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EL CONOCIMIENTO DE DIOS DEL P. LARRAZKUETA

Se trata en esta ocasión del domingo 10º del año perteneciente al ciclo A. Las lecturas correspondientes son: Oseas 6, 3-6; Romanos 4, 18-25, y Mateo 9, 9-13, y el P. Larrazkueta nos dice así:

“Como todos los domingos después de haber escuchado las lecturas debemos preguntarnos: ¿qué me dicen estas lecturas hoy a mí?, ¿cuál es el mensaje que quieren transmitirme?

Las lecturas de hoy son una llamada de atención porque una vez más nos repiten que el verdadero cristianismo no consiste en un culto vacío ni en unas prácticas religiosas ni en devociones encubridoras de situaciones en el fondo falsas.

Las lecturas nos están llevando a algo fundamental del cristianismo: a decirnos que el verdadero cristianismo está en tomar en la vida una postura de misericordia, en practicar en la vida un amor que nazca de la justicia.

La Palabra de Dios comporta una llamada de urgencia a un cristianismo auténtico, a un cristianismo sin componendas, a un cristianismo de no medias tintas; porque todos tenemos la tentación de querer establecer un pacto con  Dios “yo te doy, tú me das”: yo te doy unas prácticas rituales y tú me das la salvación, yo te doy holocaustos y sacrificios, y tú me das el perdón (Primera y Tercera lectura).

Pero la Palabra de Dios me dice que las componendas no sirven: que los pactos humanos con Dios no valen, que los cálculos humanos siempre se quedan a mitad de camino, que Dios en último término, no necesita de nosotros ni de nuestros holocaustos y ritos (Salmo responsorial).

La Palabra de Dios por el contrario, me dice que somos nosotros los que necesitamos de Dios, que Dios no nos ama porque seamos justos, que Dios nos ama por todo lo contrario: porque somos pecadores, porque confesamos nuestros pecados.

Esto puede causar un escándalo a muchas espiritualidades, y a escandalizarse solamente tienen derecho los santos, los tontos…

Esto puede causar escándalo, porque escándalo es creer que lo grande de nuestros cristianismo no son las cosas que los hombres hacemos por Dios, sino lo que Dios hace por los hombres, y las lecturas de hoy nos dicen “Y Dios fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación” (Segunda Lectura), “porque no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos” (Tercera Lectura).

Por eso nuestro primer deber y nuestra primera tarea debería ser la de luchar para acabar con nuestra autosuficiencia para poder llegar a confesarnos pecadores ante Dios, para poder llegar a descubrir a Dios nuestras enfermedades.

Porque Dios es capaz de sanarnos, de hacernos resucitar, de decirnos –como a Mateo- “¡Sígueme!”, sin importar que seamos pecadores como Mateo, sin importar que los demás nos consideren “publicanos”.

¡Tú sígueme!, ¡tú déjate perdonar!, ¡tú déjate sanar”, “porque no tienen necesidad de médicos los sanos sino los enfermos”, “porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

Vamos a hacer a Dios nuestra petición confiada. Que Dios nos haga comprender que el primer paso de nuestro cristianismo es confesarnos pecadores y enfermos ante Dios, pecadores no cerrados a nuestros pecados, pecadores abiertos a la misericordia, pecadores abiertos a Dios, que fue entregado por nuestros pecados y que resucitó para nuestra salvación.

Éste es el verdadero conocimiento de Dios (Primera Lectura): creer que nuestro Dios está de verdad empeñado en salvarnos, y confiar más en Dios que en nuestros cálculos humanos porque –a fin de cuentas- lo único que permanece en el mundo es la fidelidad de Dios que está muy por encima de los hechos de los hombres.”

Excelente homilía, P. Larrazkueta

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