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LA INTERVENCIÓN DE JAIME (2)

LA INTERVENCIÓN DE JAIME (2)

Es indispensable conocer bien la tradición y transmitirla bien. Esto es precisamente lo que hace Dorota en Peldaños de Luz: entrar en diálogo con las ideas de algunos de los mejores exponentes del pensamiento cristiano e interpretarlas desde nuestro tiempo. Detrás de estas páginas es posible identificar la voz de Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona, Dionisio Areopagita o Tomás de Aquino. Cada uno de ellos tomó el pensamiento heredado y lo interpretó a su modo y para su tiempo, no sin afrontar, por ello, grandes dificultades. Si no se menciona explícitamente ninguno de estos nombres, como no aparece tampoco el de la autora, es porque las controversias personales son secundarias para el propósito del libro: lo fundamental es la aportación a una línea multisecular de pensamiento, preocupada por comprender el lugar del hombre en el mundo y discernir el camino de la vida buena.

 

Ese modo saludable de comprender y transmitir la tradición parece hoy más necesario que nunca. Cuando la tradición se malentiende, nos traiciona. No en vano “traidor” traditor tiene el mismo origen etimológico y significa “el que nos entrega”. La tradición nos entrega, nos hace pasar a las peores manos, cuando se entiende como un cuerpo inmutable de conocimientos y prácticas que nos evita la molestia de pensar por nosotros mismos. Esto puede resultar simplemente ridículo cuando nos descubrimos cumpliendo con una arcaica costumbre que ha perdido su función originaria, pero puede ser fatal cuando es el sentido de nuestra vida lo que está en juego. Si el valor y el sentido de todo cuanto se puede hacer y pensar está fijado de antemano, no nos queda más que abdicar de nuestra libertad y someternos a quien quiera erigirse en guardián de nuestra mente y nuestros actos. Y lo malo es que nunca faltan candidatos a este puesto.

 

Vemos fácilmente cómo algunas tradiciones, que nos son más o menos ajenas, la islámica, por ejemplo, quedan convertidas en instrumentos de dominio cuando se aprisionan en interpretaciones empobrecedoras e interesadas. Pero no debemos olvidar que nuestra propia tradición tampoco se haya nunca a salvo de este peligro. Sin ir más lejos, hace aún pocos años, una determinada interpretación de la fe católica bendecía los crímenes de muchas dictaduras en España y otros países. Ni el integrismo islamista ni el nacionalcatolicismo pueden llevar legítimamente a una condena de la tradición musulmana o católica, porque no son sino sus interpretaciones aberrantes. Ahora bien, tampoco basta con ser conscientes de que el peligro existe: hay que evitarlo activamente esforzándose por promover formulaciones valiosas y liberadoras de cada tradición. En nuestras manos está convertirlas en instrumentos de opresión o de crecimiento.

 

Sólo con esfuerzos como el de Dorota, por formular razonablemente la fe y prestar atención a las necesidades del ser humano actual, seremos capaces de llevar nuestra propia tradición al diálogo con las demás y con la modernidad. Las otras tradiciones no se encuentran ya a miles de kilómetros, sino a un par de manzanas. Nuestra sociedad es multicultural, lo queramos o no, y ya empezamos a ver los problemas de convivencia a los que conduce la contraposición de sistemas de valores encerrados en sí mismos.

 

También la modernidad secular puede verse enriquecida por el diálogo con la tradición: esta idea, que se acepta muchas veces sin discusión aplicada al budismo o al hinduismo, parece fuera de lugar cuando hablamos de la religión católica. Y sin embargo, no dudo de que el discurso clásico en torno a las virtudes, por ejemplo, tendría aún mucho que aportar en esta sociedad ferozmente competitiva. Ocurre que los no creyentes tenemos a menudo una relación difícil con la que es nuestra propia tradición (algo que no ocurre con opciones más exóticas). Para llegar a un entendimiento fructífero y a un aprendizaje mutuo debe darse un esfuerzo por ver lo que el otro pueda aportarnos. Este libro, desde luego, nos lo pone más fácil.

 

Gracias, Dorota, por esta contribución honesta, generosa y valiente, al diálogo sobre lo que el hombre es y puede ser. Su lectura me ha resultado sugerente y enriquecedora. Espero que así lo sea también para vosotros.

 

Muchas gracias.

 

Jaime Cuenca.

Bilbao, 17 de Abril de 2008”.

 


Esker’ik asko, Jaime.

Biotz biotzetik.

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6 comentarios

Dorota -

Me ha parecido espléndida tu intervención, José Luis.
Introduces un nuevo elemento: la fe.
Gracias

José Luis -

Me ha gustado el artículo de Jaime. Se ve que está escrito con gran sinceridad, es un hombre abierto, dialogante, que es algo que se echa en falta en nuestra sociedad. me refiero al diálogo verdadero que para mí consiste en saber escuchar y tratar de comprender su punto de vista, no simplemente estar callado pero en el fondo sin escuchar. Me ha gustado lo que dice de la tradición. Efectivamente, sin tradición no tendríamos raíces y, como los árboles y las plantas, nos moriríamos. Tenemos que saber trasmitir que la tradición forma parte de nuestra vida, y por tanto no hay que verla como algo que nos frena. Decía el papa al comenzar la catequesis sobre los personajes de los primeros tiempos de la Iglesia:la tradición es el río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes siempre están presentes. El gran río que nos lleva al puerto de la eternidad. En este río vivo se realiza siempre de nuevo la palabra del Señor:He aquí que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo

Luis -

Me ha gustado mucho la intervención de Jaime, interesante, comedida, personal, agradecida... estupenda. ¡Felicidades! Un cordial saludo

Joaquim -

El texto de Jaime es estupendo, bien escrito, ameno y muy elogioso para contigo (estoy deseando leer "Peldaños de luz", pues). Es una presentación de campanillas. Eso justifica de sobras esa sensación de enorme satisfacción que debes de tener y que desde aqui y en lo posible comparto contigo. De verdad, enhorabuena.

Martika -

Ambos estuvisteis genial!!!
La presentación de Jaime me gusto oralmente,y al leerla todavía más!!

Jaime -

Gracias a ti, Dorota, por tu generosa valoración de mis palabras. Me sentí muy a gusto en la presentación y ello porque no se me da nada bien mentir: Fue un placer leer el libro y tener la ocasión de dialogar con un texto tan riguroso.
Un abrazo cordial.
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