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::: Dorotatxu :::

CONTINUACIÓN A LA PREGUNTA 13ª

Quizá porque la extensión de los anteriores sea grande, me encuentro en esta ocasión que no puedo incluir mi último comentario en torno a la pregunta que realizaba Hola. Las intervenciones anteriores en ella las encontraréis. Sólo me queda incluir el comentario pretendido que dice así:

Sólo dos cositas, querido Hola.

El ser ancian@ no es ningún valor. Tampoco lo es la ancianidad.

El reconocimiento de un valor supone la plasmación de algo intrínsecamente bueno y susceptible de considerarse valioso por el ser humano.

La consideración y el cuidado de las personas ancianas será un valor social por tanto, siempre que se traduzca en la consideración de sus circunstancias y en el respeto que les es debido, y en otro caso, no.

Por lo demás, cuanto sugieres es muy interesante, pero tal vez sea mejor (como en el caso de la ancianidad) que vayamos centrándonos en ejemplos concretos…

En cuanto a la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza que planteas, te aclararé que las mismas no son propiamente valores, sino “hábitos operativos buenos”, es decir, virtudes.

Estas cuatro son las cardinales, y junto con las tres teologales (fe, esperanza y caridad) constituyen lo que se ha dado en llamar el “cuerpo de las virtudes”.

Unas y otras se diferencian por su objeto, porque mientras el objeto de las virtudes teologales es Dios mismo, el objeto propio de las cardinales es el bien moral, es decir, la ordenación de nuestros actos en orden al fin sobrenatural.

Como hábitos operativos que son, disponen al entendimiento y a la voluntad para obrar según el juicio de la razón iluminada por la fe.

El reconocimiento de estas virtudes se encuentra ya en el paganismo grecorromano –según dice la Wilkipedia-.

En Platón, por ejemplo, se encuentran asociadas tres a cada una de las partes que tiene el alma según su teoría, y así, la virtud de lo racional es la prudencia; la de lo irascible es la fortaleza; y la de lo concupiscible es la templanza. La cuarta, que es también la virtud más importante de todas, es la justicia, que nace cuando cada una de las partes del alma cumple bien su tarea y viene a ser así una virtud rectora encargada de cohesionar las otras tres.

También se encuentran formuladas estas virtudes en Cicerón y en el emperador Marco Aurelio.

No se si nos habremos acercado un poco a lo que querías, querido Hola, pero me temo que –salvo que quieras que empecemos una serie nueva con las virtudes- poco más te puedo decir.

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13 comentarios

Dorota -

Me alegro mucho, Gorka.
Cuando leo cosas así, de algún modo encuentro que mi trabajo tiene sentido.
Esker'ik asko.

Gorka 97 -

LO que prometí de seguir comentando, es para mi volver a leer a Dorota:
"A Hola le hablaba de virtudes adquiribles (la lealtad, la profesionalidad…)
Pero es que, a base de ellas y por los efectos inmanentes de nuestros actos de los que tantas veces hemos hablado, te haces leal, te haces un buen profesional…
… pero no evolucionas en una dimensión mistérica, que es con la que tienen que ver el conjunto de las virtudes infusas, a las que me refería cuando hablaba del “cuerpo de las virtudes”…
Al tipo de Sabiduría que se adquiere a través de su práctica, es exactamente a lo que yo me refería cuando hablaba de su falta de apetencia como pérdida de un valor."
Y ahora a esperar lo prometido a Daniel
"Puesto que me lo pides, y si está en mi mano, desde luego que lo háré, querido Daniel."
A mi me está haciendo mucho bien las reflexiones que haces.



Dorota -

Puesto que me lo pides, y si está en mi mano, desde luego que lo háré, querido Daniel.

Daniel -

Precisamente el día 18 el Papa va a hablar del fundamento de los derechos humanos en la O.N.U.
Si sabes algo del discurso nos lo contarás, ¿verdad?. Espero que sí.

Gorka 97 -

De acuerdo con Dorota:
"Verás, querido Hola:
Efectivamente, el respeto es un valor, y el hacerlo efectivo en ti a base de repetición de actos que acaben facilitado tu actuar, una virtud.
Así, pues, vivir un valor equivale a adquirir una virtud.
En el caso del aprecio por el trabajo bien hecho, o en el de la lealtad a la palabra dada, estaríamos por un lado hablando de dos valores identificables y susceptibles de generar nuestra conducta, y por otro lado de dos virtudes que llegarían a serlo en nosotros en tanto que la asimilación de esos dos valores la hubiéramos hecho efectiva en nuestra realidad.
Tienes toda la razón en lo que dices de la posibilidad de compartir tanto aspiraciones como modos de conocimiento en el momento actual.
Pero mi duda es que la adquisición de la verdadera Sabiduría ni siquiera nos la planteemos."
Sequiré comentando.

Dorota -

Supongo que tendrás una edad aproximada a las que tienen mis hij@s, querido JML.
Verás:
En nuestro tiempo, ni siquiera nos planteábamos el llegar a cuestionamientos transcendentes. Sencillamente se nos planteaban.
Con ellos crecimos, y la práctica de las virtudes era para nosotros –aún sin entenderlas- algo asumible sin más.
Así –desde luego con mucha menos teoría y sobre todo en base al ejemplo- hemos tratado de transmitirlas a nuestros hijos.
La novedad es que parece que ahora se consideren innecesarias, y créeme que no lo son.
A Hola le hablaba de virtudes adquiribles (la lealtad, la profesionalidad…)
Pero es que, a base de ellas y por los efectos inmanentes de nuestros actos de los que tantas veces hemos hablado, te haces leal, te haces un buen profesional…
… pero no evolucionas en una dimensión mistérica, que es con la que tienen que ver el conjunto de las virtudes infusas, a las que me refería cuando hablaba del “cuerpo de las virtudes”…
Al tipo de Sabiduría que se adquiere a través de su práctica, es exactamente a lo que yo me refería cuando hablaba de su falta de apetencia como pérdida de un valor.

Dorota -

Verás, querido Hola:
Efectivamente, el respeto es un valor, y el hacerlo efectivo en ti a base de repetición de actos que acaben facilitado tu actuar, una virtud.
Así, pues, vivir un valor equivale a adquirir una virtud.
En el caso del aprecio por el trabajo bien hecho, o en el de la lealtad a la palabra dada, estaríamos por un lado hablando de dos valores identificables y susceptibles de generar nuestra conducta, y por otro lado de dos virtudes que llegarían a serlo en nosotros en tanto que la asimilación de esos dos valores la hubiéramos hecho efectiva en nuestra realidad.
Tienes toda la razón en lo que dices de la posibilidad de compartir tanto aspiraciones como modos de conocimiento en el momento actual.
Pero mi duda es que la adquisición de la verdadera Sabiduría ni siquiera nos la planteemos.

Hola -

Bueno, lo que ocurre es que a veces, esa sensación puede ser cierta! Ja, ja, ja
Pobre Bofill…

JML -

Oh, sí. La impresión de que la búsqueda de la sabiduría no interesa a los más jóvenes es fortísima. Pero me resisto a creer que sea cierta. Seguro que mis padres tenían la misma impresión respecto a nosotros.

Una vez, en una entrevista al arquitecto Bofill, le preguntaron algo como esto: (la cosa no es textual, sino inventada por mi porque no recuerdo los detalles, pero para el caso es lo mismo):

- Señor Bofill: Cuando tenía usted 19 años publicó un cortometraje titulado: "La influencia de los procesos mentales profundos con la sensación de perspectiva en la arquitectura contemporánea"; con unos cuantos años más; su hijo acaba de publicar un video titulado "Chabeli enamorada". ¿Esto le merece algún comentario?

Es evidente que al periodista le tenían que quitar la licencia por crueldad mental...

Yo tengo la misma sensación con mis hijos. Eso me corroe y me destruye por dentro. Pero sigo creyendo que es una sensación falsa.

(POR DIOS; QUE NO SEA CIERTAAAA).

Hola -

Tengo la misma impresión sobre el alarmismo y la pérdida de valores ente generaciones. Probablemente nosotros mismos hemos caído en esa tentación en alguna ocasión (yo sí), pero parece ser que el tiempo, efectivamente nos corrige del error, una generación tras otra.

Tu amigo Inmanuel, me ha recordado, como dicen por ahí, que “saber lo que hay que hacer no es difícil, lo difícil es hacerlo.”

También creo que en general parece percibirse una pérdida de interés por la sabiduría, pero no estoy seguro de que no se trate también de una impresión. Nos ha tocado vivir los tiempos de la información y la comunicación, que si bien no es sinónimo de conocimiento, si nos permite estar en contacto ente personas que, de otro modo, quizá nunca hubiéramos coincidido. Posiblemente nunca haya sido tan fácil coordinar intereses entre aquellas personas interesadas en el conocimiento. Solo de pensar las travesías que debían hacer antaño para consultar un pergamino, te pone los pelos de punta. Al fin y al cabo, ¿quién sabe dónde nos llevará el conocimiento?

Una virtud que a menudo me cuesta encontrar, es el aprecio por el trabajo bien hecho, relacionado en cierta manera con el respeto a la palabra dada. El rigor es importante en mi trabajo, y sin embargo me cuesta toparme con él, no sé qué os parecerá a vosotros.

Saludos

Dorota -

Dos intervenciones interesantísimas, chicos, con las que desde luego estoy de acuerdo.

Pero puestos a remarcar un valor que en este momento encuentro devaluado, yo me atrevería a hablar de la falta de apetencia por alcanzar la Sabiduría.

Sabemos más, sabemos muchas cosas...
... ¿pero para qué nos sirve si no nos acerca a la verdad de lo que el ser humano tiene de más esencial?...

JML -

Yo no sé la respuesta a tu pregunta; pero me da la impresión de que las cosas cambian mucho más lentamente de lo que nos parece apreciar.

Quizás los valores y las virtudes hayan sido siempre las mismas, con mínimas diferencias culturales que no son sino una pátina que cubre lo verdaderamente esencial.

¿Esencial para qué? Esencial para ser humano.

Cada generación tiene sistemáticamente la sensación de que la que le sigue está echando por la borda todos los valores que su generación ha recibido a su vez de la anterior. Y si esto fuera cierto, la sociedad evolucionaría a una velocidad de vértigo. Y realmente no lo hace. Si leemos, por poner un ejemplo, las Meditaciones de Marco Aurelio, nos encontraremos con las mismas pulsiones que dirigen el espíritu humano de hoy, escritas hace dos mil años. Si leemos "Los trabajos y los días" de Hesíodo; nos encontramos con lo mismo: los problemas y las angustias de un padre por el futuro de su hijo; escritas hace casi tres milaños. Tablillas babilonias explican los mismos problemas aún otros mil años antes: nada nuevo bajo el sol. Creo firmemente que existe una unicidad en el espíritu humano que hace que, a pesar de los ropajes tecnológicos y cronológicos; las Grandes Cuestiones Humanas son siempre las mismas, y que básicamente se basan en las dos preguntas mágicas que mi venerado Inmanuel planteó:

1.- ¿Qué puedo conocer?
2.- ¿Qué debo hacer?

JML

Hola -

Paseando por algún blog, alguien decía sobre los valores y las virtudes: ”¿Cuál es la diferencia? Que vivir una virtud supone esfuerzo, constancia, y, lo que es más importante, el siguiente juicio: esto es bueno. Vivir un valor no cuesta nada, es como un brindis al sol: no hay que sudar ninguna camiseta. Uno puede hacer la declaración de sus valores desde un sofá.”.

De manera que acepto la docta corrección, y me muestro dispuesto a incluir las virtudes en este paseo.

El valor social que representa el cuidado de los ancianos, como comentabas anteriormente, puede tener valor en sí mismo, independientemente de que valor le otorgue la sociedad en un momento de su historia. Pero es que es eso precisamente lo que me interesa, insisto.

El origen de la pregunta, es el de ahondar un poco en aquellos valores (o virtudes) que estaban perdiéndose, en opinión de los contertulios, y el exponer un poco entre todos los más llamativos, y su evolución en el tiempo.

¿Cuál crees que es el valor, o la virtud más devaluada en los tiempos que nos ha tocado vivir?

Saludos
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