerla en relación con Dios, como llega a concebirle a Él como El Totalmente Otro, como Sabiduría y Bondad subsistentes, y como Creador y Origen de todas las criaturas.  

Esta capacidad de conocer la realidad del ser humano, poniéndola en relación con otras realidades en función de su propia conveniencia (función de la estimativa humana), es lo que plenifica en el alma la participación en la Gracia a través de la virtud de la esperanza, como en otro de nuestros artículos analizaremos.

(Éste artículo viene extractado del texto Peldaños de Luz, del que podrán obtener información en la sección de textos comentados)