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EL SECRETO DE MI FUERZA

No digo que sea una mujer fuerte. Digo que se dónde estriba, o mejor en quien estriba la razón de nuestro valor, de nuestra fuerza, y es en nuestro trato personal con la persona de Cristo sacramentado.

Él es la piedra viva en la que toda las creación es recreada, y la piedra angular también con cuyas lascas se construye el edificio entero de la Iglesia

En la parte dogmática de la primera epístola de S. Pablo a los colosenses (versículos 15 a 20), refiriéndose al primado de Cristo leemos:

"Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas, las visibles y las invisibles: tronos, dominaciones, principados, potestades, todo fue creado por Él y para Él.Él existe con anterioridad a todo y todo tiene en Él su consistencia.Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primogénito entre los muertos para que sea Él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en Él toda la plenitud y reconciliar por Él y para Él todas las cosas, pacificando mediante la sangre de su cruz los seres de la tierra y de los cielos".

Así, Cristo es el verdadero Adán por cuanto que origen, y la verdadera Eva por cuanto que realización de la nueva realidad de los hijos de Dios y por ello, estando de acuerdo con Karl Barth, mantenemos que sólo en la medida en que Dios se ha hecho hombre, podemos decir acabadamente que el hombre es la medida de todas las cosas.

Es porque la relación personal con Cristo se establece, por lo que la humanidad participa de la Gracia creada del Salvador, y es porque esto es así, por lo que se nos alcanzan la fe, la esperanza y la caridad, una participación de la Vida divina que no hace sino plenificar en nosotros nuestras naturales capacidades de conocer, de juzgar, de elegir y de actuar de un modo conforme y correspondiente al Amor de Dios.

Es de este modo como la humanidad entera, en relación y por los efectos de nuestros actos, llegamos a comunicarnos con el Amor, y es así también como podemos participarlo a todas las criaturas, animados por el Espíritu de Dios.

El desarrollo de este tema es parte sustancial del texto Peldaños de Luz que está a vuestra disposición mediante el correspondiente enlace. Pero para hablar ahora de cómo debe llevarse la relación nuestra, pobres lasquitas, con esa piedra viva y angular en la que la regeneración de toda la creación se produce, utilizaré dos citas de un texto que tengo entre manos (concretamente del egiptólogo Christian Jacq) en el que, relacionadas con la concepción filosófica de la divinidad de aquella civilización, podemos leer las siguientes expresiones:

"Dios crea tanto lo que está arriba como lo que está abajo, y vendrá a ti en un soplo luminoso. No debes creer en él, sino conocerlo,  experimentarlo"

(Cap. 11 del tomo 2º de la tetralogía "LA PIEDRA DE LUZ")

En otro capítulo (concretamente el 9) del mismo texto, podemos leer:

"No intentes analizar ni comprender lo que ves, pero mira con todo tu ser, ve con tu corazón y siente con tu espíritu" 

Estas expresiones de la espiritualidad egipcia destinadas a la iniciación de un postulante en una cofradía que durante unos cinco siglos (de 1550 a 1070 a.C.) vivió en el Alto Egipto y cuyos vestigios aún pueden ser descubiertos en el paraje denominado Deir el-Medinhe en la orilla oeste de Tebas, parecer hacer explícito el modo en que las palabras de San Gregorio de Nisa que ya incluíamos en un artículo anterior tienen cabida en el alma humana y que dicen así:

«No se trata de conocer algo de Dios, sino de tener a Dios en sí» («De beatitudinibus 6»: PG 44,1269c), es decir (esto lo añado yo), de hacer que nuestra relación con Dios forme parte de nuestra experiencia.

Para ello no es preciso racionalizar.

Ante la presencia de Dios es suficiente:

  •  “con mirar con todo nuestro ser”, es decir, con estar abierto a la trascendencia percibiendo toda nuestra pequeñez
  •   “con ver con todo nuestro corazón”, es decir, permitiéndonos a nosotros mismos escuchar a Aquel quien sólo es Bueno; 
  •  y con “sentir con todo nuestro espíritu”, es decir sintiendo todo nuestro espíritu  en comunicación con Él.

Es así como surge el diálogo y la comunicación, y es de este modo también como, cuando damos cabida en nuestra alma a la Palabra de Dios, sobre ella inhiere Su Gracia y con ella las tres virtudes teologales de las que hablábamos y que como decíamos nos plenifican.

Ése es a mi modo de ver la razón y la causa de nuestro valor y de nuestra fuerza, pero ni siquiera quiero que me creáis: quiero que lo experimentéis. Veréis cómo me dais la razón....

 

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6 comentarios

dorota -

Lo tengo empezado, Joaquim.
La cuestión es que no me da la vida para más.
Te prometo que las dos próximas intervenciones estarán relacionadas contigo: serán ésta de la que hablamos, y la del polvo de estrellas que te anunciaba en un post anterior.
La cuestión es que el secreto para que un blog funcione parece ser su pervivencia, por lo que he adquirido el compromiso previo de sacar al menos dos artículos semanales, y ésto, unido a mis circunstancias laborales y familiares, hacen que no pueda dar más de mí.
A ver si consigo que mis artículos estén a la altura de tus espectativas, ¿vale?.
Un cordial saludo

Joaquim -

Recuerdas tu compromiso del 18 de agosto de redactar un comentario llamado LOS EVANGELIOS SIN-ÓPTICOS.

dorota -

Por supuesto este comentario pide un artículo por separado. Te contestaré lo antes posible, y te adelanto que se llamará POLVO DE ESTRELLAS.

Mira, Joaquim: Yo he sido la primera contestataria contra la Iglesia como institución. De hecho, la mayor parte de mi vida no me he sentido Iglesia.

No he dejado de buscar, eso sí, y de ese modo he practicado algo de yoga, he leído algo de otras filosofías (tantra, budismo), he practicado algo de control mental...
En fin, que como te decía en otro comentario "me he dejado llevar" a lo largo y a lo ancho.

Ha sido después cuando me he encontrado con el dogma.

Ahora suelo decirles a mis hijos cuando también argumentan fijándose en lo que podríamos considerar "deslices de la Iglesia" con relación al Evangelio de Jesucristo que no se equivoquen: que aunque todos los cristianos, "todos", desde el Papa hasta mí misma, fuéramos una cuadrilla de auténticos "hijos de nuestra madre" (que es lo que somos) a Dios no le habíamos tocado un pelo.
Yo creo en la Iglesia de Dios: en la comunidad de seres humanos entre los que habita la Gracia y tras los que actúa el Poder del Espíritu de Dios.

Ésto es lo que supone el hecho y los efectos de la inhabitación trinitaria en el alma humana, y de ésto es lo que habla el dogma de la Iglesia si lo sabemos interpretar.

Pero de ésto seguiremos hablando, ¿vale?

Me encanta que nos hables de antropología. A mí me encanta la antropología filosófica, ¿y a tí?

Un cordial saludo.

Joaquim -

¿Cómo conciliar el magisterio de la Iglesia con esa corriente mística que siempre te acaba saliendo? Complicado de veras. Calcedonia está bien como está, pero en 2.007 queda ya un poco lejos.

Se calcula que nuestra galaxia contiene aproximadamente un cuarto de billón de estrellas. No parece cometerse un error excesivo si suponemos que existen también un cuarto de billón de galaxias. Esto lleva a los científicos a considerar un Cosmos poblado por más de 50.000 trillones de soles. ¿Cuántos planetas asociados a una estrella pueden haber desarrollado las condiciones necesarias para contener vida inteligente? No se descarta que ante la enormidad de los datos anteriores exista alguno. ¿De verdad Dios fue a manifestarse a un judío marginal de la Palestina un poco anterior al año cero?

Hubo un tiempo, entre hace unos 200.000 y 30.000 años, correteó por Europa una raza humana a la que se ha bautizado como de Neandertal. Tuvo la mala suerte de tropezarse con otra hace entre 40.000 y 30.000 años porque, ¡oh! casualidad, después de ese encuentro aquella raza desapareció. Esa raza nueva era la del sapiens sapiens, es decir, nosotros. Dicen los entendidos que los neandertales tenían una inteligencia superior pareja a la nuestra, pero que carecían de nuestra suprema capacidad simbólica. Podríamos hacer muchas preguntas, pero un podría ser ¿porqué Dios negó a los neandertales su automanifestación y la posibilidad de obtener un camino de salvación?

Estoy de acuerdo con tu mirada mística del dejarse llevar, pero no puedo con los lugares comunes, que pueden parecerme bien en cuanto herramienta pero no como objeto de fe.

Saludos muy cordiales.

dorota -

Te agradezco el comentario, Daniel.
No se si es denso, tal vez...
Pero es que a mí me gusta referirme a estos temas con un lenguaje adulto.
Un saludo

daniel -

Un artículo muy interesante, aunque un poco denso.
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