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LA ELECCIÓN DE PEDRO

Como comentario al artículo EL POR QUÉ Y EL CON QUÉ DE NUESTRAS RAZONES, aparece una intervención de Joaquim que dice lo siguiente:

"Me pregunto qué tendrá que ver el magisterio de la Iglesia con lo que dijo Jesús. Puesto que en Mateo hay una perícopa en la que habla de formar una Iglesia, se tiende a leer que la Iglesia que tenemos es la que quería Jesús. Eso es leer lo que “queremos” leer. Dar por sentado el significado del texto, y eso no es así. En el contexto apocalíptico de fin de los tiempos de Jesús la institucionalización de una organización como la que tenemos no podía tener ningún sentido. Es un simple absurdo. Creo que más bien pensaba en una asamblea escatológica guiada por el Espíritu. Lo que tenemos es precisamente aquello contra lo que él luchó. A veces, las falsificaciones de la historia no hay que buscarlas en recónditos archivos, sólo hay que saber “mirar” lo que se tiene delante de los ojos. Por otra parte, los apócrifos pueden ser interesantes en muchos sentidos, pero no en cuanto a revelaciones extraordinarias del Jesús real. (De acuerdo con el último párrafo)."

También, y relacionada con el artículo "LA PERSONALIDAD DE JESÚS" nos encontramos con esta su segunda intervención:

Todos los dioses son el Señor. Pilatos quizás era un desalmado pero tenemos que reconocerle el mérito de haberse preguntado de forma retórica sobre qué es la verdad. La religión no es una repetición de ritos o frases, es una búsqueda constante. Y la cristiana es uno de los caminos posibles. No creo que sirva de mucho mortificarse preguntándose uno continuamente si Jesús es Dios encarnado o no. La imagen es hermosa pero es una aporía. Lo importante es la enseñanza que, después de dos mil años, podemos continuar adaptando en la búsqueda. Para el que tiene una buena poltrona que Jesús sea Dios es esencial (no es relativo); para los que no la tienen puede ser o no esencial pero en cualquier caso la dirección de dicha creencia tiene otra dirección más íntima. La de buscar y encontrar a Jesús en nuestros congéneres, sobretodo en los que sufren, formando una verdadera ekklesia” 

Desde luego, comparto tu sentido de Iglesia como comunión y como llamamiento, pero lo que la Iglesia es, y lo que Cristo es, me temo que no sea cuestión de nuestras interpretaciones. Son ellas precisamente las que nos desvían, y frecuentemente son efecto de los errores de interpretaciones ajenas.

 

Realmente la experiencia de Dios es algo íntimo, y en su formulación e intento de concreción avanzamos o al menos lo intentamos a lo largo de toda la historia. Pero piensa que es algo sencillo, Joaquim. Que si Dios se ha manifestado ha sido para que le comprendiéramos, aunque el resultado sea que en ocasiones nosotros lo complicáramos.

 

Mira:

 

Cristo es Cristo, y la Iglesia es Iglesia para cuantos compartimos ambas realidades, porque en ellos y a través de ellos se manifiesta actuando el Poder del Espíritu de Dios.

 

Es a través de nuestros actos también como el Espíritu de Dios se manifiesta. Para ello nacemos capaces, pero para ello tenemos también que estar capacitados. Es en la medida en que somos así, seres capacitados, como podemos convertirnos en hábiles instrumentos en las manos de Dios, aunque para ello tengamos que rendir a sus proyectos nuestra voluntad.

 

Somos seres habitados, actuados por Dios quien actúa a través nuestro. Fue Cristo quien adquirió para nosotros esa condición: una persona humana en quien habitaba la plenitud del Espíritu de Dios.

  

Así, merced a la gracia creada y a la aceptación de la voluntad de su Padre para con Él de Jesús de Nazaret, por compartir su humana naturaleza somos Iglesia, una institución a través de la que actúa como te digo el Poder del Espíritu de Dios.

 

Esta es una realidad objetiva. No porque pueda fijarse con más o menos rigor cronológicamente, o porque una serie de pensadores le presten más o menos credibilidad, sino porque la acción del Espíritu es comprobable antes, ahora y siempre.

 

Porque era el Ungido, y porque sobre Él actuaba el Espíritu de Dios, Cristo adquirió para nosotros esa condición.

 

Puede haber maneras de entenderlo, pero sólo hay una cosa que entender. Esa realidad, preexistente al pecado original y que en Cristo se regenera, no es otra cosa que la Iglesia, Iglesia que llegará a su plenitud al final de los tiempos. Mientras tanto, el pueblo de Dios co-existe, actuando y actuado por cuanto que en él habita, por el Espíritu de Dios.

 

Dentro de esta común-unión en el Espíritu que tuvo su origen y realización en la persona de Jesús de Nazareth, hubo dos personas especialmente significativas. Una de ellas fue María, y la otra precisamente San Pedro, de quien hablamos hoy. Estoy convencida de que la razón para la elección de ambos fue la de su especial capacidad de discernimiento ante la auto-manifestación de Dios.

 

En el caso de María, Dios no eligió a una persona leída, ni a alguien poderoso como la mujer de Caifás, por ejemplo, sino a una persona capaz de acoger la Palabra de Dios, y en el caso de San Pedro, también se justifica esta opinión puesto que él fue el único capaz de reconocer en el Cristo, al Mesías: al auténtico Hijo de Dios.

 

Fue este discernimiento el que motivó que en ese momento Jesús le entregara las llaves de su Iglesia. No se trata de dominio, puesto que la Iglesia es una construcción de piedras vivas de la que Cristo es la Piedra Angular y en la que habita el Espíritu Santo, sino de discreción.

 

También sobre Pedro y sobre sus sucesores actuaría el Espíritu de Dios con un cometido concreto: el de regir los destinos de la Iglesia. Así ha sido a lo largo de los siglos, y así será hasta el final de los tiempos, a mi entender, por voluntad de Dios.

 

Esta es mi opinión, querido Joaquím, y esta es la opinión que compartimos quienes, sabiéndonos Iglesia, aceptamos la voluntad de Dios. Eso no quiere decir que en la Iglesia no haya vaivenes. Lo que defendemos es que reconocemos en la Iglesia, actuando toda ella bajo la autoridad del Papado, la actuación del Espíritu de Dios.

 

Espero que mi interpretación te interese...

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6 comentarios

dorota -

Acepto encantada tu sugerencia, porque desde luego la experiencia de Dios tiene unas características sobre las que merece la pena reflexionar.
Te adelanto que el nombre de ese artículo será LA EXPERIENCIA DE DIOS "EN" NUESTRA EXPERIENCIA Y "PESE A" NUESTRA EXPERIENCIA.
No sólo podemos avanzar, sino que tenemos la obligación de avanzar juntos en el conocimiento de Dios todos los cristianos, porque aunque el conocimiento de Dios sea posible para todos los seres racionales, en nuestro caso su manifestación se ha hecho sensible y ha sido así no para que lo compliquemos, sino para que le entendamos.

Joaquim -

Vamos avanzando. Sería muy interesante una reflexión por tu parte (algún día), sobre la experiencia de Dios. Al fin y al cabo esa es la gran pregunta. Gracias.

dorota -

Me parece, querido Joaquim, que lo que tú llamas “esa chispa divina que Jesús nos enseñó a derramar sobre nuestros semejantes”, no es otra cosa que la Gracia.
Desde luego, estoy contigo en que es el Espíritu Santo quien inspira la obra y la actuación de cualquier santo, pero de cualquier miembro de la Iglesia también siempre que lo haga en un determinado sentido, y por ello no veo contradicción en que también lo haga con la actuación de un jerarca de la misma.
Para hablar de Rahner, tendría que decir que de Dios sólo se sabe por experiencia. No es cuestión de pensar o elaborar un concepto. Todos tenemos pequeños destellos de su concepción y tratamos de expresarnos o de comunicarlo a nuestra manera, pero para poder hacerlo con propiedad, nuestros conceptos tienen que guardar una relación de unidad y de verdad, y formar parte como de una especie de integral en la que ésta sea el nexo de unión de todos ellos.
Somos nosotros los que realizamos la selección, y nosotros también quienes integramos cuanto seleccionamos en nuestro mapa conceptual. Lo que sucede es que si alguno de los conceptos que integramos no reúne las premisas de verdad y de coherencia de las que hablaba, se ponen de manifiesto para nosotros y para los demás, incoherencias que nos llevan a plantearnos la veracidad no de nuestros planteamientos, sino de aquello que tratamos de incorporar, llegándose a originar en ocasiones errores que nos llevan a dudar de la coherencia de lo revelado, y porque esto es así, lo deseable es partir y remitirnos constantemente a las fuentes de la revelación para seguir avanzando.
Si te parece, en un próximo artículo que denominaré LOS EVANGELIOS SIN-OPTICOS podemos seguir avanzando juntos en la consideración del concepto de Iglesia para Jesús, y en el tratamiento que tanto Marcos como Mateo hicieron del mismo.

Joaquim -

Después de varios días ausente de la red, el milagro wi-fi me ha puesto de nuevo en la onda con esta bonita sorpresa. Bien. En su última conferencia (recogida en el librito “Sobre la inefabilidad de Dios) Karl Rahner no se avergonzaba de admitir que después de toda una larga vida dedicada a la teología seguía planteándose los mismos problemas de siempre sobre la existencia de Dios. Y se hacía preguntas tan simples (que sin embargo plasmaba de forma admirable) del tipo de porqué Dios tuvo que encarnarse en un judío de la Palestina del siglo I y no en Japón o en la China, hurtando su mensaje a la mayoría de personas del mundo. ¿No podía haberlo hecho de modo más uniforme? Y desde el punto de vista del universo ¿porqué nuestro insignificante planeta? Tus palabras, Dorota, me parecen bien, pero personalmente no me hacen del todo feliz. La gracia, no sé por qué oscuro motivo, no ha sido creada para mí (a pesar de mis esfuerzos), pero lo que sí tengo claro es que Jesús no creó una Iglesia separada de la comunidad a la que tenía que servir. La comunidad, de iguales, era LA iglesia, sin las castas sacerdotales que él aborrecía y de las que no formaba parte. Sí me gusta pensar que todos llevamos dentro esa chispa divina que Jesús nos enseñó a derramar sobre nuestros semejantes. Ayer el periódico traía una reseña de la obra del Cottolengo del Padre Alegre de Barcelona y otra del obispo de Abancay (Perú), el gerundense Enrique Pélach (interesados ver La Vanguardia del domingo 12). Si hay un Espíritu éste es el que ha inspirado la actuación de estos santos y no la de una jerarquía obsesionada con una moral sexual que no aparece por ningún rincón de los evangelios.

¿Sólo una pregunta final? La tradición católica afirma que Marcos, el primero en redactar un evangelio, fue el incansable compañero de Pedro (una especie de secretario) y que, por tanto, su texto tiene el privilegio de ser la plasmación del magisterio del apóstol. ¿Porqué nada dice Marcos (8,27-30) sobre la elección de Pedro –del que no dudo que tuviera un ascendente especial, como Juan, sobre el resto de seguidores de Jesús- y sólo aparece esta escena en Mateo (16, 13-20), que al respecto “sigue” a Marcos? Saludos.

dorota -

Si estamos en que El Espíritu Santo todos lo compartimos, quiere decir que compartimos también diversos carismas, ¿no crees?...
Estoy segura de que tu párroco cumple acabadamente con cualquiera que sea el suyo, pero éso no quiere decir que el Santo Padre no lo haga y que no lleve su difícil tarea con la mayor honestidad posible.
De todos modos, ya sabes que si nos arrodillamos ante Él, es por el respeto que nos merece lo que representa.

Isabel -

Los comienzos para mi son ciertos pero ahora???ahora se eligen por razones de gente leida y poderosa. Creo que mi parroco acepta muchisimo mas al espiritu santo que el papa. Aunque el jamas hubiese querido ser papa,prefiere quedarse con nosotros,en su pequeña parroquia,porque precisamente el que comparte el espiritu santo,nunca podria vivir en el Vaticano,ni llevar cruces de oro,ni que se arrodillaran masivamente ante el.
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