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SANACIÓN CREYENTE

Viene siendo habitual que comentemos posteriormente documentos de trabajo que nos hablan del Evangelio correspondiente a cada domingo. En esta ocasión, os incluyo uno que Xabier Pikaza ha colgado en su blog. A mi modo de ver es magnífico, pero me encantará conocer vuestras opiniones. Dice así:

Domingo 28. Tiempo ordinario. Ciclo C.

"Mientras va culminando su camino de ascenso hacia Jerusalén, el Jesús de Lucas expone cada vez con más fuerza la riqueza de la fe. El domingo anterior he comentado la palabra de fondo de Habacuc 2, 4: "El justo vive por la fe". Hoy quiero comentar la nueva palaba de Jesús que dice al enfermo "tu fe te ha curado". La fe es principio radical de sanación. La mayor enfermedad humana (mental y somática) es la falta de fe. El hombre que cree en el Reino de Dios, en el Dios del Reino de Jesús puede curarse, sea judío o samaritano. Gratuita es la curación, con agradecimiento debe respodner el curado. Éste es el tema clave: que la humanidad enferma pueda curarse.

Texto Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros."
Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes."
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?"
Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."

Primer acercamiento

No hace falta ser judío, no hace falta ser cristiano. Ante Jesús son todos iguales, judíos y samaritanos. La lepra no distingue religiones externas. Los leprosos judios y los samaritanos pueden andar juntos.

Pero una vez curados... los leprosos pueden distinguirse. Unos van a lo anterior (los judíos, con sus sacerdotes). Otros, como los samaritanos, pueden volver a dar gracias. Sólo éstos se han curado de verdad, sólo estos pueden empezar una vida nueva con Jesús.

Una reflexión más detallada.

Ahora podemos condensar en breves trazos el sentido de los milagros de Jesús , tal como han sido reasumidos y entendidos por la tradición cristiana. Nos hallamos en ese punto central, piedra angular, donde se juntan experiencia religiosa y compromiso de amor liberador sobre la tierra. Es el punto donde el reino de Dios se hace visible entre los hombres, como base de vida y fundamento de futuro.
Jesús mismo ha llegado hasta aquí: como profeta escatológico de Dios puede ofrecer los signos del reino sobre el mundo. Así los ha ofrecido. No pregunta si lo suyo es magia o religión:sabe que es amor y como amor lo ofrece;sabe que es poder de creación y como creador ayuda, en actitud de fe, a los pobres y enfermos de su entorno. Humanamente hablando, Jesús ha compartido la esperanza apocalíptica del tiempo: la manera de entender el gran combate entre Dios y su adversario, los signos y señales de Satán sobre la tierra (enfermedad, posesión). En ese mundo de dolor y enfermedad ha penetrado Jesús con "toda el alma", con la gran certeza de que llega el reino y de que el reino es libertad para los hombres que se encuentran cautivados.

De esa forma ha vinculado los dos rasgos de su obra:
su "mensaje apocalíptico", de culminación del mundo viejo, ha tomado cuerpo en las señales de vida que ha ofrecido a los enfermos y posesos;
por otra parte, esas "señales" aparecen así como anticipo (anuncio) de aquella libertad total de Dios que ya se acerca.
De esa forma, Jesús no ha pretendido ir resolviendo los problemas de los hombres uno por uno. Ha hecho algo más hondo, más definitivo:dentro de esos mismos problemas que son la expresión del mundo viejo, como iniciador de un camino de Dios, Jesús ha introducido unas señales de esperanza: los signos de su reino.

No es magia, es fe que cura

Planteamos de esa forma la verdad más paradógica de todo el evangelio. Parece que la magia antigua quiere triunfar de una manera externa sobre el mal del mundo. Por eso apela a los poderes exteriores: pide que ellos vengan y que actúen, como liberando al hombre de su propia responsabilidad, de eso que pudiéramos llamar el peso de su acción y sacrificio.
En contra de eso, Jesús actúa como un hombre de fe. Por eso no resuelve los problemas de los hombres ofreciéndoles un tipo de ayuda desde fuera. No les lleva a la evasión o al olvido de la tierra sino todo lo contrario: en el centro de la misma enfermedad Jesús suscita un gesto de fe en aquellos que le acogen y le escuchan. Así actúa como promotor de vida en medio de la muerte, como signo de esperanza en medio de una sociedad que parece condenada a la desesperanza. Tres son los elementos que actúan en sus curaciones:

a) Jesús actúa como mediador de fe: dialoga con el enfermo (o poseso); penetra en el lugar de su dolor, en la raiz de su misma enfermedad o su locura. Actúa en gesto de iluminación psicológica, de donación de amor, de entrega radical. Precisamente allí donde parece que la vida se encuentra condenada y fracasada ha penetrado Jesús con su fuerza de amor gratuito y transformante.

b) Jesús pone a los enfermos ante el poder de Dios que definimos con todo el evangelio como "reino". De ese Dios hemos hablado ya en el capítulo anterior, presentándole como gratuidad al servicio de los pobres y pequeños, como amor creador que triunfa de la muerte. A modo de mensajero de ese reino actúa Jesús, haciendo que cada enfermo pueda colocar su vida (enfermedad, esperanza) en manos de Dios.

c) Por eso el milagro se realiza como fe. Así lo indica la tradición evangélica recordando una y otra vez las palabras de Jesús que dice a los enfermos "si crees puedes curarte" o "tú fe te ha curado". Fe es ponerse en manos de la gracia de Dios, en manos de su fuerza creadora. La fe es el gesto por el cual, superando lo que somos, nos ponemos en brazos de aquel que nos hace vivir, de aquel que nos capacita par esperar. Al llegar a este nivel puede realizarse y se realiza muchas veces el milagro.

Milagro no es por tanto algo que puede hacerse por la fuerza; si se hace por la fuerza no es milagro. Tampoco es milagro si se logra demostrar por métodos científicos. Por eso, frente a la magia que quiere expresarse como dominio del hombre sobre las fuerzas superiores (divinas) de la realidad, el auténtico milagro de Jesús viene a expresarse como signo de fe, como expresión de gracia.

De esa forma se vinculan, en unión gratificante y creadora, los tres agentes indicados: el hombres que escucha la palabra de Jesús y se confía en manos del Dios de la vida. Por eso se puede decir que cura Dios (poder del reino); y se puede añadir que los milagros son gestos de Jesús, que es portador del reino; pero, al mismo tiempo, se puede y debe añadir que los milagros son gestos de fe del mismo enfermo que supera su antigua situación y pone su vida en manos del misterio de la gracia.

El milagro es la fe que actúa

Es el gesto y consecuencia de aquella confianza radical que, en medio de este mundo malo, pone a los hombres ante el resplandor de Dios. La máxima actuación del hombre consiste en dejar que Dios actúa, dejándose en los brazos de su reino. Por eso el milagro no se puede programar ni demostrar; no se puede convertir después en acción de compraventa, en mercado de favores religiosos. Allí donde comienza el mercado termina el milagro. Donde se programa la feria de prodigios se apagan los auténticos prodigios, en la línea de la gracia de Jesús.

Milagro es la misma vida de la gracia, es la gratuidad de los samaritanos: el gesto de amor de Dios que irrumpe, por medio de Jesús en la existencia de los hombres, el gesto de amor de los samaritanos que responden dando gracias. Por eso, toda la vida del creyente empieza a ser milagro: signo de gratuidad, canto de vida, principio de libertad.

Por los prodigios de la magia el hombre puede quedar fijado en lo exterior, en manos de poderes que le manipulan. Esto es lo que intentan siempre los grandes "buscadores" de prodigios, los que van al adivino y hechicero, al echador de cartas o al pronosticador de futuro: tienen miedo de su propia libertad; quieren que otro les resuelva los problemas desde fuera.
En contra de eso, el milagro de Jesús es principio de libertad. Me libera Dios para que pueda hacerme responsable de mí mismo, para que asuma las riendas de mis propia vida. Son muchos los, que de un modo o de otro, quieren vivir esclavizados, en manos de poderes exteriores. Quizá se refugian en la misma enfermedad, porque tienen miedo de sí mismos; les cuesta asumir una responsabilidad, enfrentarse con los grandes problemas de la vida. Pues bien, el milagro de Jesús (sobre todo en lo que toca a los exorcismos) nos lleva siempre al lugar de la libertad, al lugar donde cada uno puede y debe hacerse responsable de su propia vida.

Milagro, una fe que se hace amor

No cura Jesús para resolver los problemas de los hombres; cura para ayudarles a ser humanos, para hacerles capaces de asumir su responsabilidad en un camino de existencia abierto hacia la entrega de amor y hacia la muerte. Dos son, en esta línea, los componentes fundamentales de todo milagro de Jesús:

a) El milagro es gesto de amor: Jesús mira a los hombres y tiene compasión, pues los encuentra encorvados, aplastados en la tierra. Por eso, como mensajero de la gratuidad de Dios quiere ayudarles, ofreciéndoles la mano, dándoles su cariño, haciéndoles capaces de asumir su propia vida.

b) Al mismo tiempo, los milagros son invitación a la libertad: Jesús quiere que los curados, liberados de la enfermedad, los que superan el abismo de su locura o de la lepra, puedan hacerse responsables de su vida. En fórmula paradógica, podríamos decir que Jesús cura a los hombres para hacerles capaces de asumir en libertad su propia muerte como gesto de entrega por los otros. Los samaritanos curados tienen que iniciar ahora una nueva travesía de libertad, por encima de los ritos anteriores (a los que vuelven los judíos, que no han entendido a Jesús, a pesar de cumplir externamente la palabra de Jesús (ir donde los sacerdotes)

Jesús, sanador

Jesús ha curado a muchos enfermos, viniendo a presentarse como profeta poderoso en obras y palabras", pero luego es "impotente" en el Calvario. Por eso le acusan los contrarios diciendo que es un mago fracasado. Al obrar de esta manera desconocen su mensaje más profundo, el sentido de su fidelidad en el amor.

El auténtico milagro consiste en aprender a amar, pudiendo así entregarse hasta la muerte. Un hombre inmortal no podría amar nunca del todo, ni podría dar su vida por el otro, como han destacado algunas de las versiones modernas del "superman": un héroe inmortal, que realiza series de prodigios exteriores, viene a estar al fin como cautivo de su propia "grandeza". No puede enamorarse de verdad: no puede dar su vida por los otros. El milagro de Jesús consiste en que se hace humano hasta el final y así actualiza el don total de reino en forma de entrega humana. El milagro de Jesús consiste en que ha vivido el amor de una manera total, hasta la misma frontera de la muerte.
Jesús ama dando su propia vida; hace milagros comprometiéndose al hacerlos. De esa forma, su amor a los necesitados no es un tipo de juego superficial, algo que resbala por su entraña. No es mago que actúa mirando las cosas desde fuera, como un visitador que permanece siempre alejado de los verdaderos problemas de los hombres. Es todo lo contrario: en cada gesto de amor, en cada uno de los milagros, Jesús entrega su propia vida y de esa forma va "muriendo".

Significativamente, a Jesús le han condenado a muerte porque ha hecho milagros en favor de la libertad de los más pobres del pueblo, como mostraremos en el capítulo final de este libro. Le condenan porque sus milagros desestabilizan el orden social que había forjado Israel. Jesús no cura a unos pocos. . . , poniendo sus curaciones al servicio del sistema, como sucede en Epidauro o en los sitios donde actúan los exorcistas judíos. Jesús cura ofreciendo a los curados y a todos los pobres de la tierra un ideal nuevo de vida liberada, de amor hasta la muerte. Cura mostrando con sus curaciones la llegada de un nuevo orden de gracia donde todos los hombres son hermanos, todos libres, todos responsables de su propia vida.

De esta forma, los milagros de Jesús se convierten en principio de ruptura dentro de aquella sociedad establecida en la que había sitio para cojos, mancos, ciegos y posesos. . . pero dentro un sistema sacral que justifica el orden existente. Pues bien, Jesús ha roto ese sistema. Ha curado a los enfermos y a los locos para abrir su corazón y su existencia hacia una forma de existencia liberada, de plena gratuidad. Por eso le persiguen como peligroso, por eso le acusan de "poseso" y le acaban condenando como a un hombre que destruye el orden de la ley israelita.
He dicho que las curaciones de Jesús, siendo gesto de amor a los pequeños son, al mismo tiempo, una expresión de libertad. Jesús quiere liberar a los pobres y enfermos, haciéndoles capaces de vivir en gratuidad, en apertura al reino, haciéndoles capaces de gozar y de morir por ese reino. Por eso, cuando le entregan a la muerte y le clavan en cruz, Jesús sigue fiel a su ideal de reino y se mantiene (sufre) en la cruz precisamente por amor al reino. Ha confiado en Dios y esa confianza ha sido base de todos sus milagros; en Dios sigue confiando desde el mismo abismo de la muerte.

El valor de los milagros de Jesús viene a condensarse, de esta forma, en el fin de su vida: acepta la muerte porque cree en el Dios de sus milagros, porque sigue confiando en la vida del amor desde el abismo del odio y de la muerte. Está en juego lo que ha sido su camino. Si fracasa ahora su gesto acaba todo: Jesús no habría sido más que un simple mago fracasado; si Dios responde es que Jesús ha sido profeta verdadero, aquel supermago del amor que hace posible que la vida se convierte en gracia y esperanza desde el mismo abismo de la muerte de este mundo."

Realmente, no creo que se pueda ser más realista. ¿Vosotros si?...

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3 comentarios

dorota -

Tú decías: "Aquí se condensa el más bello mensaje de amor jamás contado. No sólo por ser intrínsecamente hermosísimo sino, esencialmente, porque es verdad".
Después de leer el post que has colgado del artículo Polvo de Estrellas, este comentario cobra a mis ojos mayor valor.
Tú ya sabes de lo que hablo, Joaquim: tú ya sabes distinguir la Verdad.

dorota -

Tienes razón, Joaquim: esencialmente, porque es verdad.
La síntesis que haces es perfecta.
A mí me has hecho pensar.
Gracias

Joaquim -

Aquí se condensa el más bello mensaje de amor jamás contado. No sólo por ser intrínsecamente hermosísimo sino, esencialmente, porque es verdad. Más allá de los que ponen al Templo (lo socialmente correcto, lo que se debe pensar) por delante de todo, Jesús nos da una colleja y nos enseña a desaburguesarnos, a ser conscientes de nuestra libertad y a usarla responsablemente para liberarnos unos a otros. Podemos limitarnos a creer que Jesús caminó por encima del agua, pero además también podemos creer que en un mundo embravecido Jesús puede caminar erguido, vencer los miedos, disipar las dudas y el sufrimiento y que si le seguimos con fe tampoco seremos perturbados por las olas y los vientos. Si no nos dejamos vencer por la corriente podemos conseguir comportarnos como auténticos cristianos. Por algo se dejó ejecutar, ¿no?.
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