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TEORÍA DEL CONOCIMIENTO I

Para que tengamos ocasión de comprobar hasta qué punto cualquier concepción de la realidad no sólo tiene sus orígenes, sino que está relacionada con una u otra concepción de nuestro modo de conocimiento, reproduzco en esta ocasión un artículo que podréis encontrar en internet relacionado con la Epistemología que, como es un poco extenso, lo distribuiré a lo largo de esta semana en tres apartados. Dice así: 
 “La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.

INTRODUCCIÓN.

He aquí unos de los grandes temas de la filosofía de todos los tiempos: elucidar en que consiste el acto de conocer, cual es la esencia del conocimiento, cual es la relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. A pesar de que es una operación cotidiana no hay un acuerdo acerca de lo que sucede cuando conocemos algo. La definición más sencilla nos dice que conocer consiste en obtener una información acerca de un objeto. Conocer es conseguir un dato o una noticia sobre algo. El conocimiento es esa noticia o información acerca de ése objeto.

La teoría del conocimiento es una doctrina filosófica. Para precisar su ubicación en el todo que es la filosofía, es necesario que antes aparezca una definición esencial de esta.

Una definición esencial de la filosofía se podría obtener atendiendo el significado de la palabra. El termino filosofía deriva del griego y quiere decir amor a la sabiduría o, lo que es lo mismo, deseo de saber, de conocer. Inmediatamente se nota que no se puede obtener de la filosofía una definición esencial, y, por lo tanto, obligatoriamente se debe de emplear otro método.

Por ejemplo la definición de filosofía que presentan Platón y Aristóteles como ciencia pura, es respectivamente la búsqueda de la virtud o de la felicidad.

Como dice Dilthey, “Lo primero que debemos intentar es descubrir un objetivo común contenido en todos aquellos sistemas a cuya vista se constituyen todos aquellos sistemas de la filosofía".

Estos sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibnitz, Kant y Hegel, ya que en todos ellos hallaremos una inclinación en la universalidad, una orientación en la totalidad objetiva por ejemplo: el ser, la esencia, el conocimiento.

En los principios de la edad moderna retomamos los caminos del concepto Aristotélico (tiene como centro una ciencia universal del ser). Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibnitz, presentan la misma orientación que caracteriza al Estagirita, ya que todos tienden al conocimiento del mundo objetivo. Kant por el contrario revive el estilo Platónico (procura elevar la vida, con todos sus conceptos a la conciencia filosófica).

Es verdad que Kant en su primera manifestación surge como una teoría del conocimiento como base crítica del estudio científico. Pero no se detiene en el ámbito teórico sino que avanza a formular la base crítica de todos los campos conocibles. Al lado de la Crítica de la razón pura, se encuentra la Crítica de la razón práctica, que aborda el tema de la valorización moral, y la Crítica del juicio, cuyo objetivo son las investigaciones críticas de los valores estéticos. Así pues, en Kant aparece la filosofía como una reflexión universal del pensamiento sobre sí mismo, como una reflexión del hombre estudioso sobre los valores de su conducta.

La supresión de todos los principios materiales y objetivos, los cuales existen indudablemente en Kant, de manera que la filosofía asume un carácter puramente formal y metodológico. Ésta postura intelectual provoca una reacción que forja un nuevo movimiento en el pensamiento filosófico, el cual vuelve a inclinarse a lo material y objetivo, constituyendo una renovación del carácter aristotélico.

Éste breve repaso de toda la evolución histórica del pensamiento filosófico, nos permite determinar otros dos elementos del concepto esencial de la filosofía. Al primero se conoce con la expresión "concepción del yo"; al segundo se le llama "concepción del universo". La filosofía es ambas cosas: una concepción del yo y una concepción del universo.

En todo conocimiento podemos distinguir cuatro elementos: 

  • El sujeto que conoce. 
  • El objeto conocido.
  • La operación misma de conocer.
  •  El resultado obtenido que es la información recabada acerca del objeto.

Dicho de otra manera: el sujeto se pone en contacto con el objeto y obtiene una información acerca del mismo. Cuando existe congruencia o adecuación entre el objeto y la representación interna correspondiente, decimos que estamos en posesión de una verdad.

PROBLEMAS FILOSÓFICOS GRIEGOS Y MEDIEVALES.

En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Por ello, uno de los principales sofistas, Gorgías, afirmó que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica.  La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.

Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo escolástico  Santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.

LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.

El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.

En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible y el conceptual reside en la singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.

En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual. Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego). La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.

Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico vislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados (conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.

La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.

La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad”.

(Continuremos mañana con la T.C.II)

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9 comentarios

Dorota -

Se muy bienvenido,querido Hola...
... ¡ya me extrañaba a mí!...

Hola -

Regreso por aqui tras unos dias lejos de mi ordenador, aunque por el momento, solo sea para saludar y ponerme al dia en cuanto asimile todo lo escrito...
Un Saludo a todos.

JML -

Por favor...

No te insultes, Dorota. No hay intervenciones carentes de interés por aquí (las mías en todo caso?), y mucho menos despreciables. He leído a vuelapluma tu comentario y no termino de entender lo que preguntas, pero ya lo leeré con más tiempo y te contesto luego.

Agur. JML

Dorota -

Desde luego que sí.
Y se te agradece.
Recuerdo que en su día leí algo sobre el “número cuántico de rareza” como posibilidad de demostrar la imposibilidad de negar la existencia de Dios.
Pero permíteme que te siga preguntando:
Si un número entero (sea positivo o negativo) es el perteneciente a un conjunto (se entiende que sin relacionarlo a otro, claro –corrígeme si me equivoco-), y un número racional es el cociente de dos enteros (y por lo tanto relacionados), siendo que entre el cero y el uno hay infinitos números racionales (y entre cualquier paridad de enteros también, supongo), ¿no te resulta evidente que en un conjunto compuesto por la unión de 1 ser humano (entero) con otro ser humano (1, y entero también), conjunto al que denominamos 2, aunque de la relación o combinación entre ambos pudiera resultar “n” números racionales (pongamos toda una estirpe), un nuevo conjunto resultante de la unión de los números enteros y racionales siempre sería superior a la consideración de los enteros o racionales separadamente?
Tal vez no te haya entendido en absoluto, JML.
Tendrás en ese caso que perdonar mi necedad.
Pero es que me gusta hacer “ejercicios” de intuición, completamente dispuesta a corregirlos, pensando siempre que la intuición no es el simple sentido común, sino posiblemente el no encontrar demasiado sentido común en lo que hasta el momento has encontrado.
Tu intervención ha sido brillante.
Si la mía te resulta despreciable –carente de todo interés, que puede perfectamente serlo- tómala simplemente como un ejercicio…
Esker’ik asko.

JML -

Lo explicaré con sumo gusto, pero no sé si será fácil entrar en matemáticas de cierta altura.

Un número entero es el perteneciente al conjunto {...-3,-2,-1,0,1,2,3,...}.

Si los dibujamos en una recta, veremos que hay uno marcado en cada unidad de longitud, son infinitos, pero estan separados por una unidad. Creo que se entiende fácilmente.

Así, entre el cero y el uno hay dos enteros, que son precisamente el cero y el uno.

Un número racional es el cociente de dos enteros. 1/2; 5/4, etc.

Entre el cero y el uno, hay infinitos racionales, por ejemplo 1/2, 1/3, 1/4, 1/5,... pero también 2/3, 3/4, 2/5,...

Es decir: en cada segmente de recta puede haber unos pocos o ningún entero (entre el 2'1 y el 2'2 no hay ningún entero. Pero siempre habrá infinitos racionales dentro de cualquier segmento de recta, por pequeñísimo que éste sea.

Si viéramos la recta con los racionales marcados, veríamos toda la recta marcada, sin poder encontrar huecos (que los habría, preo eso es otra cuestión).

Así pues, intuitivamente hay una cantidad inconmensurablemente mayor de números racionales que de enteros en la recta. Pensar lo contrario repugna a la razón...y sin embargo es cierto.

George Cantor ideó una manera (su famoso método diagonal) de hacer corresponder a cada número racional su correspondiente número entero, demostrando para la posteridad que los conjuntos de enteros y de racionales son exactamente igual de grandes. Se trata de una demostración demoledora e incontrovertible, además de comletamente asumida por todo el mundo desde hace muchas décadas, no estoy hablando de nada nuevo. Es una de las grandes sorpresas de todo estudiante de matemáticas con capacidad de sorprenderse, pero no la única.

Para una explicación más detallada, lo tengo contado en un artículo que lo titulé "La insoportable levedad del conjunto Q"; aquí:
http://tiopetrus.blogia.com/2003/111301-la-insoportable-levedad-del-conjunto-q.php
http://tiopetrus.blogia.com/2003/111701-la-insoportable-levedad-del-conjunto-q-y-2-.php
Hay otras sorpresas aún mayores y más contraintuitivas, como la existencia de subconjuntos no medibles en la recta, pero eso es algo más difícil de explicar sin aparato matemático.

En física también hay que abandonar la intuición, sobre todo con la mecánica cuántica, donde el todo puede ser menor que la suma de las partes...

En el fondo la intuicón es "el sentido común", que se basa en nuestras percepciones, adquiridas tras millones de años de contemplación e interacción con el medio, pero a nuestra escala. A otras escalas, lo infinitamente grande, pequeño o complejo, nuestro "sentido común" deja de funcionar bien...

Perdón por la chapa. En mi descargo puedo aducir que se me ha pedido...

JML


Dorota -

¡Otra cosita, JLM!...
Ya me pasó en una intervención tuya anterior: no entiendo muy bien lo que quieres decir cuando pones ejemplos basados en las matemáticas.

¿Nos podrías explicar qué quieres decir con que "Intuitivamente, hay más números racionales que enteros, y sin embargo no es así. Los hay en igual número."?

Perdona mi ignorancia, pero es que me gustaría entenderte...

Dorota -

Yo creo, querido JML, que en el acto creativo la intuición precede al trabajo, y que luego hay una chispa (la inspiración) que es precisamente la que hace que todo lo trabajado sea fecundo.

Éso no quiere decir que no tenga mucho más de transpiración (de esfuerzo) que de inspiración, pero a mi modo de ver la inspiración existe.

JML -

Cegado en la epistemología, he cometido un error que haría enrojecer a cualquier matemático: quería decir que
"Intuitivamente, hay más números racionales que enteros, y sin embargo no es así. Los hay en igual número."

JML

JML -

Excelente introducción a un espinoso tema.

Entremos en materia directamente: yo soy alérgico a la palabra holístico. Cada vez que me he encontrado con esta palabra (de reciente factura a pesar de su correcta etimología), me he encontrado a continuación una serie de cosas rarísimas de difícil digestión.

La intuición es muy mala compañera: eso lo sabemos todos los matemáticos. Intuitivamente, hay más números reales que racionales, y sin embargo no es así. Los hay en igual número.

Se suele mencionar el tema de la intuición, del descubrimiento espontáneo en un ¡zas!, como una luz que invade de pronto al científico. Por ejemplo, en el descubrimiento de la estructura de la molécula de benceno por parte de Kekulé. No hay tal: lo que hay es miles de horas de trabajo y reflexión. Y en un momento de descanso, todo concuerda y se ve la solución. Es simplemente la forma de funcionar nuestro cerebro, que trabaja incluso cuando nosotros descansamos. A mí me ha pasado varias veces, pero nunca sin haber hincado los codos de lo lindo.

El término fue introducido por G. W. Allport en la década de los 30 del siglo pasado, dentro de la psicología cognitiva; y a mí me parece un coladero para innumerables teorías sin base firme.

No obstante, la introducción a la teoría del conocimiento me parece espléndida. Esperamos la continuación.

JML
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