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LA INSPIRACIÓN DE LOS CRISTIANOS.

No es la primera vez que mi contestación a las intervenciones de quienes comentan origina por sí mismo un artículo. Éste es el caso en esta ocasión. Pretendo contra-argumentar los comentarios que tanto Gorka como Joaquim realizaban al artículo LOS EVANGELIOS SIN-OPTICOS y mi respuesta dice así:

La cuestión es que estoy de acuerdo con los dos. Contigo, Gorka, estoy de acuero en que "en la interpretación de los Evangelios hay que estar abierto a lo que a cada uno inspire el Espíritu de Jesús", y contigo, Joaquim, en que "por supuesto puede hacerse buena teología con las aportaciones que realice tanto la historia como la ciencia", y en que "cuando nos acercamos a los acontecimientos de la historia debemos despojarnos de todo pre-juicio no intentando proyectar hacia el pasado nuestras actuales comprensiones de las cosas", pero no así de la realidad.

Es posible que "los actuales textos canónicos más que como expresión de lo externo o lo interno de la Iglesia, sean fruto de un pacto entre las diversas tradiciones surgidas al amparo de lo que dijo e hizo Jesús", como dices tú, pero yo creo más bien que hay un consenso implícito precisamente fruto de la actuación del Espíritu de Dios.

Lo que intentamos es mirar hacia el pasado bajo la luz de la fe, con la pretensión de contemplar lo acontecido con nuestra actual comprensión de la realidad.

Aun asumiendo que es así, poco importa que diversas fueran las fuentes de los cuatro evangelistas, la posibilidad de su mutua influencia, o que el cuarto de los evangelios (el del Zebedeo que tú dices, supongo que refiriéndote a S. Juan) fuera escrito por un discípulo suyo. En realidad y en su conjunto, los evangelios reflejan la fe de la Iglesia ante la revelación de la Palabra de Dios tal y como fué recibida por los apóstoles, y transmitida oralmente a quienes años después fueron capaces de transcribirlas siempre tratándose de receptores de "primera generación"

Como dices tú, "todos los hechos históricos, casi sin excepción, van siendo sometidos a revisión, y el de los orígenes del cristianismo no es ni debe ser una excepción". Pues bien. Yo te digo que poco importa que Nuestro Señor naciera en el año 0 o en el 44 de nuestra era. Bienvenido sea el dato; pero la mala datación inicial de la fecha, en nada condiciona el hecho de la encarnación del Verbo de Dios.

Quiero con esto decir, que las aportaciones de la ciencia pueden ser valiosas, pero no deben llevarnos a dudar de una interpretación sustancial de la Palabra de Dios, porque es efectivamente el Espíritu Santo no sólo quien inspiró a quienes transcribieron sus revelaciones, sino también quien inspira a quienes en su interpretación han acogido la Palabra de Dios.

Digamos que, con un cierto instinto, percibimos lo que es cohrente con Ella. En una ocasión (y permite que me refiera a mis vivencias), ante una determinada situación yo respondía: "no puedo saber lo que quiero, porque no lo he tenido nunca; pero sé muy bien lo que no quierol". Pues bien: aun persiguiendo algo que aún no hayamos tenido y como tal no lo conozcamos, sabemos perfectamente qué es lo que debemos seguir persiguiendo, al menos por exclusión.

Realmente con el artículo de Chacón pretendía sintetizar esto que ahora digo. Este hombre había llegado a una interpretación inclusiva, no excluyente de los Evangelios y eso me gustó. Tenía el apunte, pero para nada recuerdo de dónde lo saqué, así que busqué en internet para ver quién era esa persona. Como el artículo continuaba con una reflexión sobre su experiencia íntima en el trato con Dios y hablaba de retiros y cosas así, yo supuse que se trataba de alguien del Opus Dei; de algún artículo que nos hubieran suministrado a lo largo de la carrera. Imagina cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con que el Sr. Chacón es un pastor evangélico chileno...

Es aquí cuando de nuevo me muestro de acuerdo con Gorka en el sentido de que es el Espíritu Santo quien sopla cómo, dónde y sobre quien quiere, y en que es Él quien nos lleva a la comprensión acabada de la Palabra de Dios.

No es que no podamos dudar. Las dudas existen, pero precisamente han de ser un acicate para encontranos con la verdad. Busquemos si aún no hemos encontrado, porque como dice el Evangelio, quien busca encuentra.

Pero tampoco se trata de que de nuestra interpretación hagamos norma. Algo así debió intuir S. Mateo cuando trató de interpretar la voluntad divina de que nuestras interpretaciones, y por nuestra conveniencia,  tuvieran un rango. Pensemos que los carismas que cada uno posee son siempre dones destinados a la construcción de la comunidad, que los cristianos participamos de la fe comunitariamente, y que estamos llamados a constituir la Iglesia, no una torre de Babel.

Porque fué S. Pedro (según se dice en los cuatro evangelios, también en el de S. Juan) quien supo ver en el Cristo no al mesías político que restaurara la nación de Israel, sometiera el poder de los romanos y le diera primacía sobre todas las naciones sino al Hijo de Dios Vivo, personalmente no me cuesta en absoluto reconocer en él el carisma de discreción del que hablaba en el artículo LA ELECCIÓN DE PEDRO. Pero como decía también allí, éso no supone un derecho de dominio, sino un deber de servicio, al menos para mí, y en ese sentido y ante determinados comportamientos puedo estar completamente de acuerdo contigo.

Por lo demás, la Iglesia es algo vivo. Como decía Chacón, en Jesús todo es desbordamiento, y lo que ese desbordamiento es, es precisamente el Espíritu que nosotros compartimos y estamos llamados a desbordar, ¿no te parece?

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4 comentarios

Gorka -

Sobre los Evangelios , su autenticidad, lo que digo es lo que dije antes, que a la Crítica Cristiana no se le puede pedir másseriedad científica y una muestra es lo que dije que leamos los comentarios a S.Juan y Marcos del P.Secundino Castro

Joaquim -

¿Papisa? Suena bien. Resérvame un dicasterio.

dorota -

Estoy de acuerdo contigo, Joaquim: una cosa es tener fe, y otra creer en cuentos de hadas.
También estoy de acuerdo con Rahner en que “no podemos callar acerca de Dios, porque eso sólo puede hacerse, cuando se ha hablado primero”. Sin embargo, aunque sin duda comparto con Él la idea de que el ser de Dios nos es inaprensible por cuanto que es ilimitado, si podemos saber de Él positivamente porque Cristo nos lo ha manifestado.
Somos nosotros, los que ya no somos Cristo sino cristianos, los que conocemos nuestra limitación para poder aprehender a Dios, no solamente porque nos sabemos limitados, sino porque para aprehender realmente algo es necesario aprehender también su mundo de relación, y ese sí que nos es imposible cuando nos referimos a Dios.
A mí también me gustaría que las palabras de Meier fuesen mías. Son perfectas.
Y en cuanto dices de que me ves como diaconesa, ¿y por qué no como papisa?...
Te advierto que tuve ocasión de discutir este tema con uno de mis catedráticos, y me reconoció que eso sería posible “si el Espíritu Santo se empeña"

Joaquim -

No voy a discutirte ni una coma del post porque en lo esencial estoy de acuerdo. Dices que “las aportaciones de la ciencia pueden ser valiosas, pero no deben llevarnos a dudar de una interpretación sustancial de la Palabra de Dios”. Efectivamente, pero lo que intentaba poner de manifiesto es que una interpretación cerrada, tendenciosa e inamovible de la Palabra (como de cualquier cosa) puede llevar a negar de modo infantil claras evidencias, que una cosa es tener fe y otra creer en cuentos de hadas.

Dices que perseguimos algo que no conocemos. No puedo estar más de acuerdo. Aquí recordaría las palabras de Rahner a propósito la cuestión de que “La semejanza entre el Creador y la criatura siempre será superada por una desemejanza mayor”, planteada en el IV Concilio de Letrán (1.215). Decía así: “ … partiendo del mundo, es decir, desde cualquier punto de partida concebible de conocimiento, no se puede afirmar de Dios ningún contenido de índole positiva, sin que se haga notar a la vez una radical inadecuación entre ese enunciado positivo y la realidad misma en que se piensa. Pero en el cultivo práctico de la teología, lo olvidamos incesantemente. Hablamos de Dios, de su existencia, de su personalidad, de las tres Personas en Dios, de su libertad, de su voluntad que nos obliga, etc.; tenemos que hacerlo así, obviamente: no podemos callar acerca de Dios, porque eso sólo puede hacerse, cuando se ha hablado primero. Pero, en este hablar, olvidamos en la mayoría de los casos que semejante predicación se puede formular en forma legítima acerca de Dios, cuando constantemente la retiramos a la vez, cuando mantenemos la inquietante suspensión entre el “sí” y el “no” como el verdadero y único punto firme de nuestro conocimiento, y de esta manera dejamos siempre que nuestros enunciados caigan en la silenciosa inefabilidad de Dios”.

Y por mucho que los avances en el análisis de los hechos históricos puedan hacer tambalear algunos convencimientos firmes hasta hace poco “la búsqueda del Jesús histórico recuerda a los cristianos que la fe en Cristo no es una vaga actitud existencial o una manera de estar en el mundo. La fe cristiana es la adhesión a una determinada persona que dijo e hizo determinadas cosas en determinado tiempo y lugar. La utilidad del Jesús histórico para la teología es que termina por eludir todos nuestros programas teológicos; los hace discutibles negándose a encajar en los moldes que creamos para él. Debidamente entendido, el Jesús histórico es un baluarte contra la reducción de la fe cristiana en general y de la cristología en particular a una ideología relevante de cualquier índole”. Me gustaría que estas palabras fuesen mías, pero no, son de J.P. Meier.

Después de leer tu post, no sé si sería demasiado pedir que la Iglesia diese su brazo a torcer y ordenase sacerdotisas (quizá los cascotes serían demasiado grandes), pero no vendría nada mal que volviese a admitir diaconesas; te llevarías de calle a muchos muermos que me conozco.

Saludos,

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